Internacional
Halluda
En el velatorio del jueves de Raúl del Pozo, a media mañana, en un momento tonto en el que ya se habían ido unos y todavía no habían llegado otros, me abordó una señora de entre 70 y 80 años, delgada, pelo corto, pulcramente vestida. Me dijo: «¿Le puedo dar algo?». No me preguntó quién era yo, no quiso saber si era periodista o qué hacía allí, pero fue amable en esas cuatro palabras. Le dije que sí, claro, y la señora me entregó un sobre del tamaño de una hoja A4 doblada por la mitad. Gracias, gracias a usted, adiós. En el envés del sobre estaba dibujado con pulso tembloroso un corazón y dentro de él, escrita con caligrafía infantil, algunas palabras sobre la muerte y el amor. «Si nada nos puede salvar de la muerte, que al menos el amor nos salve la vida, muchas gracias por su atencion», con la palabra atención escrita sin acento y con una coma donde debería aparecer un punto seguido.
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Miré el sobre sin llegar a buscar las gafas: textos escritos a mano, recortes de prensa, un dibujo de Blancanieves. Pensé «pobre mujer». Pensé «una loca, supongo». Guardé los papeles porque tirarlos habría sido una crueldad insoportable para mí mismo y más o menos olvidé el asunto hasta esta mañana, hasta el momento de ordenar el escritorio. En fin: aquí tengo los papeles del velatorio, 14 hojas dobladas por la mitad y arrevistadas, casi como un fanzine. Hay algunos sueltos más pequeños, también.
«El hombre bajo el sino de la desgracia» se lee en un titular en el primer pliego. «Eso no puede pasar aquí», en el siguiente. «Las conductas suicidas entre menores se han multiplicado por 35 en una década». «El Padre Ángel, el cura falangista que bendice a Pablo Iglesias». Etcétera. Los recortes de prensa están rodeados por textos caligráficos, intrincados y llenos de faltas de ortografía evidentes, palabras como «halluda» que resultan extrañas en la mano de una mujer de maneras impecables y dedicada a la grafomanía.
Hay varias obsesiones: Telecinco, los fundadores de Podemos, Belén Esteban… Pero esas son las subtramas que se derivan del nucleo del conjunto, la verdadera herida que explica el sobre que tengo en las manos.
En fin, esta es una suposición, no una certeza: diría que la señora tiene o tuvo un hijo que se suicidó o lo intentó, no lo tengo claro. Y diría que el hijo está o estaba en guerra con el mundo por una sentencia de divorcio dura que le restringió el acceso a su propio hijo, el nieto de mi corresponsal. Pero diría que, en realidad, la señora no pide desagravios, no ofrece pistas ni nombres para que alguien haga justicia. Insinúa una lectura política del drama, sí, pero sin énfasis. Sólo al escribir sobre Belén Esteban se crispa un poco. El efecto es cómico y casi dulce. El documento es triste pero bonito, dejadme usar esa palabra. Y ahora, yo lo voy a tirar. Ya lo siento. ¿Qué hago si no?



