Internacional
El numen de Rosalía: la noche que Ana Milán logró lo inimaginable
Los fil�sofos presocr�ticos fueron los primeros pensadores griegos en buscar explicaciones racionales (logos) sobre el origen del universo (physis) y el principio material (arch�) de las cosas, alej�ndose de las narraciones m�ticas. Plat�n sostuvo que el mundo sensible es solo una “sombra” de otro m�s real; y el alma humana es inmortal, pero se encuentra “encarcelada” en el cuerpo. Anoche, Rosal�a, Ana Mil�n y Tamara Falc� podr�an haberse alzado como las fil�sofas de nuestro tiempo. Y es que el estreno de Ex. La vida despu�s logr� algo que hoy en d�a en televisi�n es cada vez m�s complicado, sorprender.
No sorprendi� por el formato, sorprendi� por el contenido. Ex. La vida despu�s guarda una est�tica m�s que similar con El viajando con Chester de Risto Mejide. Es l�gico, es su productora la que se encarga del programa. Sin embargo, la diferencia, la sorpresa, lo in�dito es el tipo de entrevista que hace Ana Mil�n. Son sus preguntas, son sus respuestas, son los carriles por los que circula su tranv�a, es el descubrir lo inimaginable del que se sienta enfrente suyo.
Ana Mil�n demostr� anoche en Ex. La vida despu�s que se pueden hacer entrevistas que no encajan con lo esperado ni predispuesto. Si un presentador o un periodista logra tener enfrente suya a Rosal�a, seguramente, ninguna de las preguntas que lanz� Ana Mil�n anoche ser�an las elegidas, probablemente, ni estar�an en las posibles. No se sabe qu� ocurrir� con los siguientes episodios de Ex. La vida despu�s, pero, al menos, el de anoche con Rosal�a fue toda una declaraci�n de intenciones: aqu� se viene a filosofar y a dejar que el entrevistado filosofe lo que le d� gana.
Y usted dir�, �y a m� qu� me interesa que Rosal�a o Tamara Falc� hablen de lo divino y de lo humano? La respuesta es f�cil, cuando a un personaje se le saca de lo habitual, de su zona de confort, se descubre a la persona. Y descubrir a la persona te puede gustar m�s o menos, porque puede ocurrir que se te caiga un mit�n o puede que el mito se haga m�s grande. Es un riesgo con el que corren Ana Mil�n y la persona que se sienta con ella.
Es un riesgo al que anoche se enfrentaron Rosal�a y Tamara Falc� sin jugar con las mismas cartas. Aunque Rosal�a anoche hubiese soltado una barbaridad, se le hubiera perdonado; si la suelta Tamara Falc�, otro gallo cantar�a. Una es la mujer del momento, la artista del momento, la todo el momento; la otra, cada vez que abre la boca sube el pan y las cr�ticas. Y a�n as�, aun siendo consciente Ana Mil�n de esto, la actriz se alej� de lo esperado no sabemos si para lograr lo que sus entrevistas lograron: elevar a los altares a Rosal�a y a Tamara Falc� o, tambi�n, dejar que ellas se elevase o se estrellasen, seg�n elijan los espectadores.
La entrevista de Rosal�a fue una catarsis, una iluminaci�n, un numen, el de la propia artista. �Cu�ntas entrevistas le habr�n hecho a la artista? Pues la de anoche de Ana Mil�n probablemente sea en la que m�s se ha dejado ver Rosal�a y no La Rosal�a.
No hubo en ning�n momento las preguntas que uno espera cuando tienes a alguien como Rosal�a, hubo las preguntas que nadie espera, esas que descolocan al invitado y al que le est� viendo. Lo m�s curioso es que lo habitual sea que cuando t� a un personaje de tanta proyecci�n le preguntas por lo que nadie le ha preguntado, �ste se incomode, se revuelva, se aleje. Rosal�a, no; Rosal�a se acerc� a Ana Mil�n en un intercambio de dudas e intentos de respuesta sobre el sentido de la vida. Y aqu� est� la clave, el sentido de la vida para cada uno es diferente.
“�Qu� es LUX, un viaje hacia la fe?”, le pregunt� Ana Mil�n utilizando esa estrategia de preguntar por lo conocido y cercano para saber lo m�s alejado. “Yo creo que es lo que cada uno necesite que sea (…) “Ojal� (una palabra que a Rosal�a le encanta) sea algo que yo comparto y que los dem�s encuentren ah� lo que ellos necesiten encontrar”.
