Internacional
Cerdán protegió en 2018 como contacto ministerial al alto cargo de Ribera ahora detenido por cobrar 5 millones en sobornos
Santos Cerd�n ya proteg�a en 2018, cuando el PSOE acababa de llegar a La Moncloa, a Eugenio Dom�nguez, el alto cargo del Ministerio de Transici�n Ecol�gica de Teresa Ribera que ha confesado a la Guardia Civil haber aceptado cinco millones en sobornos de Forestalia a cambio de permisos medioambientales.
Cerd�n, como descubri� la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) en junio de 2025, incluy� el nombre de Dom�nguez en una lista de funcionarios que deb�an permanecer en los Ministerios de Fomento y Medio Ambiente para, presuntamente, valerse de ellos en las pr�cticas corruptas de la trama Koldo.
El PSOE acababa de llegar al poder y Koldo Garc�a, el ex guardaespaldas, asesor y hombre para todo del ministro de Fomento, Jos� Luis �balos, le hac�a llegar a Fernando Morales, alto cargo de Acciona, una lista de funcionarios de Fomento que deb�an permanecer en sus puestos porque, �como no podamos meter [a] alguno�, le escrib�a Cerd�n a Koldo, �nada ser� posible�.
Los agentes dan por hecho que se refer�a a su enriquecimiento personal mediante mordidas a cambio de contratos y permisos p�blicos, pero la sombra de una financiaci�n irregular del partido va tomando cuerpo en la medida en que las distintas tramas se van conectando, muchas a trav�s de la figura de Antxon Alonso.
El empresario vasco lo mismo medi� para acercar a Bildu y al Gobierno que maniobr� para que la trama se posicionara ante el Ejecutivo navarro para presuntamente conseguir contratos, que llev� al due�o de Forestalia a Pamplona, que incluso conect� al entorno de Fernando Samper con Dom�nguez, ambos detenidos la semana pasada.
Dom�nguez ha confesado que, en efecto, Antxon lleg� a �l a trav�s de un conocido com�n dedicado al negocio de las renovables, y que incluso le explicaron c�mo deb�a crear un par de sociedades para cobrar los sobornos. Lo hizo sin acotar los hechos temporalmente, pero dando a entender que la conexi�n se produjo no mucho antes de 2022, cuando comienza a favorecer a Forestalia desde el Ministerio.
Sin embargo, su nombre est� en esa lista en poder de Koldo Garc�a desde 2018, una lista en cuya parte superior se puede leer el nombre �SANTI� -obviamente por Cerd�n-, y en la que junto a su nombre se hab�a escrito: �Es el actual subdirector, mantenerlo en el cargo, lleva bastante tiempo en el puesto con diferentes gobiernos�.
Esa �ltima frase no era cierta. Dom�nguez s� llevaba tiempo en Medio Ambiente -desde principios de los 2000- cuando consigui� plaza de alto funcionario, pero hab�a sido nombrado subdirector apenas en 2017, todav�a con el PP en el poder, y con Isabel Garc�a Tejerina liderando el Ministerio.
La investigaci�n de la rama de Medio Ambiente de la Unidad Central Operativa (UCOMA) de momento ha logrado acreditar los cinco millones cobrados a base de acaparar todos los expedientes de Forestalia, y decenas m�s de otros proyectos, para dar permisos medioambientales que de otra forma no se habr�an conseguido.
Pero los �ngulos a�n oscuros de la historia parecen muy importantes. Cerd�n batall� en su momento para que Dom�nguez, que apenas acababa de llegar al cargo, se mantuviera en �l -controlando el grifo que permit�a o no que se instalaran parques e�licos o fotovoltaicos en ubicaciones prohibidas por las normas-, y otro dato sugiere que la protecci�n de Dom�nguez iba a�n m�s all�: a su jubilaci�n en 2023, despu�s de permitir m�s parques �l solo que su cincuentena de subordinados, desde la Secretar�a de Estado entonces liderada por Hugo Mor�n se le ofreci� un contrato de car�cter pol�tico, como asesor, a dedo.
Gracias a �l, Dom�nguez, seg�n relat� �l mismo a EL MUNDO a finales de noviembre, cuando este diario public� las quejas de sus subordinados por sus �presiones� en favor de aprobaciones ambientales, fue �premiado� por sus superiores con unos meses de contrato ya jubilado. Qui�n le premi� y por qu�, ahora que se han evidenciado los sobornos, son otras de las inc�gnitas del caso Forestalia, que ha acabado siendo otra pata m�s del caso Koldo.


