Internacional
Sean Penn gana su tercer Oscar, se corona en el olimpo de Hollywood y no va a recoger el premio a Mejor actor de reparto
En toda Una batalla tras otra, entre sus múltiples objetivos, el coronel Steven J. Lockjaw, tiene uno bien claro: llegar a las puertas del cielo por la vía del supremacismo blanco, de la violencia y de todo lo que sea necesario. No lo consigue, pero es como si esas puertas de alguna forma se hubieran quedado abiertas para quien, en el extremo opuesto de su militancia, hubiera decidido asaltarlas al meterse en su piel. Ese es Sean Penn. Y el cielo es un nuevo Oscar, el tercero, ahora a Mejor actor de reparto, que el actor ha decidido no recoger porque no estaba presente en la gala.
Fue Kieran Culkin, ganador en la misma categoría el año, el encargado de presentar al ganador, de salir agarrado al cabezón dorado y de mostrar a la cámara el tarjetón en el que ponía el nombre de Sean Penn para que no quedaran de dudas de que sí había entrado en el olimpo aunque no estuviera allí. “Tendré que llevármelo yo”, bromeó Culkin antes de abandonar el escenario.
Esa estatuilla, forjada en la misma encarnación del diablo que Paul Thomas Anderson quiso construir en un estridente Lockjaw, es la constatación de algo ya sabido: que Sean Penn es parte del olimpo de Hollywood. Solo que ahora lo constata un palmarés donde nadie está por encima del californiano. Sí a su lado. Porque desde este domingo son tres los actores con tres Oscar en su poder: Jack Nicholson, Daniel Day Lewis -este con tres protagonistas- y el propio Penn. La santísima trinidad del cine estadounidense si a los premios se atiende.
Hasta ahí llegó Sean Penn después de mamarlo en la infancia con un padre director, Arthur Penn, y una madre actriz, Eileen Ryan, que le introdujeron en la industria cinematográfica. Después de una carrera profunda que empezó como cadete en Taps, más allá del honor -donde compartía elenco con Timothy Hutton y Tom Cruise- hasta llegar al general supremacista de Una batalla tras otra. Después de que Clint Eastwood le diera su primer Oscar con ese padre mafioso al borde de la destrucción en Mystic River -ese sí recogido en el año 2003-. Después de que el activista por los derechos LGTBI Harvey Milk, con la película Mi nombre es Harvey Milk de Gus Van Sant, le diera el segundo -también con el actor presente-. Aquí está ahora el tercero que alguien le tendrá que entregar en otro momento.
Hay también algo de ironía en que sea este el personaje que le permita a Sean Penn ganar su tercera estatuilla. Porque no hay actor más ideológicamente alejado de ese coronel que él mismo. El intérprete californiano ha hecho siempre gala del activismo político como pieza fundamental de su carrera. Él fue uno de los más beligerantes con la Guerra de Irak iniciada por George Bush, fue defensor de la figura de Hugo Chávez y se reunió con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, para expresar su condena a la invasión rusa. En la primera fase de su discurso como ganador del Oscar en 2009 lo dejó claro: “Si hay algo que los actores saben, aparte de que no había armas de destrucción masiva, es que no existe el mejor en la actuación”.
Y Sean Penn, sin duda, es uno de ellos. Esté o no esté presente.



