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El tenis femenino se agarra a la única, excesiva y necesaria Sabalenka
¿Por qué hacerlo con sencillez, cuando una es la número uno del mundo? Porque sencillamente, ella es así: única y genuina, a la vez poderosa y necesaria. Ningún aterrizaje retumbó más en Indian Wells que el de Aryna Sabalenka, quien hace dos semanas irrumpió en las instalaciones luciendo orgullosa y feliz el dedo anular. Antes, la bielorrusa —citada este domingo (19.00, Tennis Channel) con la kazaja Elena Rybakina en la final del torneo— había publicado un vídeo en sus redes sociales en el que su novio, Georgios Frangulis, le proponía arrodillado matrimonio. Una escena cubierta de pétalos de rosa blanca y envuelta en flores. En el fondo, muy acorde a Sabalenka, a la que nunca le gusta pasar de puntillas por ningún lado, sea donde sea.
“Soy como soy, no quiero ser falsa”, reitera la referencia actual del tenis femenino, que desde la retirada de Serena y el adiós previo de la rusa Maria Sharapova, echa en falta a jugadoras-símbolo que lo proyecten y arrastren al aficionado, capaces de recoger el testigo de las dos estrellas que se fueron y dejaron un inmenso vacío. Se postuló en su día la japonesa Naomi Osaka, pero su tirón mediático no terminó de encontrar correspondencia en los éxitos deportivos, interrumpidos de forma abrupta. Rompió el cascarón luego Coco Gauff, con 15 años, pero su discontinuidad en la pista le penaliza y su personalidad poco o nada tiene que ver con la de su compatriota Williams. Y se diluyó de inmediato la británica Emma Raducanu, al parecer, flor de un solo día.
Sin embargo, ahí estaba ella, Sabalenka (27 años). Tardía pero impulsada a tiempo. No deja a nadie indiferente. “No intento hacer que me quieran. ¿Por qué gastar energía en la gente que me odia?”. Así que ahora exhibe dentro y fuera de la pista ese anillo de diamantes y esmeraldas, valorado en una cantidad cercana al millón de euros y que, dice, podría ayudarle a ganar por primera vez en Indian Wells, donde fue negada dos veces: una en 2023, precisamente por Rybakina, y la otra en 2015, por Mirra Andreeva. “Estoy cansada de perder este tipo de finales [cedió en enero la del Open de Australia]. Y creo que estoy más que preparada para ganar la de este domingo”, anticipa.
Compite la de Minsk igual que vive, a partir del exceso, sin grilletes de ningún tipo y con una dosis de autoconfianza extraordinaria; la misma que le ha aupado hasta la cima del circuito o que, en ocasiones, le hace emitir un mensaje con un punto claro de arrogancia. Ella lo vale, ella lo dice. “Sé que en los momentos importantes, las demás van a bajar el nivel y yo no”. “En la pista tienes que ser mala, hambrienta y agresiva. Puedo llegar a ser muy desagradable”, asegura, desmarcando a su vez a la tenista de la persona —“quiero que la gente sepa que no estoy tan loca cuando no juego”— y ofreciendo una regularidad sin igual en los últimos tiempos. Triunfe o no, siempre está ahí. Autenticidad y competitividad por bandera.
Rybakina, la antítesis
A diferencia de otro tipo de talentos más innatos, más naturales y más precoces, la cumbre de Sabalenka es la de una estajanovista que jamás se rindió y que tardó en coronarse; de hecho, no tocó la cúspide hasta que tuvo 24 años y alzó el primero de sus cuatro grandes con 23. Le costó consolidarse, pero llegó con la misma fuerza que propone cuando le sacude a la pelota, arrolladora siempre, y terminó desbancando a las bravas a la polaca Iga Swiatek, hasta entonces una gobernadora inquebrantable. La de Varsovia (24 años) no termina de conectar con la gente, más bien áspera y distante en el trato con el resto de las jugadoras y el entorno que la rodea. Juegan estupendamente, pero tampoco terminan de seducir las Pegula, Anisimova, Svitolina o Keys.

Y no termina de ser reclamo Rybakina, tan formidable con el saque y el tiro como fría en la expresión. Absoluta antítesis. No transmite, no le gustan los medios y juega y celebra con idéntico gesto siempre: el de la tristeza. Por fortuna, apareció ella. “Brilla mucho [el anillo]. Espero que mis rivales se distraigan y eso me beneficie”, bromea Sabalenka. “Hicimos algunas pruebas antes para ver si existía algún riesgo de perder el diamante al jugar, pero no hay ninguno”, añade este tenista genuina y singular, admirada por una legión de casi cinco millones en Instagram y que hace unos días no dudó en ejercitarse con un velo de novia o plantarse delante de los periodistas con su perrita en brazos.
Así es ella, entre filias y fobias. Criticada por su tibieza a la hora de abordar la ofensiva bélica de Rusia sobre Ucania —“ya hemos hablado de ello muchísimas veces; nadie quiere la guerra, pero yo soy una deportista, no una política— y sin pelos en la lengua: “Me entretengo más viendo el tenis masculino”. Muy necesaria en un contexto, el del femenino, que tras la fiesta de los felices 2000 (también Venus, Justin Henin o Mauresmo) sigue redefiniéndose y demanda gancho. Alegría. “Ella es fuerte, como yo”, la bendecía en su momento Serena, cuyo nombre sobrevuela estos días la actualidad ante la posibilidad de un hipotético retorno. ¿Temor? De eso nada. No al menos para Sabalenka. “Es su decisión, pero, si lo hace, sería divertido verla”, indica la bielorrusa, tan fiera como encantadora. Dulce y ruda a dosis iguales.
80 SEMANAS EN LO MÁS ALTO
A. C.
El nombre de Sabalenka figura entre los de las candidatas a ganar el premio Laureus a Mejor Deportista femenina del Año, que se concederá el 20 de abril en la gala que tendrá lugar en el Palacio de Cibeles (Madrid). Otra muestra del relieve que ha ido adquiriendo la tenista, cada vez más reconocida.
Cerró el curso pasado en lo más alto del ranking, por segunda vez en su carrera, aunque tiene una cuenta pendiente con las grandes finales: ha perdido la mitad (cuatro de ocho) de las que ha disputado hasta ahora. También cedió en los desenlaces maestros de 2022 y 2025.
En todo caso, en su currículo constan 22 títulos individuales; entre ellos, dos del Open de Australia y otros dos del US Open. Engarzó por primera vez el número uno en septiembre de 2023 y, después de dos meses defendiéndolo, lo perdió en favor de Swiatek y lo recuperaría en octubre de 2024.
En total son 80 semanas al mando del circuito de la WTA, lo que la sitúa en el undécimo peldaño histórico. Tiene contratos con firmas como Nike, Emirates o Gucci, y en 2025 le arrebató a Serena el récord de ganancias en un año: 13 millones de euros, por los 11,3 de la leyenda estadounidense.


