Internacional
“El mundo no se creó así de bonito para que vayas a trabajar e intentes llegar a fin de mes”: 22 años viajando en familia en un coche de 1928
Un coche Graham-Paige de 1928, con motor original, su baúl de madera y su ruidosa bocina, no parece, a primera vista, el medio ideal para viajar por todo el mundo. Sin embargo, para Herman y Candelaria Zapp fue el comienzo de una gran aventura familiar. El 25 de enero de 2000 dejaron atrás su casa en Argentina para recorrer 15 países hasta llegar a Alaska. La idea era que, tras llegar a su destino, volverían a su país natal para asentarse de forma definitiva. Pero no fue así. Soñadores y curiosos, decidieron convertir aquella aventura de juventud en su forma de vida.
En el camino, han bajado el río Amazonas en una canoa, han volado en globo y han conocido a tribus africanas, pero también han formado una familia. Sus cuatro hijos nacieron en distintos puntos del planeta, convirtiendo la carretera en su rutina y el mundo en su patio de juegos. Más de dos décadas después, con 362.000 km a la espalda y habiendo visitado 102 países, han decidido empezar una nueva etapa y ayudar a los viajeros a atrapar su sueño, tal como ellos hicieron. Herman y Candelaria hablan con La Vanguardia de criar hijos en constante movimiento y a qué desafíos se han enfrentado en esta travesía.
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¿Cómo os conocisteis?
Candelaria: Tenemos una historia de amor preciosa. Nosotros nos criamos en el campo, pero nuestras familias decidieron mudarse a Buenos Aires. Yo iba a un colegio de mujeres y me hice muy amiga de su prima hermana. Ella siempre me invitaba a su casa, y así conocí a Herman.
Herman: Ella tenía ocho años y yo, diez. Todos los chicos y amigos estaban enamorados de ella, así que había que apurarse. Una vez, mi prima la invitó a pasar las vacaciones de invierno en el campo de mi abuelo, donde me crié. El vecino nos había pedido que le ayudáramos a mover unas vacas de un lugar a otro. Ella se acerca a mí y me dice, en secreto: “Esas vacas están muy flacas”. Y yo le dije: “Te quiero”. Teníamos 14 años.

C: ¡Me quedé congelada! Éramos tan amigos que pensé que estaba soñando. Huí de allí y, al llegar la noche, me dijo: “Bueno, Cande, ¿sí o no?”. ¡Y le dije que no! Pensaba que si algún día llegábamos a cortar, dejaríamos de ser amigos, pero él me respondió: “No pienso cortar nunca con vos, Cande”. Y ahí empezó todo. Cuando volvimos a Buenos Aires, ya estábamos soñando con viajar y con tener 7 hijos. Los primeros 10 años de noviazgo mantuvimos ese sueño.
¿Cuándo decidisteis que era el momento de cumplir vuestro sueño de viajar juntos?
C: Nos casamos y nos prometimos que, a los 12 años de casados, nos íbamos de viaje. Teníamos trabajo, empezamos a ahorrar y construimos una casa. Nos dejamos llevar por la rutina y el viaje quedó relegado. Empezamos a tener ganas de tener hijos y pensamos que, si los teníamos, iba a ser imposible viajar. Así que, antes de tener a nuestros hijos, sacamos del cajón el sueño de viajar. Pusimos fecha: el 25 de enero del 2000 nos vamos, sea como sea. Decidimos ir a Alaska porque era lo más directo sin tomar aviones ni barcos.
H: El viaje iba a ser de seis meses porque era para lo que teníamos dinero. Cuando llegáramos a Alaska, la idea era volver para formar esa familia. Nadie se creía que lo íbamos a hacer.
Nos casamos y nos prometimos que, a los 12 años de casados, nos íbamos de viaje
¿Cuál fue el momento más difícil de esos comienzos?
C: Creo que fue tomar esa decisión. Cuando uno tiene que seguir al corazón, no a la mente ni a lo que dicen. Además, teníamos muchos miedos porque estábamos dejando lo conocido para ir en sentido contrario.
H: En el año 2000 no había las comunicaciones que hay ahora. No teníamos móvil, ni GPS, ni las redes sociales que existen actualmente. Incluso, no teníamos mapas, porque hasta que no llegábamos a la capital del país, no conseguíamos uno.
C: También tuvimos muchísimo miedo a la gente. Cualquier persona que se nos acercaba, pensábamos: “¿Qué querrá este tipo? ¿Nos está queriendo engañar?”.

