En los deportes de contacto con categorías de peso, como el boxeo, el judo o las artes marciales mixtas, el recorte de peso se ha convertido en una práctica habitual y, en muchos casos, casi obligatoria. Consiste en adelgazar varios kilos en un corto periodo de tiempo antes del pesaje oficial para competir en una categoría inferior, con la idea de tener ventaja física frente al rival.
Este proceso suele implicar métodos agresivos como la deshidratación, la reducción extrema de la ingesta de alimentos o el uso de saunas y ropa térmica para sudar más. Aunque después del pesaje los deportistas intentan recuperar peso rápidamente, el impacto en el cuerpo ya se ha producido.
Lo más preocupante es que esta práctica no se limita al alto nivel. Cada vez es más frecuente en categorías juveniles, donde los deportistas adoptan estos hábitos desde edades tempranas. Esto contribuye a que el recorte de peso se perciba como algo normal dentro del deporte, sin cuestionar efectos en la salud.
Principales consecuencias médicas
Desde el punto de vista médico, el recorte de peso se ha convertido en una de las prácticas más preocupantes dentro de los deportes de contacto. Lejos de ser una simple estrategia para competir en una categoría inferior, implica someter al organismo a un estrés extremo en un corto periodo de tiempo, con consecuencias que pueden afectar a funciones vitales.
El doctor Fernando Yuste advierte a Vozpópuli con contundencia: “El recorte de peso agresivo es, en muchos casos, más peligroso que el propio combate. Estamos hablando de deshidrataciones severas que afectan al riñón, al corazón y, sobre todo, al cerebro”. Esta afirmación refleja una preocupación creciente en el ámbito sanitario, donde cada vez más expertos alertan del riesgo real que supone esta práctica.
Uno de los principales problemas es la pérdida rápida de líquidos, que reduce el volumen sanguíneo y dificulta el correcto funcionamiento del organismo. Esta situación puede provocar mareos, desmayos e incluso colapsos, especialmente cuando el deportista continúa entrenando durante el proceso. Además, la deshidratación extrema puede derivar en un fallo renal agudo, ya que los riñones no reciben el flujo sanguíneo necesario para funcionar correctamente.
Volkanovski, dos semanas antes y el día del pesaje. Foto: UFC.
El sistema cardiovascular también se ve dañado. Los desequilibrios electrolíticos provocados por la pérdida de líquidos pueden alterar el ritmo cardíaco y aumentar el riesgo de arritmias, una situación especialmente peligrosa en un contexto de esfuerzo físico intenso.
Sin embargo, uno de los aspectos más preocupantes es el impacto en el cerebro. Como señala el propio Yuste: “Un cerebro deshidratado es más vulnerable. El riesgo de daño neurológico ante un golpe aumenta significativamente”. En deportes donde los golpes son constantes, esta situación multiplica el peligro, ya que el cerebro pierde parte de la protección que le proporciona el líquido que lo rodea.
Efecto psicológico y rendimiento deportivo
Más allá de los efectos físicos, el recorte de peso también tiene un impacto significativo en la salud mental de los deportistas. Durante estos procesos, es habitual que aparezcan síntomas como irritabilidad, ansiedad, cambios de humor, fatiga extrema y dificultades para mantener la concentración. Estas alteraciones no solo afectan al bienestar general, sino que también influyen directamente en la preparación previa al combate.
Desde la experiencia acumulada en gimnasios y competiciones, fuentes del sector coinciden en que el recorte de peso es uno de los momentos más duros de toda la preparación. No solo por el desgaste físico, sino por la carga mental que implica sostener días de hambre, sed y agotamiento. “Solo piensan es en beber agua o comer algo”. “Se vuelven más irascibles, les cuesta concentrarse y cualquier detalle les afecta mucho más de lo normal”.
Desde el entorno del entrenamiento se reconoce que esta situación es frecuente dentro del deporte. Las mismas fuentes indican: “Muchos llegan al combate más lentos, con menos reflejos y peor toma de decisiones”.
La pérdida de capacidad cognitiva y coordinación puede marcar la diferencia entre ganar o perder, pero también aumenta el riesgo de sufrir lesiones. Un deportista fatigado, deshidratado y con menor concentración es más vulnerable ante los golpes y comete más errores durante el combate.
El recorte de peso sin supervisión
El recorte de peso se vuelve especialmente peligroso cuando se realiza sin supervisión profesional. En muchos casos, sobre todo en circuitos amateurs o semiprofesionales, los deportistas afrontan este proceso sin el apoyo de médicos o nutricionistas, guiándose por la experiencia de otros o por prácticas extendidas en el entorno del gimnasio. Esta falta de control convierte el corte en un terreno de riesgo difícil de medir.
El doctor Aldo supervisa el recorte de peso de Ilia Topuria. Foto: Instagram del doctor Aldo.
Sin seguimiento especializado, el organismo queda expuesto a deshidrataciones más agresivas, restricciones extremas de líquidos y métodos poco controlados para perder peso en poco tiempo. Además, no se monitorizan aspectos clave como el equilibrio de electrolitos, la respuesta cardiovascular o el nivel real de fatiga, lo que aumenta la probabilidad de que aparezcan complicaciones graves.
En estos contextos, señales de alerta como mareos, debilidad o confusión no siempre se interpretan como un problema, sino como parte del proceso. La ausencia de control también implica que no exista un criterio claro para detener el recorte cuando el cuerpo empieza a fallar.
Las mismas fuentes advierten: “Cuando el recorte de peso se hace sin supervisión profesional, el efecto es el contrario al que se busca. El deportista no solo rinde peor, sino que compite en inferioridad física y mental. Ahí es donde se rompe la lógica de toda esta práctica”.
Además, la recuperación tras el pesaje suele ser igualmente improvisada, lo que impide que el organismo restablezca su equilibrio antes del combate. En lugar de obtener una ventaja competitiva, el deportista llega en peores condiciones físicas y cognitivas.
Un problema estructural difícil de erradicar
El recorte de peso no es solo una decisión individual, sino un problema estructural dentro de los deportes de contacto. Existe un efecto en cadena: como algunos competidores bajan de categoría, los demás se ven obligados a hacerlo para no quedar en desventaja.
A esto se suma la falta de supervisión profesional en muchos casos. Aunque cada vez hay más conciencia sobre la importancia de la nutrición deportiva, muchos atletas siguen basando sus decisiones en la experiencia de entrenadores o compañeros, en lugar de contar con asesoramiento médico especializado.
En los últimos años, numerosos expertos han planteado la necesidad de introducir cambios en la regulación, como controles de hidratación o múltiples pesajes, para reducir los riesgos asociados a esta práctica. Sin embargo, su implantación no es uniforme y el recorte de peso sigue siendo una constante en la mayoría de competiciones.
En definitiva, se trata de una práctica profundamente arraigada en la cultura de los deportes de contacto, pero cada vez más cuestionada. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la competitividad y la protección de la salud de los deportistas, evitando que la búsqueda de ventaja deportiva suponga un riesgo innecesario.


