Internacional
Miriam Pablos, la historiadora del arte que convierte los cuadros en relatos
Miriam Pablos naci� en Madrid, pero no presume de ser gata en el sentido geneal�gico, ya que tiene abuelos de Le�n y Asturias. Lo que s� tiene es una br�jula interior afinad�sima para la expresi�n creativa. “Estoy enamorada del arte desde muy peque�a”, asegura rotunda. Estudi� Historia del Arte y, desde los 21, no se ha salido del mapa: Galer�a Marlborough en Madrid, una etapa en Ginebra trabajando con una escultora brasile�a, en Barcelona con la Fundaci�n Antoni T�pies, y despu�s una vida entre visitas guiadas, cursos, viajes culturales y a�os ligados a la UNED (m�ster, doctorado, docencia y mucha trastienda acad�mica).
Lo interesante es que Miriam no se qued� en el “me encanta el arte”, ya que su territorio es el de traducir y contagiar. “Lo que m�s me gusta es estudiar y transmitir”, explica. Y ah� surge esa escena, la de contar una obra y que el oyente la perciba. Y es que tiene la capacidad de convertir una sala de museo en un relato que engancha. Porque saber no basta, hay que saber contar, y Miriam lo sabe. De esa mezcla de oficio naci� su proyecto Musea, una plataforma de audiogu�as premium.
“Me daba much�sima rabia visitar una exposici�n, coger una audiogu�a y que me parecieran, en su inmensa mayor�a, tediosas”. Su idea fue tan simple como brillante: llevar la experiencia de una buena visita guiada —de alguien que sabe, contextualiza, y conecta conceptos y obras— al formato m�vil. “La idea es tener la visita guiada en el bolsillo”.
El proceso est� milimetrado. Miriam se enfrenta a cada colecci�n o exposici�n construyendo un concepto. Estudia la curadur�a, prepara un guion medido en tiempos y ritmo, graba en estudio y edita con un t�cnico de sonido. Hay m�sica en algunos tramos para dar cadencia, pero el hilo conductor es su voz dulce y encantadora. Y eso importa, porque no suena a robot, sino a una gu�a con calma y criterio.
El modelo es tan flexible como contempor�neo, ya que la audiogu�a no solo sirve dentro del museo. Tambi�n se escucha antes, para ir “con la informaci�n hecha” como puntualiza Miriam, o incluso despu�s para volver a una obra con calma. “Tambi�n funciona como un podcast para disfrutar en un avi�n, por ejemplo”, subraya. Y adem�s incorpora un detalle clave: en casa puedes seguir la visita con im�genes desde un ordenador o tablet, lo que resulta muy �til para quien no pisa Madrid, pero no quiere perderse una exposici�n. “Es llevar la experiencia de ver esa muestra a cualquier lugar”, resume.
En lo pr�ctico, Musea se mueve con un precio accesible para la calidad que ofrece: 7,50 euros por audiogu�a, con 72 horas de acceso. La comparaci�n que plantea Miriam es directa: “Es como si hicieras una visita guiada privada, pero sin cuadrar horarios, sin grupos imposibles y sin el estr�s del ‘�por d�nde �bamos?'”. Su enfoque, adem�s, cuestiona la idea de que la historia del arte deba contarse siempre en l�nea recta.
En su audiogu�a de Obras Maestras del Prado, por ejemplo, propone un recorrido org�nico y no necesariamente cronol�gico. Musea empez� con la gu�a Proust y las artes en el Thyssen. “Era gratuita, y sigue disponible”. Despu�s vinieron recorridos por el Prado y el Reina Sof�a. Miriam revela que han funcionado especialmente bien las de Obras Maestras del Museo del Prado y Maruja Mallo. Para ella, el Prado no compite, manda, porque “es la catedral del arte”, sentencia, situ�ndolo por delante del Louvre en experiencia y excelencia.
Lo que s� ve como gran reto no es la falta de p�blico, sino la conexi�n: museos llenos, pero miradas r�pidas, check en redes y poco tiempo real delante de las obras. Su proyecto, en el fondo, es una respuesta a ese problema, porque si el mundo va r�pido, el arte es una buena excusa para detenernos. Ahora est� centrada en los grandes museos de Madrid, pero su visi�n es expansiva: sumar paseos (tiene uno del Madrid antiguo, de Plaza de Oriente a la Puerta del Sol), abrir rutas como El Retiro, y crecer fuera: Barcelona, Bilbao, C�ceres… Apuesta por que el arte vuelva a ser eso que te pasa por dentro, antes de que te d� tiempo a mirar el m�vil.


