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Baloncesto liberador

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Jordi Bonilla

A sus 84 años, el leridano Ignasi Anglarill Miró mantiene la humildad que ha marcado su trayectoria, siempre alejado de los focos del mundo del deporte. Nacido en Montornès de Segarra en 1941, su implicación en el baloncesto va más allá de la cancha, siendo uno de los padres de la actual Liga ACB y principal impulsor del proyecto Bàsquet a les presons para introducir la práctica deportiva en los centros penitenciarios.

Su relación con el deporte empezó como aficionado y casi por casualidad. “Nunca he sido un gran jugador, simplemente me gustaba ir a ver partidos y en uno hice amistad con Ramón Pericay”, quien le propuso colaborar con el equipo de La Salle, en Barcelona, primero como delegado y, más adelante, asumiendo la presidencia en el mejor momento de la entidad (ver desglose). Pero su foco siempre ha estado centrado en las personas, y a mediados de los años 80 entró a colaborar en la Model de la mano de Montserrat Aguilar, nacida en Guimerà y voluntaria en el centro penitenciario, que le invitó a pasar los sábados allí ayudando a los internos. “Entonces las prisiones eran muy duras, había gente que se pasaba 30 o 40 años allí dentro”, relata, aunque también señala que “entre los funcionarios había buenas personas, no todos van con el garrote como la gente se imagina”.

Bàsquet a les presons empezó como una propuesta informal del entonces director de La Model, Santiago Martínez Cadarso, que conocía el pasado deportivo de Anglarill y le sugirió enseñar baloncesto a los presos. La Federació Catalana de Basquetbol se sumó en 1987 con clases de entrenadores y árbitros y al cabo de poco nació el CB Llibertat, formado íntegramente por internos. El primer partido fue en 1988 en Olesa de Montserrat, convirtiéndose en el primer equipo deportivo penitenciario del Estado español en salir de la cárcel para disputar un encuentro con otros jugadores. “Fue un impacto muy grande, familiares de los presos pudieron verles y todavía se me pone la piel de gallina al recordarlo”, admite el impulsor del proyecto. Los partidos fuera de La Model se repitieron ese mismo año en Girona y Barcelona, además de haberse replicado el mismo modelo años después en otras prisiones catalanas.

Con el paso del tiempo, Anglarill se ha ido apartando de la gestión deportiva, pero no de su compromiso social. Hace 35 años que organiza encuentros en su Montornès natal con residentes del Cottolengo del Padre Alegre. Cada verano se reúnen una cincuentena de usuarios con vecinos del pueblo para jugar a fútbol. A esa jornada solidaria se sumó hace 15 años otra con las Misioneras de la Caridad de Calcuta que trabajan con niños del Raval. “Hacemos salidas a la piscina de Verdú y luego vienen a Montornès a comer y les hacemos animación infantil”, subraya Anglarill. La pandemia interrumpió la actividad, pero confía en poder reemprenderla este verano.

El pasado sábado, Montornès de Segarra homenajeó el recorrido vital y solidario del activista, aunque él quiere evitar reconocimientos dejando claro que “todo lo que he hecho ha sido gracias a mucha gente que ha colaborado”. Recuerda nombres del mundo del baloncesto como Andreu Font y Joan Soler, pero también a los vecinos de Montornès que cada año se vuelcan en sus acciones. “Hay personas que han hecho cosas más importantes que yo y nadie se acuerda de ellas. Estoy muy emocionado y agradecido por todo lo que he recibido últimamente”, concluye.

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