Internacional
El camino de España ya está escrito
Un d�a las elecciones de Castilla y Le�n de 2026 ser�n recordadas con l�grimas de a�oranza por todos los amantes de la vieja pol�tica. Es decir, por todos esos ciudadanos que aborrecen el mesianismo, que no necesitan posicionarse cada cinco minutos en el lado correcto de la historia, que experimentan un v�vido bochorno ante la espontaneidad milimetrada del pol�tico que se graba jugando con su perrita y que jam�s han depositado en sus representantes otra expectativa que la de ser capaces de cuadrar un presupuesto, mantener los servicios p�blicos, garantizar el orden en la calle y a ser posible no meter la mano en la caja.
Esto es lo que les ped�amos a los candidatos antes de que la pol�tica fuera sustituida por la religi�n. Es decir, antes de que los gestores de lo p�blico se aburrieran de dar trigo -o perdieran la esperanza de aprender a hacerlo- y se entregaran a la consecuci�n de la paz en el mundo, la lucha �pica contra el fascismo o la reconquista espiritual de Occidente.
Pero hay un lugar en Espa�a donde cierto sentido ancestral del decoro todav�a se impone al histrionismo viral. Un lugar donde los adversarios se atacan casi con fastidio, por obligaci�n profesional pero con un inocultable temor a la sobreactuaci�n, como se vio durante los dos debates televisivos. Ni Carlos Poll�n, siendo de Vox, habla como hablan sus compa�eros en el Congreso. Ni Carlos Mart�nez, habi�ndose dejado acompa�ar por Pedro S�nchez -qu� remedio-, gasta la ret�rica biliosa de �scar Puente o Ana Redondo. Ni los candidatos regionalistas exhiben otro af�n que el de recabar un poco m�s de atenci�n a los problemas de la comunidad m�s extensa de Europa. Ni por supuesto alguien tan ingenuamente despreocupado de actualizar su propia imagen como Fern�ndez Ma�ueco podr�a ganar las elecciones con tanta claridad en otra tierra que no fuera Castilla y Le�n, donde la apariencia sale sistem�ticamente derrotada por la experiencia. Se dir�a que el abrumador peso de la historia imprime a sus hijos un deber de modestia que casa mal con estos tiempos imp�dicos de horteras que cambian de moda como de muda. Parece que el encastillado car�cter castellano resiste desde su almena de siglos, y yo lo celebro.
Hay un lugar en Espa�a donde cierto sentido ancestral del decoro todav�a se impone al histrionismo viral
Cuatro d�cadas lleva el PP gobernando a los castellanos y leoneses, y van a ser cuatro a�os m�s. Quiz� es que todav�a les falta perspectiva para valorar lo hecho, como dicen que dijo en los 70 un primer ministro chino cuando le preguntaron qu� opinaba de la Revoluci�n francesa. O quiz� es que all� los experimentos los prefieren con gaseosa y lejos de los vi�edos, por favor. De modo que en Castilla y Le�n ha pasado lo que ten�a que pasar. A diferencia de lo que plantea Delibes al comienzo de El camino, aqu� las cosas no podr�an haber sucedido de cualquier otra manera, y por eso han sucedido as�. La abrumadora mayor�a de PP y Vox acent�a la derechizaci�n de nuestro pa�s y obliga a cerrar acuerdos de una tacada en Extremadura, Arag�n y Castilla y Le�n: los ciudadanos acaban de repetirle a Abascal que quieren al PP gobernando y a Vox desbloqueando.
En cuanto a los socialistas, hoy saldr� alguno a citar a Laporta para jurarnos, al loro, que no est�n tan mal. Pero Laporta gana, mientras que los votantes tocan a muerto en cada urna que les ponen delante. El sanchismo, esa etapa experimental de la historia de Espa�a, a�n se pregunta por qui�n doblan las campanas. El entierro se oficiar� cuando el difunto termine de hodiarnos y se digne a convocar elecciones.



