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Por qué Trump también recurre a la ayuda de Pekín: las señales contradictorias del líder estadounidense

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La naturalidad con la que Donald Trump ha hecho durante a�os afirmaciones contradictorias, jugando con los “hechos alternativos” —unas declaraciones que hac�an sacudir la cabeza en las canciller�as de medio mundo y suscitaban comentarios primero de sorpresa, luego sarc�sticos—, ahora, en tiempos de guerra, se convierte en motivo de desconcierto y alarma para muchas capitales: las de los pa�ses a los que el presidente estadounidense ha pedido que env�en unidades militares para defender la navegaci�n en el estrecho de Ormuz frente a los iran�es.

Todo ello pocos d�as despu�s de los comentarios despectivos de Trump sobre la oferta de Gran Breta�a de enviar dos portaaviones a Oriente Medio (“ya no los necesitamos, no queremos que nadie se una a la guerra cuando ya la hemos ganado”) y a pesar de los repetidos anuncios del presidente de haber “destruido al 100% la capacidad militar de Ir�n”.

La Casa Blanca da la impresi�n de preocuparse sobre todo por el impacto medi�tico de sus palabras, fundamentalmente a nivel interno. De ah� los intentos, incluso visuales, de presentar la guerra como un gran videojuego. Una deriva peligrosa, denunciada tambi�n por el arzobispo de Chicago, el cardenal Cupich, quien la ha calificado de “repugnante” y “un profundo fracaso moral”.

Las cadenas de televisi�n, como la CNN, que han difundido ampliamente los mensajes de “gamificaci�n” de la guerra de la Casa Blanca, con referencias a videojuegos como Call of Duty y clips de pel�culas sobre h�roes de guerra (Braveheart, Iron Man, Top Gun, Gladiator), han recibido elogios de los asesores de comunicaci�n del presidente, incluso cuando su objetivo era estigmatizar esos mensajes. Puede parecer extra�o, pero evidentemente lo que un portavoz ha definido como “nuestros v�deos m�s espectaculares” sirven a Trump, en un momento de dificultad, en medio de la guerra, para transmitir mensajes de fuerza, tratando de reforzar la imagen de un l�der siempre dispuesto a golpear con dureza.

Pero, mientras tanto, en el plano estrat�gico, el presidente parece estar dando palos de ciego. O bien est� empezando a prepararse para un conflicto que podr�a prolongarse durante mucho tiempo, aunque �l siga afirmando que la rendici�n de Teher�n es inminente.

De otro modo, resulta dif�cil explicar el llamamiento a cinco pa�ses —China, Jap�n, Corea del Sur, Gran Breta�a y Francia, adem�s de otros “dispuestos”— para que desplieguen buques en la zona del Golfo: preparar las unidades y trasladarlas desde Extremo Oriente llevar�a semanas. �Y qu� ir�an a hacer fragatas y cruceros, teniendo en cuenta que el propio Trump admite que, aunque se aniquilaran la marina y la aviaci�n de Ir�n, los pasdaran seguir�an siendo capaces de atacar con drones, peque�as embarcaciones y las minas esparcidas por el mar? En todo caso, la se�al es pol�tica: el intento de involucrar a China en una acci�n de “polic�a de los mares”. A lo que Pek�n, que por ahora sigue recibiendo petr�leo iran�, responder� con toda probabilidad de forma negativa.

Otra medida sugiere que la Casa Blanca, tras caer en la trampa de Ormuz a pesar de las advertencias de los generales del Pent�gono (advertencias repetidas en numerosas ocasiones por el propio jefe del Estado Mayor, el general Dan Caine, pero ignoradas por el presidente), estar�a empezando a asimilar poco a poco la perspectiva de un largo conflicto de desgaste: la orden ejecutiva, firmada el viernes por la noche por Trump, que ampl�a la posibilidad de recurrir a la Ley de Producci�n de Defensa: una ley que permite militarizar las industrias civiles en tiempo deguerra.

Seg�n el sitio web Axios, el objetivo es reactivar la producci�n de algunas plataformas petrol�feras situadas frente a las costas de California. Tambi�n en este caso se trata de plazos largos y, una vez m�s, de una operaci�n que parece m�s una maniobra pol�tica (una disputa con el gobernador dem�crata de California, Gavin Newsom) que una contribuci�n sustancial a la emergencia energ�tica: aunque se reactivaran r�pidamente, los pozos marinos podr�an producir entre 45 000 y 55 000 barriles de petr�leo al d�a (con la posibilidad de llegar hasta los 60 000 en 2030): apenas el 0,05 % de lo que falta cada d�a en los mercados —20 millones de barriles de crudo— debido al cierre de Ormuz.


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