¿Qué os hizo decidir que vuestro viaje no acababa en Alaska?
H: Vimos un cartel anunciando que quedaban solo 30 millas para llegar a Alaska y Cande se echó a llorar. Decía que no quería llegar allí porque se acababa el sueño. La verdad es que lo bonito no es cumplir un sueño, sino vivirlo. Nos pusimos a pensar en ello y llegamos a una conclusión: Alaska era el final de un sueño, sí, pero ¿y si era también el comienzo de otro? Y fue ahí cuando hicimos clic. Nos dimos cuenta de que los mejores años de nuestras vidas habían sido conociendo esos países. Así que decidimos ir a por más.
¿Cómo llegó a vuestras manos el coche Graham-Paige con el que empezó esta aventura?
H: Cuando faltaban tres meses para irnos, un conocido me ofreció un coche antiguo. A mí nunca me habían interesado los coches, pero fui a verlo por curiosidad. Y me enamoré. Sentí que debía viajar con él. Lo compré sin permiso de Candela. Aparecí en casa con el coche en una grúa porque no arrancaba. Empecé a hacer pruebas para ver si funcionaba bien. Encontré un mecánico que no me cobraba, pero solo podía venir los fines de semana a ayudarme. No fue hasta dos días antes de nuestra fecha de salida que pudimos arrancarlo. Entiendo que viajar con un coche de 1928 supondría muchos retos.

Entiendo que viajar con un coche de 1928 supondría muchos retos
C: Sí. Por ejemplo, no cierran bien las puertas. No son herméticas y hay un montón de rendijas por las que se cuela el aire. Una vez estábamos en el Tíbet, a punto de llegar a un paso de montaña a 5.000 metros. Eran las 17:00h de la tarde y empezaba a anochecer. Nuestro coche funciona a 50 km/h, más o menos, y a esa altitud, a menos velocidad incluso. Cuando lo pasamos, había una tormenta de nieve al otro lado. Como las puertas no cierran bien, a través de esas rendijas entró nieve. Yo tenía la cara, el pelo, todo cubierto de nieve. Además, no veíamos nada y nuestro limpiaparabrisas es manual, tenemos que moverlo nosotros.
H: Es que, claro, tú ves ese vehículo, tan sencillo, que piensas que se va a romper en nada. Es cierto que se ha estropeado un montón de veces, pero, con cada rotura era una historia nueva. Era mirar atrás una vez lo arreglábamos y pensar: “Que suerte que se estropeó”.
Cuando faltaban tres meses para irnos, un conocido me ofreció un coche antiguo. Sentí que debía viajar con él.
¿Cómo fue convertirse en padres en la carretera?
H: Espectacular. Ya desde el embarazo, porque que un niño empiece a crecer mientras estás viviendo un sueño… Pampa nació en Carolina del Norte, Tehue en Buenos Aires, Paloma en Canadá y Wallaby en Australia. No puedo describir la calidad y la cantidad de tiempo familiar que vivimos juntos. En una vida normal, uno llega cansado a casa y tiene que limpiar y cocinar. Queda poco tiempo para la familia, pero aquí no. Nosotros estuvimos a su lado desde el principio. Le respondíamos a cada pregunta, le mostrábamos el mundo de nuestra mano y le regalamos la posibilidad de ver que hay miles de formas de trabajar, de vestir o de rezar. Que mi forma de pensar o de gobierno puede ser completamente diferente a la de otro sitio, y está bien. Y eso los chicos lo palparon desde pequeños, aceptaron el mundo tal cual era.

