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Deportes

El viaje al futuro de Decathlon: 10 años de deportes adaptados para "permitir a todos hacer lo que quieran"

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En el CH4 Club de Turín, un complejo deportivo completamente adaptado donde se pueden practicar handbike, tenis en silla de ruedas o baloncesto en silla de ruedas, Decathlon reunió a medios de países como Bélgica, Francia, Italia o Estados Unidos entre los que se encontraba EL ESPAÑOL, único meido de nuestro país, para celebrar una efeméride que va mucho más allá de los números: diez años de deportes adaptados.

Con los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina 2026 como telón de fondo, la marca francesa repasó un camino que nació de la queja de un cliente y que hoy aspira a movilizar a los 1.300 millones de personas con algún tipo de discapacidad que existen en el mundo.

Todo comenzó con Mario. En 2016, este cliente de Decathlon entró en una tienda con su hija para comprarle una bicicleta. Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que él, que necesitaba una handbike para poder salir a pedalear con ella, no encontraba ninguna opción.

No lo guardó para sí. Le dijo a Decathlon, sin rodeos, que no estaban haciendo el deporte accesible para todos. Aquella advertencia, lejos de caer en saco roto, se convirtió en la chispa de uno de los proyectos más ambiciosos que ha emprendido la compañía en su historia.

“Hemos creado una historia muy bonita que nació en Italia en 2016”, explicaba durante la charla Sabrina Bonanno, responsable de producto de deportes adaptados.

Bonanno llegó a este proyecto movida por algo más que la vocación profesional: un amigo de la infancia que no podía hacer deporte como el resto de los niños, y una prima muy cercana. Esa memoria personal es la que guía su trabajo diario. “Para Decathlon, el deporte no solo es élite y no solo es movimiento, también es algo mental. Es un proyecto de personas para personas”, subrayó.

Gregory Volpi, Líder de Deportes Adaptados de Decathlon, fue quien abrió la sesión poniendo en contexto la importancia de Italia en la historia de este sector.

Gregory Volpi, Líder de Deportes Adaptados de Decathlon


Gregory Volpi, Líder de Deportes Adaptados de Decathlon

Imagen cedida

Para Volpi, la esencia de los deportes adaptados se resume en una frase que funciona como brújula interna de todo el proyecto: “Permitir a todos practicar el deporte que quieren”. Esa convicción, aparentemente sencilla, esconde décadas de invisibilidad, de puertas cerradas y de equipamiento que no existía o que llegaba a precios prohibitivos.

Un movimiento europeo

Lo que empezó como una iniciativa local de un grupo de colaboradores del área de producción en Italia ha crecido hasta convertirse en un proyecto de alcance europeo.

Hoy, Decathlon ha desarrollado más de 30 líneas de productos para deportes adaptados: sillas de ruedas para baloncesto, deportes de raqueta, esgrima, atletismo y handbike, entre otros. El primer gran hito fue el proyecto ‘Iguales’, centrado en sillas de ruedas para baloncesto -que Bonanno siempre llamó internamente “el proyecto Mario”- y que marcó el punto de inflexión hacia una oferta estructurada.

A día de hoy, unas 800 personas con discapacidad, paraatletas y organizaciones deportivas de toda Europa han colaborado en el desarrollo de estos productos, participando en pruebas de campo, talleres y sesiones de retroalimentación.

El proyecto recibe apoyo de instituciones como la Cruz Roja de Francia y varias universidades a nivel mundial que contribuyen al diseño y a la adaptación a las nuevas generaciones. En 2025, la Federación Mundial de la Industria de Artículos Deportivos (WFSGI) reconoció formalmente el trabajo de Decathlon en deportes adaptados, destacando a la marca como referente en discapacidad y deporte inclusivo.

Y Mario, aquel cliente que disparó el proceso en 2016, sigue dentro del proyecto desde Milán, con una oficina al lado de su casa, contribuyendo a acercar el deporte a quienes más lo necesitan.

El deporte como herramienta de vida

“Nuestra misión es movilizar a las personas con discapacidad permanente y temporal, ya que este segundo colectivo es tradicionalmente olvidado”, explicaba Bonanno durante la charla.

Esa distinción es clave: Decathlon no solo piensa en los paraatletas de élite, sino también en quienes atraviesan un proceso de recuperación tras una lesión, en personas mayores con movilidad reducida o en quienes conviven con una enfermedad crónica.

La propuesta de valor se estructura en torno a tres momentos: antes, durante y después de la práctica deportiva, con el objetivo de dar “autonomía e independencia” a lo largo de todo el recorrido.

Esta visión tiene una dimensión psicológica que la compañía no quiere pasar por alto. “El deporte no es solo rendimiento”, recuerda Bonanno, “es también algo mental”.

Sabrina Bonnano, Product Manager de Decathlon


Sabrina Bonnano, Product Manager de Decathlon

Decathlon

Y para ilustrarlo, Decathlon ha puesto especial atención en los procesos de rehabilitación, entendiendo que el camino hacia el deporte adaptado muchas veces comienza en un hospital o en una clínica, no en una pista de atletismo. El equipamiento, en ese contexto, no es un accesorio: es una herramienta de autonomía y de autoestima.

