Cancún
“Huracán” ya cayó: ahora toca saber quién lo dejó llegar
“Huracán” ya cayó pero en Cancún quedó flotando una pregunta mucho más incómoda sobre todo para la clase política: ¿cómo llegó un hombre que hoy está acusado por la policía federal de encabezar un cartel criminal a ocupar una posición de mando dentro de la Policía Turística?
Por: El Gato Maya
Erick Gutiérrez Cossío, identificado como “Huracán”, se desempeñaba como encargado de la Dirección de la Policía Turística de Cancún desde agosto de 2025 y F ue detenido el pasado 25 de septiembre durante un operativo federal y posteriormente trasladado a Ciudad Juárez. Hasta ahora, las autoridades federales no han hecho públicos todos los detalles de la causa penal como parte del operativo enjambre, pero cualquier señalamiento adicional debe manejarse con la debida cautela.
Sin embargo una cosa sí está perfectamente clara: el detenido tenía una responsabilidad dentro de la estructura policial de Benito Juárez y eso obliga a revisar cómo funcionaron los mecanismos de selección, certificación, supervisión y control.
Y no es un cualquier cosa porque los registros de incidencia delictiva consultados para 2026 contabilizan 2 mil 429 carpetas de investigación en Benito Juárez, cifras de volumen de carpetas, no una tasa por población, que muestran el tamaño de la presión que enfrentan las instituciones de seguridad en este municipio.
Por eso la discusión ya no puede reducirse a si “Huracán” era bueno, malo, culpable o inocente. Eso lo determinarán las autoridades competentes. La pregunta política es quién lo colocó en una posición donde tenía acceso a información, recursos, personal y responsabilidades dentro de una corporación.
En Cancún, Jaime Padilla Barrientos es actualmente el secretario municipal de Seguridad Ciudadana y Tránsito. El propio Ayuntamiento informó cuando asumió el cargo que su encomienda incluía la reestructura interna y la profesionalización de mandos y tropa.
Y ahí está el punto donde la política tiene que dejar de hacerse la distraída.
Si un mando de la Policía Turística pudo permanecer dentro de la corporación hasta llegar a una posición de dirección, corresponde explicar qué filtros se aplicaron, quién revisó sus antecedentes, quién autorizó su permanencia y qué mecanismos de supervisión existían.
No porque Padilla Barrientos sea responsable de lo que presuntamente haya hecho un subordinado, sino porque encabeza la institución y tiene una responsabilidad política de explicar cómo funcionan sus controles.
Más todavía cuando el propio gobierno municipal ha anunciado una política de cero corrupción y una coordinación entre Seguridad Ciudadana, Asuntos Internos y la Fiscalía Anticorrupción para que las denuncias contra policías puedan llegar, cuando corresponda, a procesos penales.
Entonces es donde este irreverente Gato Maya se pregunta si esos controles también funcionan hacia arriba.
Y aquí aparece un señalamiento que, si está sustentado documentalmente, tampoco debería quedar fuera de una revisión patrimonial: la versión sobre una supuesta casa que habría sido donada o entregada a Jaime Padilla Barrientos.
No sería responsable afirmar que esa donación ocurrió sin documentos que la acrediten, pero precisamente por eso, si existe el señalamiento y hay elementos verificables, la investigación tendría que determinar quién habría otorgado el inmueble, bajo qué figura jurídica, cuál era su valor, de dónde provinieron los recursos y si fue debidamente declarado.
Porque una investigación patrimonial no debe depender de amistades políticas ni de apellidos. Se revisan documentos, escrituras, declaraciones y movimientos financieros, y las autoridades competentes determinan si existe o no alguna irregularidad.
Ese mismo criterio debería aplicarse a cualquier mando policial de Cancún. Si hay propiedades, transferencias, regalos, favores o beneficios económicos que no puedan explicarse legalmente, que se investiguen. Y si todo está en orden, que también quede demostrado.
Porque ningún resultado operativo elimina la obligación permanente de revisar quién ocupa los puestos de mando y cómo se controla a las corporaciones.
Y es que aquí está la verdadera discusión: una policía puede tener patrullas nuevas, cámaras corporales, capacitación, presupuesto y buenos indicadores, pero si los filtros para seleccionar y supervisar a sus mandos tienen grietas, tarde o temprano alguien puede colarse por ellas.
Y Cancún ya tiene un caso que obliga a revisar esas grietas. El Ayuntamiento ha presumido precisamente medidas de profesionalización y control. En 2025, por ejemplo, fueron entregadas 725 cámaras corporales a la corporación municipal con una inversión superior a 31 millones de pesos, y el propio Padilla Barrientos señaló que esas herramientas contribuirían a prevenir actos de corrupción.
Entonces, este viejo Gato Maya pregunta: si se está invirtiendo en tecnología, capacitación y controles para vigilar al policía de calle, ¿quién vigila al que decide sobre los policías?
Ahí está la parte política del asunto porque los nombramientos tienen responsables, los cargos tienen responsables, las estructuras tienen responsables; Y cuando dentro de una estructura aparece un caso como el de “Huracán”, lo mínimo que puede exigirse es una revisión completa de la cadena de mando, sin convertirla en una cacería y sin esconderla debajo de la alfombra.
Que se investigue quién lo recomendó, quién lo validó, quién conocía sus antecedentes y quién estaba obligado a supervisarlo y si de esa revisión no resulta ninguna responsabilidad adicional, perfecto: que así quede documentado.
Pero si aparecen omisiones, irregularidades patrimoniales o fallas en los controles, entonces que también se conozcan y que cada quien responda por lo que le corresponda.
Porque lo verdaderamente peligroso sería que “Huracán” terminara siendo solamente el nombre de un detenido y no la oportunidad para descubrir cómo alguien pudo llegar a portar una charola y ocupar un puesto de mando dentro de una corporación cuya obligación es combatir precisamente aquello que hoy investiga la justicia federal.
En política, los silencios también pesan.
Y después de “Huracán”, la pregunta ya no es solamente quién cayó, sino quién lo dejó llegar… al tiempo.