C: Nos encantó que hayan crecido en el viaje porque no solamente fueron parte de él, sino que fueron socios. Los necesitábamos, éramos un equipo. No era que nosotros los llevábamos y ellos solo iban, sino que todos cumplían una función. Eso es muy importante cuando viajas en familia porque tienen que sentir que son parte, que tienen un rol.
¿Qué han aprendido ellos en esta travesía?
C: Yo les daba clases. Tenía que saber de química, física, matemáticas, funciones cuánticas… Al principio fue difícil, pero encontré la manera de que me gustara educar. En cada lugar, hacíamos el aprendizaje. Por ejemplo, si les explicaba la cadena alimenticia, podían ver a los ciervos, los monos o el leopardo y entenderlo in situ. O enseñarles las montañas más altas desde el mismo Everest o el Tíbet. Eran clases en vivo y en directo.
H: También aprendieron a adaptarse a un mundo que es muy cambiante. Es muy bueno aprender esto. Que en una casa de familia se come con las manos, pero en otra con palillos.
C: Creo que la lección más esencial que tuvieron fue que los sueños se pueden cumplir. Se lo estábamos mostrando. No les decíamos “seguid vuestro corazón”. Nosotros lo estábamos poniendo en práctica, ellos veían cómo cumplíamos nuestros sueños y estaban siendo parte de ello. Era la demostración real de que podían conseguir lo que se propusieran.
¿Qué es lo más bonito que habéis vivido en estas más de dos décadas de viaje?
H: La gente. Tenemos más de 8.000 millones de socios. Estuvimos en más de 1.300 casas de familia. Lo que al principio era nuestro mayor miedo, se acabó convirtiendo en lo mejor. Una vez, en Perú, íbamos a acampar, pero una familia nos invitó a su casa. Su hogar era una sola habitación, con paredes de caña y suelo de tierra. Nos dieron los únicos pedazos de carne que tenían y nos cedieron sus camas para dormir. No es que nuestra familia fuera increíble y diera la vuelta al mundo solos, sino que la humanidad fue increíble porque nos dio una mano para dar la vuelta al mundo. Además, les das la oportunidad de formar parte de un viaje maravilloso. Un hombre en Ecuador me dijo: “Es muy lindo cumplir un sueño, pero haber sido la persona que ayudó a que un sueño se cumpla es aún más bonito”.
Creo que la clase más esencial que tuvieron nuestros hijos fue que los sueños se pueden cumplir
¿Cómo habéis financiado un viaje de tantos años?
H: Quedarnos sin dinero era uno de nuestros miedos. De hecho, nos pasó en aquel primer viaje. Al llegar a Ecuador, se nos acabaron los ahorros. Entonces, tuve la brillante idea de decirle a Cande que pintara en papel y yo lo enmarcaría. Nunca había enmarcado, ni ella había pintado profesionalmente, pero la necesidad hizo que nos ganáramos la vida así.
C: Empezamos a vender en las plazas de los pueblos, algo que nunca habíamos hecho. Yo era secretaria y él, electricista. Fue un gran crecimiento personal porque la necesidad te hace capaz de muchas cosas.

H: Luego llegamos a Colombia y un señor nos ayudó a crear postales con nuestras fotos y unas libretas para que la gente apuntara sus sueños. Pero la gente no quería esas libretas, quería conocer nuestra historia. Así que escribí nuestro primer libro, Atrapa tu sueño. Ahora ya tenemos cuatro y, con ellos, hemos ido financiando el viaje.
Volvisteis a Argentina en 2022. ¿Ahora qué?
C: Hemos cumplido otro sueño que teníamos: tener un lugar para recibir viajeros. Y ahora lo tenemos, se llama Zapparancho. Tenemos camping, hostel y habitaciones. Incluso hay gente que está construyendo su autocaravana o que la deja aquí durante la semana.
H: Sí, tenemos un lugar maravilloso que era cómo soñábamos. Queríamos que la gente pudiera venir y contar sus viajes, inspirarse y motivar a otra gente. También les ayudamos con la mecánica, con los papeles, lo que haga falta. De la misma manera que a nosotros nos ayudaron, queremos devolver eso.
¿Qué os lleváis de un viaje de más de dos décadas?
H: Lo maravilloso de un viaje así es que te descubres. Es muy bonito conocer lugares nuevos, pero descubrir el ser que eres, lo increíble que eres y darte cuenta de tu exclusividad. Que nunca en la historia de la humanidad hubo una persona como tú y nunca la habrá.
C: Cuando estás en el mundo, te das cuenta de lo encerrado que estabas en tu pequeño círculo. Viene alguien en el que jamás habrías confiado y te ofrece su casa, y te das cuenta de que puedes ser su amigo.

Por último, ¿Qué consejo le daríais a alguien que quiere seguir vuestros pasos?
H: Que sigan para adelante. La vida está hecha para los soñadores. El mundo no se creó así de bonito para que vayas a trabajar y trates de llegar a fin de mes y nada más, sino para que lo disfrutes. Y que no utilicen a los hijos de excusa. Mucha gente no viaja por culpa de los hijos. ¿Qué tienen que ver ellos? Más bien, tendría que ser al contrario; es una razón maravillosa. Si trajiste niños al mundo, muéstraselo. Nosotros quisimos mostrárselo. Les van a dar unas herramientas increíbles para desenvolverse en la vida. No van a tenerle miedo a la sociedad y van a tener un amor impresionante que dar.
C: Yo les diría que no esperen a estar preparados porque es una de las mayores excusas que se ponen. No hay que estar preparado al 100% porque el mundo está preparado para tu sueño. Tiene todo lo que vas a necesitar y está ansioso por dártelo. Solo hay que confiar y andar.