Diseño que transforma vidas cotidianas

Uno de los capítulos más reveladores de la charla fue el dedicado a la línea de ropa adaptada. Los detalles, aparentemente técnicos, esconden una profunda reflexión sobre la dignidad y la independencia.

Las prendas eliminan costuras que resultan incómodas para los usuarios en silla de ruedas, incorporan agarres y cremalleras en torso y mangas para facilitar su uso en solitario, y están diseñadas con una visión específica de la postura en posición sentada. El color negro juega también un papel simbólico: se elige deliberadamente porque se considera un tono sin distintivos que otorga normalidad a quien lo viste.

El proceso de desarrollo de cada prenda o producto tarda aproximadamente 18 meses e incluye desde ropa interior hasta chándales de hombre y mujer, sudaderas, leggings, guantes y mochilas adaptadas para silla de ruedas.

Todo surge de una necesidad real, se desarrolla a través del diálogo con los usuarios y se diseña con una única ambición: hacer tangible la autonomía.

En este proceso colabora estrechamente el Instituto de Arte Aplicada y Diseño (IAAD), una escuela fundada en 1978 que fue pionera en Italia en el diseño de vehículos y que hoy está presente en países como Alemania y Reino Unido, con 42.000 estudiantes, 21 escuelas, 72 campus y vínculos con 2.600 facultades. Su aportación es concreta: “Utilizar el diseño para buscar la accesibilidad”.

Campeones en el proyecto

El salto del laboratorio a la alta competición llegó con la incorporación del esgrimista italiano en silla de ruedas Edoardo Giordan. Desde 2024, Giordan colabora directamente con Decathlon en el desarrollo de sus productos y, en los Juegos Paralímpicos de París, se colgó el bronce en sable masculino A compitiendo con la silla de ruedas que los equipos de la marca habían perfeccionado junto a él.

Su caso ilustra cómo el co-diseño con paraatletas de élite no solo mejora el rendimiento deportivo, sino que valida el trabajo técnico de la compañía ante el mundo.

Poco después se unió al proyecto Maximilien Seeger, esquiador alpino paralímpico en categoría de discapacidad visual, que ha competido en los Juegos de Milán-Cortina 2026. La colaboración de Seeger tiene una particularidad: trabaja en Decathlon Bélgica como responsable de proyectos de recompra, lo que convierte su participación en una extensión natural de los valores compartidos.

En estos Juegos, Decathlon ha sido también el proveedor oficial de uniformes de la delegación del Comité Paralímpico Internacional (IPC), habiendo desarrollado 350 equipaciones y cerca de 8.000 unidades.

La charla contó también con la intervención de Raymon Blondel, presidente del Comité Paralímpico Europeo, quien aportó la perspectiva institucional con una contundencia que no dejó lugar a dudas.

“No hay acuerdos para que las personas con discapacidad puedan acceder a sus deportes y a su material, pero Decathlon sí lo ha hecho durante estos 10 años. Por ello, el Comité Paralímpico sí confía en ellos. Da igual quién seas, siempre habrá algo para ti en Decathlon, para que puedas elegir”.

Blondel señaló además una de las grandes paradojas del sector: el equipamiento deportivo adaptado sigue siendo clasificado en muchos países como “ayuda médica” en lugar de material deportivo.

Esa distinción tiene consecuencias prácticas enormes: limita el acceso a financiación y perpetúa la idea de que las personas con discapacidad son pacientes antes que deportistas.

El precio lo confirma: una silla para hacer deporte cuesta de media 2.400 euros, aunque en el mercado los modelos especializados pueden alcanzar los 15.000 o 18.000 euros. La apuesta de Decathlon es precisamente romper esa barrera con una gama escalable y accesible.

En Europa hay cerca de 90 millones de personas con algún tipo de discapacidad. Frente a ese dato, Blondel reclamaba una mayor implicación de los medios de comunicación y de todas las comunidades: “Es importante involucrar a los medios de comunicación y a todas las comunidades para que todo evolucione, también los equipamientos deportivos para que cada vez sean más accesibles. Es contribuir a una sociedad más inclusiva”.

La próxima década

Decathlon mira al futuro con una clave generacional. “Queremos que la nueva parte de la historia sea más inclusiva y por eso aprendemos cómo ven el mundo los niños, porque ellos no ven primero una discapacidad como un rasgo”, reflexionaba Bonanno.

La mayor dificultad que encuentra una persona con discapacidad, en su diagnóstico, no es el deseo de practicar deporte, sino encontrar un lugar donde poder hacerlo. Por eso, Decathlon ha identificado más de 8.000 clubes de deporte adaptado en toda Europa y los ha reunido en un mapa europeo para facilitar que cualquier persona localice dónde practicar cerca de su entorno.

Diez años después de que Mario pusiera en evidencia una injusticia invisible, el proyecto que desencadenó ha pasado de ser una iniciativa piloto a convertirse en un movimiento colectivo. Un movimiento que, con los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina como escaparate, aspira a demostrar que la accesibilidad no es un añadido al deporte del futuro: es su condición imprescindible.

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