CancĂșn
En Quintana Roo no se vota, se decide: epitafio polĂtico para Ana Paty.
Por Luis Mis – Gato Maya đŸ
Si la polĂtica fuera un circo ây en Quintana Roo lo esâ, Ana Paty Peralta serĂa esa acrĂłbata que sigue sonriendo aunque ya le quitaron la red y el foco. AĂșn no cae, pero todos sabemos que el espectĂĄculo terminĂł.
Porque lo que vimos en el reciente informe del senador Eugenio âGinoâ Segura no fue un evento legislativo: fue una demostraciĂłn de poder con coreografĂa, escenografĂa y libreto al estilo del viejo PRI, pero con el sello guinda del ânuevoâ Morena. Mara Lezama llegĂł como la gran domadora del espectĂĄculo, y todos los animales del corral âsecretarios, operadores, alcaldes, hasta los espontĂĄneos de siempreâ se alinearon con obediencia de zoolĂłgico bien alimentado.
Y ahĂ, en medio de la funciĂłn, Ana Paty Peralta, la alcaldesa de CancĂșn, apenas si alcanzĂł la sombra de la marquesina. Ni el aplauso, ni la foto, ni el reflector. El mensaje fue tan claro como cruel: gracias por participar.
La presidenta municipal que soñó con la candidatura a la gubernatura ây que llevaba meses practicando su sonrisa de campaña y su discurso de continuidadâ se topĂł con la realidad mĂĄs dura: en el âmovimientoâ la lealtad se mide en kilĂłmetros recorridos al lado de la gobernadora, no en votos o gestiĂłn. Y en esa carrera, Ana Paty llegĂł tarde y sin zapatos.
Mientras Mara Lezama recitaba su evangelio del âhumanismo transformadorâ con el fervor de quien reparte bendiciones electorales, el resto del presĂdium asentĂa con el entusiasmo del que ya sabe quĂ© lado del pan tiene mantequilla. Todos los caminos llevan a Gino, decĂa la escenografĂa. Y quien no lo entendiĂł, que compre lentes.
Ana Paty, la alcaldesa que alguna vez creyĂł que CancĂșn era trampolĂn, acaba de descubrir que mĂĄs bien era una alberca inflable. Su administraciĂłn, plagada de discursos reciclados y poses de âlideresa jovenâ, no logrĂł construir ni base polĂtica sĂłlida ni narrativa propia. Y en Morena, donde la lealtad se mide en aplausos y no en resultados, quedarse sin padrino es el equivalente a una sentencia polĂtica.
Lo irĂłnico es que mientras la maquinaria guinda se aceitĂł y rugiĂł como en los mejores tiempos del priato âacarreo incluido, por supuestoâ, los ciudadanos de CancĂșn seguĂan esperando que alguien les hablara de seguridad, transporte o basura. Pero esas cosas no llenan auditorios ni suman en las encuestas internas.
El show debe continuar, dicen. Y continuarĂĄ, pero sin Ana Paty en el escenario principal. Su papel, ahora, serĂĄ el de espectadora resignada de una obra que alguna vez soñó protagonizar. Porque en el teatro polĂtico de Quintana Roo, los aplausos no se ganan: se asignan.
Y como buen gato, uno solo puede sentarse en la barda, observar el desfile y maullar con ironĂa:âOtra que se creyĂł leona⊠y resultĂł gatita de utilerĂa.


