Deportes
Una tirada para sobrevivir
Es una de las modalidades olvidadas del deporte rural. El pasabolo de tablón languidece en Las Encartaciones, comarca en la que se juega junto con … Cantabria y el norte de Burgos. En Bizkaia hay actualmente 41 licencias de bolaris de primera y segunda categoría, y 18 de veteranos, mientras que en tierras cántabras rondan las 140. Este diagnóstico ha llevado a los aficionados de este deporte a movilizarse para tratar de buscar fórmulas que eviten su declive absoluto cuando en el territorio están los mejores tiradores del país.
A diferencia de los que muchos entienden por el juego de los bolos, esta modalidad es distinta. En lugar de derribarlos hay que golpearlos para lanzarlos lo más lejos posible. Por lo que cada bolera o carrejo, como se conoce a la instalación en Las Encartaciones, debe disponer de un espacio amplio para que salgan disparados. Pueden alcanzar hasta los 47 metros. El lanzador tiene entre siete y ocho metros para coger carrerilla con la bola, que ronda los 8 kilos de peso y puede tener un diámetro máximo de 24,5 centímetros, y echarla a rodar. En esa acción, un juez de línea, igual que en el salto de longitud, controla que no pise con todo el pie una goma situada al final del espacio para desplazarse. En caso de que lo haga será penalizado.
La bola discurre sobre un tablón de roble con una pequeña curvatura, de entre ocho y nueve metros de largo, en cuyo final están clavados con arcilla los tres bolos a golpear. «Desde aquí hasta la primera raya hay 12 metros. En total hay siete separadas por cinco metros cada una. Influye cómo esté la cancha porque los bolos cuando caen caminan. Cuenta donde acaban no donde pegan por primera vez», resume el investigador Juantxu Zorrilla.
El pasabolo de tablón forma parte del patrimonio y de la historia de esta comarca. Cuenta con una liga nacional, además de los torneos provinciales y concursos puntuables, que se celebran sobre todo en verano. A los ocho primeros les dan opción de jugar el torneo de maestros, y los 13 mejores clasificados entran directamente el año siguiente en el Campeonato de España.
Antes de la Guerra Civil tuvo mucho auge. Durante la postguerra no hubo tiempo «porque la situación fue tremenda, pero a partir de los 60 con la industrialización se revitalizó y hasta los 80 tuvo una etapa muy interesante», destaca. Los más veteranos todavía recuerdan los duelos entre Mariano Fernández, ‘El carnicero de Galdames’, y Manuel Llamosas ‘El Lobo’, de Carranza. «Cuando jugaban esto se llenaba, las partidas duraban horas. Había desafíos, se jugaba un montón de dinero y el ganador se llevaba hasta 10.000 pesetas», rememora.
Generaciones
Al carranzano José Antonio Cano le gusta escuchar estas historias. A sus 51 años, él no pudo jugar contra ellos, pero es el referente en la actualidad. Sus 19 campeonatos de España más un número incontable de torneos le avalan. Su afición le viene de familia. Su padre también jugaba. Empezó de pequeño, pero luego se dedicó al ciclismo hasta ser profesional con el Saunier Duval. Tras finalizar su carrera, retomó el pasabolo de tablón en el año 2000, y un año más tarde ya era el mejor.
«No hay compromiso para levantarlo y las instituciones tampoco han echado una mano. Esto ha sido un deporte que estaba al nivel de la pelota y los premios que había eran más importantes. Mira dónde ha llegado uno y el otro. Esto sólo sobrevive», señala. En Bilbao hubo una bolera en el Parque Etxebarria junto a Mallona, en Torre Urizar, en Sestao, la de Basauri todavía existe en Mercabilbao… Ha sido un deporte con mucho auge pero se ha ido dejando».
Para jugarlo se debe combinar «potencia, fuerza, agilidad y velocidad. La gente joven viene a probar pero esto requiere un compromiso. Si hubiese premios económicos un poco decentes igual la gente se enganchaba. Pero en Bizkaia lo tenemos crudo», señala. Desde su punto de vista, en Cantabria se lo toman «un poco más en serio y están apretando fuerte», pero lo mejores jugadores están en Bizkaia.
Para tratar de cambiar esa tendencia el club Garape de Sopuerta, uno de los que milita en primera junto al San Vicente en Barakaldo, creó hace tres años una escuela, y como la parte fuerte de la competición es en verano los chavales lo pueden compaginar. «Les llevas a los torneos y a los chavales les encanta», subraya Zorrilla.
«Combina potencia, fuerza, agilidad y velocidad. Los jóvenes vienen a probar, pero hace falta compromiso»
Están trabajando con los jóvenes pero quieren hablar con la Diputación «para ver cómo nos puede ayudar porque los veteranos son los únicos que pueden enseñar. Pero es difícil de encontrar a alguien que se dedique exclusivamente a ello. Se necesita contar con técnicos preparados que lo lleven con mucho orden», añade. Además, también quieren darle más visibilidad con retransmisiones de televisión. Esta temporada, después de bastantes años de ausencia, esperan jugar un campeonato en el norte de Burgos donde la modalidad está la límite de la desaparición. Los duelos entre Bizkaia y Cantabria están en auge «porque el pique es fuerte», apunta Zorrilla.
Cano, por su parte, empieza a pensar que tiene que ir dejando paso a otras generaciones. «No es por cuestión de afición, sino de escuchar el cuerpo.», reconoce. Sin embargo, para esta campaña se ha marcado como objetivo alcanzar su vigésimo Campeonato de España porque sería una «cifra histórica».


