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Internacional

Jóvenes científicos para combatir la pérdida de glaciares y bosques: "Sin la información del pasado no podemos modelar el futuro"

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“Se est� fundiendo hielo de miles de a�os”. Mario Bielsa no lo dice como una consigna ni como una frase pensada para impresionar. Lo dice porque lo ha visto. Desde que empez� a trabajar en cuevas heladas del Pirineo, en 2023, ha asistido a la desaparici�n de masas de hielo que llevaban all� cuatro, cinco o incluso seis milenios. En su caso, el cambio clim�tico no es una abstracci�n ni una curva ascendente en un informe: es un archivo natural que se borra a ojos vista.

La escena resume bastante bien el momento que atraviesa buena parte de la ciencia: investigar mientras el objeto de estudio cambia, se degrada o desaparece antes de que d� tiempo a comprenderlo del todo. En esa tensi�n se mueven Bielsa, David Chaparro y David Izquierdo, tres de los j�venes investigadores becados por la Fundaci�n “la Caixa”, que esta semana ha concedido 100 ayudas de doctorado y posdoctorado para proyectos en Espa�a y Portugal con una inversi�n total de m�s de 22 millones de euros. La convocatoria quiere atraer y retener talento, ofrecer salarios competitivos y dar algo igual de valioso que la financiaci�n: margen para pensar a medio plazo.

A simple vista, cuesta encontrar el hilo que une a un ge�logo que estudia el permafrost en Monte Perdido, a un experto en teledetecci�n que intenta medir mejor la humedad real de los bosques desde sat�lite y a un astrof�sico que busca entender c�mo se forman los agujeros negros supermasivos binarios. Pero lo hay. Los tres trabajan sobre preguntas a las que a�n les faltan piezas. Los tres intentan ver mejor algo que hoy todav�a se nos escapa. Y los tres han llegado a ese punto en un tiempo extra�o, con la ciencia clim�tica bajo presi�n pol�tica en pa�ses como Estados Unidos y con cada vez m�s evidencias de que entender tarde puede salir muy caro.

Un archivo clim�tico

En Bielsa esa urgencia tiene una realidad muy f�sica. Naci� en la Vall de Ben�s, en una familia aragonesa ligada a la monta�a, y cuenta que ha crecido viendo c�mo se retiraban los glaciares del Pirineo. Su investigaci�n doctoral busca reconstruir la evoluci�n del permafrost y del paisaje de alta monta�a durante el Cuaternario a partir de dep�sitos de hielo en cuevas y espeleotemas (dep�sitos minerales formado en cavidades naturales). La explicaci�n, en realidad, es menos herm�tica de lo que parece: intenta averiguar cu�ndo estuvieron congeladas esas monta�as, qu� informaci�n clim�tica conserva el hielo antiguo y qu� puede contarnos hoy sobre el futuro. Porque, como �l mismo lo resume, “sin la informaci�n del pasado no podemos modelar el futuro”.

Pero ese pasado se est� deshaciendo. El joven explica que algunos hielos que muestrearon hace muy poco han desaparecido ya por completo. “Probablemente en dos a�os o as� no quede nada de ese hielo”, advierte al hablar de algunas cavidades del macizo de Monte Perdido. No habla solo de temperaturas m�s altas. Habla tambi�n de un cambio que afecta mucho a la monta�a: que cada vez llueva m�s donde antes nevaba. “El agua tiene un poder de fundir el permafrost mucho mayor que el del aire”, recuerda. Dicho de otra manera, no solo se est� perdiendo un paisaje; se est� perdiendo una memoria clim�tica de miles de a�os. Y eso, adem�s de reducir el archivo disponible para la ciencia, puede alterar la estabilidad de las paredes rocosas y aumentar ciertos riesgos en alta monta�a.

La mirada de David Chaparro se posa sobre otro s�ntoma del mismo problema: la sed del bosque. Su proyecto, MOIST, se desarrolla en el Centro de Investigaci�n Ecol�gica y Aplicaciones Forestales y parte de una pregunta aparentemente t�cnica, pero con consecuencias muy concretas: �c�mo medir de verdad el estado h�drico de la vegetaci�n? Chaparro explica que hoy los sat�lites permiten estimar, sobre todo, la humedad de la parte m�s superficial del dosel forestal. Lo que sigue faltando es una visi�n m�s completa, casi tridimensional, que permita saber qu� est� ocurriendo no solo en las hojas visibles, sino tambi�n en ramas, troncos y en el funcionamiento real del ecosistema.

