Internacional
El Rey de España en Salamanca
Pierdan toda esperanza quienes crean que cualquier declaraci�n del Rey sobre el pasado espa�ol en Am�rica vaya a satisfacer a la presidenta mexicana. La victimizaci�n como parte de la identidad es consustancial al populismo. Si la primera desaparece, el segundo pierde sentido y todo el movimiento que sustenta a Claudia Sheinbaum y al denominado Grupo de Puebla decae. Es l�gico que el Gobierno del pa�s norteamericano no pare hasta que un monarca espa�ol pida disculpas genuflexas, porque s�lo as� puede obtener el certificado de v�ctima y, por tanto, de irresponsable ante los problemas reales.
M�xico acumula m�s de 200 a�os de independencia, goza de una situaci�n geogr�fica privilegiada, recursos naturales y una fortaleza cultural poderosa. Lo que le sucede, sea lo que sea, apenas tendr� que ver con Hern�n Cort�s y s� con el factor que determina el crecimiento de la econom�a y la estabilidad de los estados en el largo plazo: la calidad institucional. Que cada cual extraiga sus conclusiones.
El debate real no es sobre lo que pas� hace cinco siglos. Los hechos est�n sustanciados por los historiadores y Felipe VI hizo un resumen bastante ajustado en lo que el Gobierno se apresur� a vender de forma enga�osa como el embri�n de una petici�n de disculpas. Ni lo del imperio azteca fue el exterminio del ed�n ind�gena de paz y armon�a, ni deber�an estar dando gracias a los castellanos porque les llevaran las universidades y les quitaran el taparrabos, como sostiene un sector patrio ah�to de nacionalismo. En t�rminos de responsabilidad, ni son sus antepasados ni los nuestros.
Lo cierto es que la posici�n espa�ola en esta controversia es siempre reactiva. En el siglo XVI la Corona de Castilla ten�a las instituciones m�s avanzadas de la �poca y eso, adem�s de la creaci�n de un imperio, propici� su verdadero hecho diferencial: se plante� su relaci�n con los nativos no s�lo desde la fe, sino desde el derecho. Algo que no hizo en igual medida el luteranismo ni mucho menos el calvinismo de corte supremacista.
El Rey estuvo ayer junto al presidente de Italia en el que fue epicentro europeo del pensamiento cr�tico, la filosof�a y la econom�a. Este a�o har�n justo 500 desde que tomara posesi�n Francisco de Vitoria de la c�tedra de Teolog�a de la Universidad de Salamanca. El dominico denunci� ante el poder el trato de �los encomenderos� -aquellos que estaban encomendados a la explotaci�n del Nuevo Mundo- hacia los ind�genas porque violaba el testamento de Isabel La Cat�lica (1504), que hab�a prohibido la esclavitud.
De Vitoria defendi� con �xito que las tierras descubiertas para los espa�oles no eran res nullius, es decir sin propietario, y que, por tanto, los ind�genes no pod�an perder sus derechos sobre ellas: �Son libres, personas humanas y due�os de sus tierras, pues el dominio no se pierde ni por el pecado mortal ni por la herej�a�, resumen Jos� Carlos Mart�n de la Hoz y Le�n G�mez. Fue una revoluci�n que coloc� al ser humano en el centro y transform� el cuerpo normativo espa�ol con las Leyes Nuevas de 1542.
Cuando los fil�sofos liberales brit�nicos no exist�an, De Vitoria ya explicaba el funcionamiento del mercado -�el precio justo es el que fijan en la plaza compradores y vendedores�- y se opon�a a los monopolios comerciales, mientras Mart�n de Azpilicueta teorizaba sobre la relaci�n entre la cantidad del dinero que hab�a como consencuencia de los metales llegados de Am�rica y la subida de precios que empobrec�a a la poblaci�n.
Una forma de adoptar una posici�n razonable y alejada de identitarismos rancios respecto de aquellos hechos es reivindicar a De Vitoria y a la Universidad de Salamanca. Pero me temo que, como siempre, ya vamos tarde. O, sencillamente, no interesa porque no polariza.


