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Internacional

Vinicius rompe los papeles de Guardiola en el paraíso eterno del Madrid

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A Guardiola se le cayeron los papeles con un golpe de viento. Cuando los recogi� del suelo y levant� la cabeza, ya no hab�a forma de ordenarlos. El partido hab�a pasado. La eliminatoria, tambi�n. El Hijo del viento llamaban al atleta Carl Lewis de la misma forma que se lo podr�an llamar, hoy, a Vinicius. Es el mismo viento, la misma zanacada, impetuosa y a la vez liviana, l�quida pero mortal. Apareci� el brasile�o en los claros del City para provocar el caos, la obsesi�n de Guardiola, porque sabe que el f�tbol supera las 64 casillas del ajedrez y que el control que persigue es una utop�a. El caos es un instante, suficiente para sepultar una eliminatoria, y para el que el bipolar Vinicius est� hecho a la medida.

El zigzag de Vini acab� con un lanzamiento al palo y el regreso de la jugada volvi� a encontrar al brasile�o en el lado opuesto. Lanz� duro, apretado al palo, y Bernardo Silva no tuvo m�s remedio que sacar el codo. El VAR tard� tiempo pero sin suspense. Era claro. Al penalti se a�adi� la expulsi�n del jugador portugu�s. Una decisi�n tan inapelable como excesiva, aunque lo diga la regla, porque castiga dos veces de la forma m�s severa una misma acci�n. El f�tbol no atiende al non bis in idem. L�stima.

Vinicius no fall� esta vez en un lugar maldito. Lo hab�a hecho en el Bernab�u, por lo que el gol tuvo algo de desagravio, no s�lo de tranquilidad. Guardiola no se rascaba la cabeza. Lo hab�a hecho antes del partido, pero en esa situaci�n no hab�a m�s que entregarse a un peligroso intercambio de golpes con el objetivo de ganar el partido. Todo es posible en el f�tbol y en el caos, pero Pep tiene poco de madridista, quiz�s sea demasiado racional para creer en lo imposible.

Guardiola, durante el partido.

Guardiola, durante el partido.EFE

El entrenador del City hab�a corregido sus errores en el Bernab�u, donde empach� a su equipo con tanto delantero, demasiada pimienta que le impidi� hacer la digesti�n. En la vuelta incluy� a Reijnders y dio m�s campo a Bernardo Silva, adem�s de incluir a Cherki, con la intenci�n de que jugara hacia dentro. El City fue m�s City pero mucho menos City que tiempo atr�s. Doku y despu�s Doku era la �nica amenaza real, con un Haaland inc�modo y desubicado. Courtois puso las manos donde siempre las tiene, en la pila del agua bendita, y el Madrid �nicamente tuvo que esperar al espacio, al caos. La realidad es que apareci� nada m�s empezar, pero Valverde, solo frente a Donnarumma, no se lo crey�, segu�a en el sue�o del Bernab�u.

Sin Mbapp�, con Mbapp�

Al contrario que Guardiola, Arbeloa no ten�a que hacer experimentos. Con Mbapp� en el banco hasta la segunda mitad, repiti� la f�rmula con un centro del campo bien poblado, de nuevo con Thiago Pitarch y Brahim, el�ctrico en una acci�n que mereci� el gol y constante con sus movimientos. En este Madrid de circunstancias por las bajas ha entrado como un marine. Merece no quedar en el olvido cuando el resto regrese. El resto son Bellingham y Mbapp�, que tuvo sus minutos despu�s de la inactividad por lesi�n, en los que pudo ser objeto de un penalti y se carg� con una amarilla in�til. Una vez recuperado el franc�s, corresponde a Arbeloa la compatibilidad con lo que ha hecho hasta ahora y con la buena aportaci�n de la cantera que personifica Thiago Pitarch.

En el Etihad volvi� a intentar estar en todas partes, pero hacerlo frente a Doku es un martirio. El extremo se fue del canterano para dar un nuevo centro que, esta vez s�, Haaland aloj� en la red. Ha sido su �nica aportaci�n en dos partidos, en los que el gigante noruego parec�a un Polifemo domesticado. Cherki o Marmoush han mostrado m�s peligro, aunque sin gol. Despu�s de Courtois, tocado, Lunin puso lo suyo para no llegaran, en el tramo en el que el Madrid defendi� cerca de su porter�a, demasiado, frente a un City a la desesperada.

M�s, muchos m�s goles, pudo marcar el Madrid y, en concreto, Vinicius, con un especial apetito por hacerlo en el Etihad, a cuyo p�blico le record� las l�grimas que le dedicaron cuando Rodri gan� el Bal�n de Oro. Alto, al costado, al cielo de Manchester, a todas partes lanz� el brasile�o en llegadas que aprovechaban los espacios dejados por el City, m�s de una hora en inferioridad. Lo hizo, incluso, en fuera de juego hasta que el tiempo a�adido le dio el fruto de la victoria. Guardiola le felicit� en el campo antes de irse a su vestuario, como si se marchara de un para�so perdido. Hoy no sabe si regresara. Ese para�so es la Champions, el para�so eterno del Madrid.


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