Del bosque a las inc�gnitas del cosmos

Su investigaci�n busca precisamente eso: desarrollar herramientas basadas en observaci�n remota, especialmente con microondas, para estimar mejor el contenido de agua de la vegetaci�n y variables clave como el potencial h�drico. La meta no es solo describir el bosque, sino anticiparlo. Detectar antes de que el deterioro sea evidente. Llegar a tiempo para identificar qu� masas forestales est�n entrando en estr�s severo. “El contenido de agua es muy relevante para, por ejemplo, la prevenci�n de incendios”, resume, pero adem�s “el potencial h�drico nos puede anticipar la mortalidad debida a las sequ�as”.

Tambi�n cambia su relaci�n con la atm�sfera, captura menos di�xido de carbono, altera los flujos de agua y puede intensificar procesos que retroalimentan el propio problema. Por eso insiste tanto en la importancia del bosque mediterr�neo, uno de los sistemas m�s vulnerables y a la vez m�s necesitados de herramientas finas de observaci�n.

Donde Bielsa habla de hielo que desaparece y Chaparro de bosques que se secan, David Izquierdo habla de una ausencia mucho m�s lejana, pero igual de sugerente: la de los agujeros negros supermasivos binarios que la teor�a espera y la observaci�n todav�a no ha detectado. Su trabajo en el ICE-CSIC parte de una l�gica contundente. Si las galaxias se fusionan con frecuencia, y si en sus centros suelen albergar agujeros negros supermasivos, entonces deber�an existir tambi�n parejas de esos gigantes c�smicos. La pregunta ya no es si tiene sentido plantearlo, sino por qu� siguen siendo tan esquivos.

Izquierdo intenta entender qu� procesos dentro de las galaxias llevan a la formaci�n de esos sistemas binarios, c�mo evolucionan y, sobre todo, d�nde conviene buscarlos. Es una investigaci�n profundamente te�rica, apoyada en simulaciones y modelizaci�n, pero con una ambici�n muy concreta: orientar mejor la observaci�n. Saber en qu� tipo de galaxias, en qu� �poca del universo o con qu� herramientas tiene m�s sentido concentrar el esfuerzo. En el fondo, su trabajo tambi�n trata de afinar la mirada.

�l mismo admite que su campo parece menos conectable con la crisis clim�tica o con las urgencias del territorio. Pero hay un punto en com�n. La ciencia b�sica tambi�n necesita estabilidad, paciencia y recursos cuando no ofrece una utilidad inmediata. Y tambi�n puede convertirse en v�ctima de una cultura pol�tica que pide rendimiento r�pido o sospecha de lo que no puede traducirse en titulares instant�neos. Adem�s, su investigaci�n en din�micas no lineales y modelos complejos aporta herramientas que pueden tener aplicaciones en la modelizaci�n ambiental y clim�tica.

Los tres, adem�s, pisan un terreno marcado por la tensi�n pol�tica del presente. Chaparro es especialmente contundente cuando se le pregunta por los recortes y despidos en ciencia ambiental en Estados Unidos, donde estuvo en el Instituto de Tecnolog�a de Massachusetts (MIT) como investigador posdoctoral: los califica de “catastr�ficos” porque restan capacidad a la ciencia para aportar respuestas y datos justo en un momento en que el cambio clim�tico exige lo contrario. Bielsa, desde otra experiencia, insiste en que a�n hay demasiada gente que sigue sin dimensionar lo que significa ver fundirse hielo milenario en un pu�ado de a�os. Su respuesta, de hecho, es directa: “Que mire alrededor”.

Quiz� por eso el retrato conjunto de estos tres investigadores funciona tan bien. Bielsa pone sobre la mesa la p�rdida acelerada de un pasado congelado. Chaparro, la necesidad de vigilar un presente ecol�gico cada vez m�s fr�gil. Izquierdo, la ambici�n de empujar el conocimiento all� donde todav�a faltan pruebas directas. Sus campos no se pisan, pero dialogan. Hablan de un planeta sometido a presi�n, de herramientas que a�n estamos aprendiendo a afinar y de una idea elemental que a veces se olvida demasiado deprisa: comprender el mundo requiere inversi�n, m�todo y paciencia. Y, sobre todo, requiere no llegar tarde.


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