Deportes
Deportes y valores
Lo ocurrido el pasado jueves entre dos equipos de fútbol cadetes de nuestra ciudad, es otro recordatorio de que a menudo, en el deporte base, los menores suelen ser los únicos que se comportan como adultos. Un partido que tenía que ser un pasatiempo terminó con chavales de 14 años refugiados tras una valla mientras, según el acta del árbitro, “unos 30 aficionados intentaban tirarla abajo”. Todo por un marcador que dentro de dos semanas nadie recordará, ni falta que hace. La escena es absurda y preocupante: insultos desde el banquillo, amenazas del tipo “cuando acabe el partido os vamos a coger”, discusiones entre padres y delegados, acusaciones cruzadas y hasta daños en el vestuario. Y en medio, los niños, que solo habían ido a jugar al fútbol; que ejemplo más triste. Lo dramático es que esto no es un caso aislado. Cada fin de semana, en campos de toda España, los valores que deberían guiar el deporte formativo -respeto, inclusión, compañerismo y otros que usted pueda añadir- quedan enterrados bajo una competitividad idiota y mal entendida que algunos adultos viven como si estuvieran en una final de Champions. Los niños suelen aprender y repetir lo que ven; y si lo que ven es crispación, gritos, amenazas y a un padre fuera de sí, poco espacio queda para educar en lo que realmente importa. Quizá va siendo hora de que algunos trogloditas se miren al espejo, porque si los que deberían enseñar a jugar limpio y ser ejemplo de educación, son los primeros en perder los papeles, no es extraño que los menores acaben detrás de una valla buscando protección. Que imagen más desoladora.


