Internacional
Torrente es de extremo centro
Alberto Herrera le pregunt� a la Cope a Santiago Segura si era de izquierdas o de derechas. Por lo general, m�s que una pregunta, el planteamiento es una intromisi�n y adem�s algo antigua, como guiarse con un mapa de carreteras en la era del GPS. En el caso de Segura es una pregunta pertinente y Alberto hizo bien en plante�rsela, porque es algo que estaba deseando saber su audiencia y porque le permiti� al invitado encarar un asunto relevante.
Hubo un tiempo en que los colorines de los peri�dicos se entreten�an jugando a adivinar si Los Simpson eran de izquierdas o de derechas. Pas� luego con South Park o con Padre de Familia. Si, vistas hoy, todas parecen muy de derechas es sencillamente porque la izquierda se ha vuelto un co�azo y su reba�o naufraga intelectualmente entre la literalidad y el sofoco. Pero esto no es lo relevante en lo que se refiere a Torrente.
En Espa�a hay una ansiedad estabuladora y un v�rtigo de la ortodoxia. Del primer Torrente lo que se cuestionaba era su gusto est�tico, hab�a quien no soportaba que la mugre fuera un personaje m�s y que los di�logos se precipitaran hacia la especulaci�n de la textura del esmegma. La repugnancia hoy es pol�tica. Hay un pavor a la risa pecaminosa, como si re�rse de los gags de un expolic�a racista te hiciera c�mplice de un delito de odio.
Ojo, que esto tambi�n le ocurre a la derecha puritana, que cuenta los minutos de parodia de Vox para sentenciar escandalizado: �Lo sab�a, Segura es un progre emboscado�. A m� me gusta Segura, porque el �xito no me agrede, me admira, y el tipo triunfa en la comedia familiar y en el sucio astrac�n. Va de Pap� Noel a Torrente sin inmutarse y siempre forr�ndose.
Torrente es lo m�s parecido a una s�tira pol�tica de cuanto hace la adocenada industria cultural en Espa�a. Sus cameos son una feliz desmitificaci�n de nuestra vida p�blica y, en general, nos permiten re�rnos un poco del tremendismo espa�ol y de la solemnidad con la que solemos revestir hasta el suceso m�s anecd�tico.
Quien entiende el entretenimiento como un apostolado considera que Segura se dedica a pervertir al pueblo, que en lugar de descojonarse con las iteraciones de las pajillas deber�a estar ley�ndose El Capital. Pues muy bien. Que circulen. Dir�a: que dejen sitio. Pero ya no hay entradas.



