Internacional
Liberadas ocho mujeres obligadas a practicar servicios sexuales a menores de edad en un chalé de Ciudad Lineal: dormían en literas en un sótano sin ventilación
Por fuera, un chal� de lujo en el distrito madrile�o de Ciudad Lineal. Pero por dentro, ocho mujeres malviv�an hacinadas en un s�tano sin ventilaci�n, con rejas en los tres peque�os ventanucos que les ofrec�an algo de luz solar, sin documentaci�n, sin posibilidad de salir a la calle y obligadas a prestar servicios sexuales las 24 horas del d�a. Unos servicios, dicho sea de paso, que tambi�n brindaban a menores de edad.
La Polic�a Nacional ha logrado desmantelar este burdel clandestino, deteniendo a seis personas -tanto a los cabecillas de la organizaci�n criminal como a varios trabajadores- y liberando a las ocho v�ctimas (de entre 20 y 30 a�os) tras una investigaci�n iniciada en diciembre de 2025. La autoridad judicial decret� el inmediato ingreso en prisi�n de los principales responsables, un hombre y cinco mujeres, como presuntos autores de delitos contra la salud p�blica, prostituci�n y corrupci�n de menores.
Su modelo de negocio comenzaba en internet. Operaban a trav�s de una p�gina web en la que, adem�s de publicar fotos de las mujeres y presentar los servicios que las obligaban a proporcionar, hab�a un apartado donde candidatas interesadas en este tipo de trabajo pod�an concertar una entrevista personal. Tras esa primera reuni�n, ofrec�an a las v�ctimas un contrato ficticio, redactado con deliberada opacidad, que la mayor�a firmaba “sin que la v�ctima fuera conocedora de su contenido, incrementando exponencialmente su situaci�n de vulnerabilidad”.
En ese documento figuraban dos condiciones que sellaban su suerte: la cesi�n de im�genes y la exclusividad para ejercer la prostituci�n en la vivienda designada por la organizaci�n. Una vez rubricado, el margen de maniobra era pr�cticamente nulo.
La vida dentro del chal� estaba regida por una disciplina muy autoritaria. Los responsables hab�an instalado un timbre que funcionaba como alarma: cuando sonaba, las mujeres deb�an abandonar inmediatamente lo que estuvieran haciendo -incluso comer- y presentarse ante los clientes. Obviamente, sin posibilidad de negarse.
Los investigadores encontraron en la vivienda una pizarra con el registro de las multas econ�micas impuestas a las v�ctimas, y carteler�a repartida por toda la casa con las prohibiciones y normas que deb�an acatar. Por ejemplo, en el sal�n hab�a un folio donde se pod�a leer “Prohibido sentarse en el sof� sin bragas”. Intentar negarse a prestar alg�n servicio ten�a sanci�n. No limpiar el chal� seg�n los par�metros marcados, tambi�n. Las propias v�ctimas eran las encargadas de mantener en orden la casa en la que eran explotadas.
Para vigilar a las trabajadoras sexuales, dos empleadas de la organizaci�n criminal se alternaban en turnos de 12 horas que cubr�an la ma�ana y la noche. �stas gestionaban las llamadas, organizaban las citas, vend�an droga a los clientes y cobraban los servicios, que pod�an abonarse en efectivo, con tarjeta o mediante aplicaciones de pago. Un negocio perfectamente estructurado.
Las dos plantas superiores del chal� eran el escenario de la actividad. El s�tano, al cual se acced�a por una escalera estrecha y angosta, era donde viv�an las v�ctimas. Al fondo de dicha escalera hab�a dos habitaciones peque�as con literas. Las mujeres dorm�an all�, con sus pertenencias apiladas en el suelo y sobre los colchones porque no hab�a otro sitio donde ponerlas.
La ventilaci�n era pr�cticamente inexistente. Solo tres peque�os ventanucos en la parte alta de la pared, bloqueados por rejas que imped�an cualquier posibilidad de fuga, incluso en caso de incendio. Y un �nico cuarto de ba�o para las ocho. Algunas de ellas no hab�an salido al exterior desde el d�a en que llegaron. Su documentaci�n hab�a sido requisada y escondida por uno de los cabecillas.
Tal y como apuntan fuentes policiales a este diario, el burdel era “muy frecuentado”. En los tres meses de vigilancia vieron entrar y salir a m�s de 600 clientes. “En menos de un a�o consiguieron m�s de un mill�n de euros… Todo en negro. Era muy lucrativo”, agregan las mismas fuentes.
Entre quienes acud�an al chal� hab�a menores de edad. La organizaci�n lo sab�a. Las mujeres, que no pod�an negarse a ninguna pr�ctica sexual bajo ninguna circunstancia, tampoco pod�an hacerlo en estos casos. Deb�an adem�s desplazarse fuera de la vivienda cuando alg�n cliente lo requer�a, portando droga que estos hab�an encargado previamente.
El registro del domicilio, practicado en febrero, depar� la intervenci�n de 2.000 euros en efectivo, tel�fonos m�viles, documentaci�n diversa y coca�na. M�s tarde pudieron hablar con las afectadas, muy desconfiadas al principio, gracias a la conciliaci�n de mediadoras (antiguas v�ctimas de trata que ahora colaboran con la Polic�a). �stas integran entidades especiales que trabajan de la mano con las autoridades y con la Fiscal�a, muy presente tambi�n en este caso.