La fe de Rosal�a
“Hay que rezar aunque no se tenga fe, proyectarse hacia algo que est� por encima de uno aunque no tenga fe”, confes� la artista parafraseando a Alana Portero. “La fe es algo que est� muy vivo porque va de la mano de la duda”.
Como si Ana Mil�n fuera el sacerdote al otro lado del confesionario y Rosal�a, la perfecta pecadora, la artista confes� que su forma favorita de “proyectarse” es a trav�s de “los rezos de agradecimiento”: “Tienen algo que siempre me dejan en muy buen lugar”. Desde hace unos seis a�os Rosal�a reza “cada noche” un Padre Nuestro antes de dormirse.
Escucharla supone que en la cabeza de quien la escucha surjan preguntas que uno ni se imaginaba que una artista, que una gran estrella de la m�sica pudiera provocar. Seguramente, cuando Plat�n o los presocr�ticos hablaban a sus alumnos tampoco cre�an que lo que les dec�an pudiera sembrar una duda existencial. Tal vez, �demasiada intensidad? Sin lugar a dudas. As�, record� Rosal�a qu� fue lo que hizo que se estrechara su relaci�n con Dios: “Algo me lo ped�a”.
El espacio, el lugar, Ana Mil�n, la comodidad, las preguntas generaron una especie de burbuja invisible que Rosal�a solo abandonaba cuando miraba a quien estaba detr�s de la c�maras. Y a�n as�, buscando entre la oscuridad, Rosal�a se confesaba: “A d�a de hoy rezar es algo que forma parte de mi vida. Es una pr�ctica habitual en mi d�a a d�a (…) Dios me ha bendecido mucho, me ha dado muchas bendiciones y muchas cosas buenas”.
Y no hay vida ni fe sin r�quiem, sin muerte. Porque para Rosal�a “lo de fantasear con la muerte de uno a lo mejor es algo habitual”. De hecho, le “pareci� bonito el ejercicio” de ponerse a escribir en primera persona como si estuviera muerta. Vi una respuesta concreta, ni una que descubriera a otra Rosal�a.
Pocas artistas, incluso pocas personas transmiten la espiritualidad que transmiti� anoche Rosal�a. No hay trampa ni cart�n porque hablar de la muerte, de la fe, de Dios, de las bendiciones, del camino no son cosas materiales, ni tangibles, ni demostrables, son las cosas de una, las m�s intr�nsecas, las m�s escondidas, las m�s personales. Hablar del miedo tampoco es f�cil.
El mideo de Rosal�a y de Ana Mil�n
Rosal�a se abri� en canal, aunque vi�ndolo nadie pensara que estaba siendo as�. Confes� lo que le “aterra”, la soledad, y no afirm�, pregunt�: “Me pregunto si eso es algo que uno puede controlar o no porque la vida a veces te lleva a lugares o situaciones que hacen que uno de golpe te disocies”.
“T� me has dicho que lo disfrutas pero no me has dicho c�mo yo puedo aprender a llevarlo mejor”, le pregunt� la artista a Ana Mil�n. Y Ana Mil�n cambi� los papeles; ahora, Rosal�a era el sacerdote y ella era la penitente: “Es que espero que nunca aprendas como aprend� yo”.
“Me mor� y se cayeron capas de m�”, revel� la actriz. Un sue�o era por el que transitaba. Un desierto por el que Ana Mil�n caminaba sintiendo que en su mano llevaba una botela de agua fr�a y de metal, pero que no ve�a, aunque sent�a.
“Fue un proceso feo, precioso, dif�cil, bell�simo donde me qued� ah� y me vi florecer de nuevo, despacito, y entonces me di cuenta de que se hab�an ca�do un mont�n de cosas. Deseo profundamente que nunca hagas ese camino, si no que lo hagas a trav�s de las cosas peque�as”.
Ana Mil�n se adentr� en lo m�s profundo de Rosal�a, en si se hab�a muerto alguna vez, si hab�a ido al psic�logo y hasta “qu� le ha salvado de ser gilipollas”. Rosal�a no dud� en contestar a todas y cada una de esas preguntas: que se muere “cada d�a” y que fue durante un a�o a terapia, pero ahora prefiere rezar.
Y tras una entrevista m�s breve de lo que muchos deseaban, el inicio de Ex. La vida despu�s con Rosal�a adquiri� todo el sentido que, tal vez, no tuvo en el arranque. Ana Mil�n escuchaba el disco de Rosal�a por primera vez. “Lo que conocemos de Rosal�a, para ella no es suficiente. Creo que hay una soledad muy profunda en este disco”. No era una cuesti�n de fe, era otra cosa.


