Deportes
Riazor, la ciudad de los deportes

Vista aérea de la Ciudad Deportiva de Riazor (polideportivas, estadio, palacio, frontón y piscina) en 1999
RC DEPORTIVO
Aunque el estadio de Riazor sea desde hace décadas su epicento, la Ciudad Deportiva de Riazor se pensó originalmente como su propio nombre indica, como un complejo polideportivo, enclavado en el interior de un cierre común, en una misma manzana que en el momento de su inauguración se encontraba a las afueras de la ciudad. Aunque con el paso de los años ha ido perdiendo esa unidad y uniformidad, la entente Ayuntamiento-Diputación-Deportivo parece indicar que el camino de las instalaciones vuelve a retomar sus huellas primigenias.
Varias ideas están sobre la mesa desde el inicio. La primera consiste en reformar el Palacio de los Deportes al estilo de lo realizado recientemente en Oviedo, en una instalación similar a la coruñesa, ganando grada rebajando el nivel de la cota de la cancha. La segunda es una reforma total de las polideportivas 1 y 2. O lo que es lo mismo, derribarlas para construir unas nuevas. La gran incógnita es el estadio, el gran punto de fricción entre María Pita y la plaza de Pontevedra en los últimos años. El Deportivo no quiere un estadio para más de 40.000 aficionados y el consistorio quiere un coliseo en el que también puedan organizarse festivales de música y macroconciertos.
La evolución de Riazor
El proyecto definitivo de la Ciudad Deportiva de Riazor nace bajo la batuta de José Pérez-Ardá, cuando el futuro alcalde (1939-1940, 1942-1944 y 1969-1974) es concejal de urbanismo, en agosto de 1938. El abogado y político habla de un espacio de 41.000 metros cuadrados en la zona del Ensanche, “más que suficientes para hacer una obra monumental”. Pérez-Ardá menciona dos estadios como referencia: el Stade de Gerland (Lyon) y el Stadio Nazionale del PNF (Roma). Riazor acaba pareciéndose a ellos y a un puñado de coliseos europeos más, como el Giovanni Berta (Florencia), el Parc Lescure (actual Jacques Chaban-Delmas, en Burdeos), el Olympiaschanze (Garmisch-Partenkirchen) o las pistas centrales de los complejos tenísticos de Roland Garros (París) y Wimbledon (Londres).
De la mayoría de ellos, sin embargo, se diferencia en su concecpión multideportiva. Riazor no será solo un estadio. Santiago Rey Pedreira es el arquitecto encargado de dibujar, en septiembre de 1938, una instalación polideportiva: campo reglamentario de fútbol, hockey hierba y rugby, rodeado por una pista de atletismo sobre la que puede montarse una pista de madera para pruebas ciclistas y motociclistas. Otro terreno para entrenamientos y partidos de fútbol aficionado. Otro campo para hockey hierba, tres pistas de tenis, un picadero cubierto, una pista de baloncesto y un frontón, presididos por una torre de 47 metros de altura, y abiertos al mar por un espectacular intercolumnio de la misma anchura. El perímetro del cierre tiene una longitud de 912 metros.
El Ayuntamiento renuncia a construir la zona dedicada a la hípica durante el otoño de 1942. El estadio abre sus puertas el 29 de octubre de 1944, con un encuentro de Primera División entre Deportivo y Valencia. Los demás recintos cortan su cinta más de un decenio después. Las canchas de tenis –finalmente dos, no tres– se inauguran el 26 de junio de 1956. La pista de patinaje –que reemplaza a una de las dos de tenis– se estrena el 4 de agosto de 1960. El frontón, inicialmente descubierto, no lo hace hasta 1965. Su techo se completa el 22 de diciembre de 1977, día en que se inaugura una obra de reforma en la que también está incluido otro de los viejos sueños coruñeses, la nueva piscina municipal bajo techo.
Entre medias, Riazor ve cómo se completan otras dos grandes obras. La primera, la construcción de las dos polideportivas cubiertas. Los recintos de la avenida de La Habana sustituyen a la cancha de tenis y la pista de patinaje en 1969, con motivo de la celebración en la ciudad de los Juegos del Cantábrico. Unos meses antes de ese evento, con el derribo del intercolumnio bautizado como Pórtico de Olimpia, comienza la construcción del Palacio de los Deportes. El proyecto, también firmado por Rey Pedreira, se completa en menos de dos años, ya que se inaugura el 1 de agosto de 1970 –cuando Pérez-Ardá vuelve a ser alcalde– con un encuentro de hockey patines entre la selección española y una mundial.
Durante su más de medio siglo de vida, el pabellón ha experimentado diversas mejoras, la principal en 2011, con la colocación de vidrios en la fachada, la nueva pista de atletismo, la instalación de asientos y las mejoras de los vestuarios y de las salas de entrenamiento.
El tercer estadio
Un mes antes de completar la piscina y el frontón, A Coruña presenta ante el Real Comité Organizador del Mundial 82 toda la documentación requerida para las candidaturas y la maqueta de la remodelación del estadio. Menos de dos años después, Riazor es elegido sede de la Copa del Mundo de fútbol. La reforma debe ser integral debido al deterioro de la obra original. Antonio Desmonts diseña un nuevo Riazor que se completa en tiempo récord y del que solo se mantiene en pie la Torre de Maratón.
Aquella primera gran reforma pierde vigencia con la explosión del SuperDépor. El club blanquiazul necesita otro tipo de estadio. Las pistas de atletismo pasan a la historia en 1995 y Riazor se cierra por los cuatro costados definitivamente en 1998, aunque la Tribuna y la Preferencia de 1982 se mantienen intactas. El tercer Riazor llega a la actualidad con una sola obra de gran calado más, la renovación de la cubierta concluida en 2019.
A la ‘manzana del deporte’ se suma en 2007 la Casa del Agua, levantada en el conocido como ‘picadero’, el terreno de tierra entre las polideportivas y Manuel Murguía en el que durante muchos años entrenan el Deportivo, el Fabril y los juveniles blanquiazules.


