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Las mujeres rompen el techo de cristal en los deportes de aventura

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Durante décadas, la imagen icónica del deporte de aventura fue la de un hombre solitario, curtido por el sol, enfrentándose a los elementos en una lucha de conquista. Si en esa foto aparecía una mujer, solía ser “la excepción”, la acompañante o la figura secundaria en un entorno diseñado por y para hombres. 

Sin embargo, esa imagen está quedando obsoleta. Hoy, en los rocódromos, en las crestas del Pirineo y en los line-ups de las playas de surf, las mujeres no solo están presentes: están liderando sus propias comunidades y dictando las reglas de una nueva cultura deportiva.

La alpinista japonesa Junko Tabei en una imagen de archivo en 1985
La alpinista japonesa Junko Tabei en una imagen de archivo en 1985Terceros

Entre las pioneras de este cambio de paradigma, la japonesa Junko Tabei, que en 1975 se convirtió en la primera mujer en alcanzar la cima del Everest. En aquel entonces, tuvo que hacerlo tras fundar su propio club de montaña. ¿El motivo? En los clubes mixtos de la época, los hombres se negaban a escalar con mujeres. “La montaña no sabe si eres hombre o mujer”, solía decir Tabei. 

En nuestro país, ese nombre propio es, indiscutiblemente, el de Araceli Segarra. En 1996, Segarra no solo se convirtió en la primera española en alcanzar el “techo del mundo”, sino que lo hizo bajo una presión mediática y técnica inmensa, formando parte del equipo de rodaje de IMAX y participando en las labores de rescate de una de las tragedias más recordadas del alpinismo. Su ascenso fue la demostración de que una mujer podía gestionar el liderazgo, la técnica y la crisis en el entorno más hostil del planeta. Segarra rompió un techo de cristal que, en España, parecía de granito.

Araceli Segarra escalando en la Patagonia
Araceli Segarra escalando en la PatagoniaOtras Fuentes

Casi medio siglo después, el escenario ha cambiado: las mujeres ya no piden permiso para entrar. Ya no se trata de una mujer solitaria en un mundo de hombres, sino de comunidades enteras. Uno de los cambios más disruptivos es el auge de los grupos exclusivamente femeninos.

Grupos como las Cholitas Escaladoras de Bolivia han llevado esta lucha a una dimensión cultural: escalan picos de más de 6.000 metros con sus polleras tradicionales, desafiando no solo la altitud, sino los prejuicios de clase y etnia. Su mensaje es claro: la aventura no exige uniformidad, sino determinación.

“Women-Only”

Las mujeres no solo han llegado, sino que han derribado la puerta y están rediseñando las reglas del juego

Esa dimensión colectiva es una de las claves del nuevo escenario. En España, la comunidad Mariolas se presentó como la primera red de mujeres surfistas del país y ha construido una dinámica de apoyo y vínculo que va más allá del curso o el campamento puntual. 

La comunidad SoyCicloviajera en su cuarta cicloquedada.
La comunidad SoyCicloviajera en su cuarta cicloquedada.SoyCicloviajera

En el cicloturismo, SoyCicloviajera nació en 2017 para facilitar que más mujeres se iniciaran en los viajes en bicicleta, mientras que en México iniciativas como Mujeres de Montaña Guadalajara han levantado espacios propios precisamente porque no encontraban seguridad o igualdad de trato en grupos mixtos.

La ola hawaiana que surfeó la australiana Laura Enever (31) media más de 13 metros de altura
La ola hawaiana que surfeó la australiana Laura Enever (31) media más de 13 metros de alturaWSL

“En un entorno mixto, a menudo operan dinámicas de protección o condescendencia que frenan el desarrollo técnico de la mujer”, explica una psicóloga deportiva. “En los grupos femeninos, se genera un ‘espacio seguro’ donde el miedo no es un tabú, sino una variable a gestionar. Al desaparecer la presión de ‘demostrar algo’, la progresión técnica es mucho más orgánica”.

En estos colectivos, el liderazgo es horizontal. Se fomenta que cada integrante aprenda a leer un mapa, a reparar una cadena de bicicleta o a montar una reunión en escalada. El objetivo es la autonomía total.

Cogiendo olas.
Cogiendo olas.Instagram @mujeresquesurfean

La entrada masiva de mujeres en los deportes de riesgo está refrescando la narrativa misma de la aventura. Mientras que la tradición masculina a menudo se ha centrado en la “conquista” del entorno o la superación de marcas personales, el enfoque femenino suele poner el foco en la cohesión del grupo y la gestión emocional.

Este enfoque no resta dificultad a los retos. Nasim Eshqi, escaladora profesional iraní, abre vías de extrema dificultad en paredes donde nadie más se atreve a subir, y lo hace como un acto de rebeldía política y personal. Para ella, y para muchas otras, la aventura es una herramienta de libertad. No se trata de vencer a la montaña, sino de habitarla bajo sus propios términos.

Rally - Rally Dakar - Etapa 6 - Hail a Riad - Hail, Arabia Saudita - 9 de enero de 2026 Cristina Gutiérrez y Pablo Moreno de Dacia en acción durante la etapa 6. 
Rally – Rally Dakar – Etapa 6 – Hail a Riad – Hail, Arabia Saudita – 9 de enero de 2026 Cristina Gutiérrez y Pablo Moreno de Dacia en acción durante la etapa 6. Stephane Mahe / Reuters

En la élite, el cambio también se ve con nitidez. La española Cristina Gutiérrez hizo historia al ganar en la categoría Challenger del Dakar en 2024, consolidándose entre las grandes referencias del rally raid internacional. 

La industria se rinde a la evidencia

El mercado también ha tenido que evolucionar. Atrás queda la época del “pink it and shrink it” (hazlo rosa y más pequeño), una estrategia comercial que ofrecía productos estéticamente femeninos pero técnicamente mediocres.

Hoy, las grandes marcas de outdoor invierten millones en ingeniería específica para la anatomía femenina. Mochilas con arneses curvos que no oprimen el pecho, calzado con hormas de menor volumen y bicicletas con geometrías que optimizan la potencia de la mujer. Esta profesionalización del equipamiento es la prueba definitiva de que la mujer ya no es un “nicho”, sino el motor principal de crecimiento en el sector de la aventura.

Anna Comet entrenando durante su embarazo. Anna Comet
Anna Comet entrenando durante su embarazo. Anna CometTerceros

Por último, el techo de cristal también se está rompiendo en lo biológico. Atletas como la española Anna Comet han demostrado que la alta competición y la maternidad pueden convivir. Al visibilizar sus entrenamientos durante el embarazo y su regreso a la élite tras el parto, han destruido el mito de que la vida de aventura de una mujer tiene una “fecha de caducidad” temprana.

Embarazo

Comet ha explicado que siguió corriendo hasta cuatro días antes de parir y que su regreso a la competición confirmó que una mujer puede seguir siendo igual de competitiva, o más, después de ser madre

El objetivo final de esta revolución no es la separación, sino la normalización. El día en que una cordada femenina, una surfista, una biker o una piloto de raids dejen de ser tratadas como una rareza y pasen a ser leídas simplemente como atletas de alto nivel, el techo de cristal habrá dejado de ser noticia. Y ese día, la aventura será más rica, más precisa y más libre.

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