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IOTR: Íñigo Onieva Tiene Razón

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DEBAJO del bullicio de ciudad disparatada puede o�rse un zumbido. Va generado por las miles de conversaciones que abordan el gran tema. Cualquiera puede acercar la oreja a un portal del interior de la Gran Pasa -el perfil de la M-30 nunca ha sido una almendra- y escuchar el murmullo neum�tico de las tertulias entre treinta�eros que componen la extinta aspiraci�n a la burgues�a. Las reuniones permiten desahogar algunas observaciones, comparar sensaciones, confirmar los sesgos, hallar, en compa��a de otros agraviados, al chivo expiatorio. Son ceremonias inici�ticas en la xenofobia, celebradas en apartamentos con el diezmo actualizado por la aplicaci�n de la tasa reemplazo; la xenofobia pasa de mano en mano sellada con la etiqueta de cargamento inestable. Por la calle Luchana es posible cruzarse con alg�n viandante que hace esfuerzos por no derramar su mercanc�a camino de otra catacumba donde evac�a sus quejas a salvo. Camina con cuidado, como si condujera la cisterna de nitroglicerina de El salario del miedo, a reforzar sus prejuicios sobre la aparici�n, en los �ltimos a�os, de una di�spora latinoamericana, con mayor poder adquisitivo, que moldea lo divertido y lo importante.

Es la transformaci�n de esta city ambientada con el olor a pies de los desolladeros en la Babel del espa�ol. Un accidente provoc� el vertido del secreto el otro d�a. ��igo Onieva, el ingeniero que consigui� plaza en la revistas del coraz�n, revel� el punto de ebullici�n del caldo al verbalizar, como si fuese otro eslogan inocent�n para la promoci�n de su nuevo club social -el gimnasio de hacer contactos- la prevenci�n que se ha hecho tan popular en determinados c�rculos. Parec�a normal avanzar, entre un grupo de periodistas, sus l�neas rojas. Iba a ser un espacio libre de latinoamericanos, o al menos iba a procurar detener la sangr�a de espacios ocupados por latinoamericanos.

El marido de Tamara Falc� lo hizo bien, aunque sin querer. Tiene raz�n: es mejor decir en voz alta estas cosas. Frena la intervenci�n de oscuros deseos. Al airear este invernadero del resentimiento, desactiv�, de momento, el estallido. Neta.


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