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¿Por qué no se recomienda tener las cenizas de un difunto en casa?

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Tener cenizas en casa es una decisión cada vez más común tras la pérdida de un ser querido, pero especialistas advierten que esta práctica puede influir más de lo que parece en el proceso emocional y en la dinámica del hogar.

El duelo y el efecto de tener cenizas en casa

Uno de los enfoques más claros viene de la tanatología, disciplina que estudia el proceso de duelo. De acuerdo con especialistas, tener cenizas en casa puede convertirse en un obstáculo emocional cuando impide aceptar la ausencia definitiva.

Este fenómeno es conocido como duelo congelado, una situación en la que la persona no logra avanzar en las etapas naturales de la pérdida. La urna, al estar presente todos los días, puede reforzar la sensación de que el ser querido sigue “ahí”, lo que retrasa la adaptación emocional.

Además, algunos expertos hacen una distinción importante: el hogar es un espacio diseñado para la vida cotidiana. Cuando se integra un elemento asociado a la muerte, como una urna, ese equilibrio puede cambiar. En ciertos casos, esto se traduce en ambientes más cargados o melancólicos que impactan el estado de ánimo de quienes viven ahí.

Lo que dicen las creencias religiosas sobre las cenizas

Más allá del aspecto emocional, también existen posturas religiosas sobre el destino de las cenizas. En el caso de la Iglesia Católica, por ejemplo, hay lineamientos específicos sobre cómo deben resguardarse.

La recomendación es que los restos se coloquen en espacios destinados para ello, como cementerios o columbarios. La intención no solo es preservar el respeto hacia la persona fallecida, sino también asegurar que exista un lugar permanente donde pueda ser recordada.

Otro punto que se menciona con frecuencia es el paso del tiempo. Las urnas en casa pueden perder cuidado con los años, especialmente cuando cambian las generaciones o hay mudanzas. Esto abre la posibilidad de que terminen en situaciones poco adecuadas, algo que las instituciones religiosas buscan evitar.

También existen riesgos más concretos, como accidentes domésticos o el extravío de la urna con el paso del tiempo. Son escenarios poco considerados al inicio, pero que forman parte de la conversación cuando se evalúa qué hacer a largo plazo.

La decisión de tener cenizas en casa no está prohibida en muchos lugares, y sigue siendo una elección personal. Sin embargo, especialistas coinciden en que encontrar un destino definitivo —ya sea un columbario, la inhumación o el esparcimiento legal— puede ayudar a cerrar el proceso de duelo.

Con información de: El Excelsior

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