Internacional
«Si el mundo fuera más perro, sería mucho más humano»
Le pierde la sinceridad. Carlos Areces, actor, cómico, guionista, dibujante y músico de 49 años, habría prosperado en el Renacimiento, pero dado el filo de su lengua su probable destino habría sido alguna hoguera de la Inquisición. «Estoy seguro de que hay personas para quienes … soy un imbécil y un borde», admite en honesta introspección mientras despliega sarcasmo en ácidas reflexiones sobre humanos y perros, el agitado mundo que nos rodea, la fama o las hordas tuiteras. Habitual de la comedia, este hombre ‘hiperactivo’ –casi 30 películas, más de 15 proyectos televisivos, un dúo musical, ilustraciones, cómics…– nos recuerda también los peligros de perder como sociedad el sentido del humor.
CARLOS ARECES
«Conecto bien con los engreídos. Piensas ‘menudo gilipollas’ y acabas echándote unas risas con ellos en un sarao»
Un cómico inesperado.
Nacido en Madrid, iba para dibujante de cómics. De niño, en el recreo, vendía caricaturas de sus profesores a los compañeros del colegio. Ser actor no fue una decisión planificada, sino una vía que le fue abriendo el destino tras conocer a los humoristas Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes y ser fichado para ‘La hora chanante’, en su día un auténtico fenómeno.
XLSemanal. ¿Tiene perro?
Carlos Areces. No, pero me enloquecen. Con una vida tan azarosa como la mía no sería justo tener uno; él solo en casa…
XL. Actúa, dibuja, escribe, canta… ¿nos queda algún talento suyo por descubrir?
C.A. Gracias por lo de ‘talento’, pero habría que ver qué nota me dan los demás en cada una de esas actividades. Eso sí, por intentarlo que no quede.
XL. ¿Aceptó este papel por los perros?
C.A. No, pero esa visión del animal como observador de los humanos es un aliciente. Como Milú o Jolly Jumper.
XL. ¿Ve vídeos de perritos y gatitos?
C.A. Quedaría muy bien si te digo que solo veo cosas profundas e interesantes, pero no quiero mentir. Sé que la gente solo quiere conseguir likes a costa de putear a los animales, pero estoy enganchado; sí, es superior a mí.
«¿Mejor un planeta con perros y sin humanos? A ver, hay gente despreciable, pero un poquito de conciencia de especie, ja, ja, ja»
XL. Una frase de Arturo Pérez-Reverte: «Si la raza humana desapareciera de la faz de la tierra, esta ganaría mucho en el cambio; pero sin perros sería un lugar más oscuro e insoportable».
C.A. A ver, claro que hay gente despreciable, pero, por favor, un poco de conciencia de especie [risas]. Dicho lo cual, los demás seres vivos, sin duda, serían mucho más felices sin los humanos.
XL. En Madrid, los veterinarios alertan de perros intoxicados con alcohol o psicoactivos por ingesta de heces humanas…
C.A. ¿Qué me dices? Pues, mira, un buen ejemplo de esto que hablamos… Pero es surrealista esto, ¿no?
XL. Hay veterinarios que atienden cuatro casos semanales. En la película Sirat, sin ir más lejos, hay una escena de un perro que acaba drogado así con LSD…
C.A. ¡Guau! Pues solo espero que sean heces que encuentran por la calle y no de sus dueños… Quiero decir, ¡tío, tira de la cadena, por favor! O hazlo en una bolsita, ¿no?
XL. Tu personaje en Vida perra es chulesco, engreído, ¿serías colega suyo?
C.A. Nunca se sabe, porque a veces conecto bien con los imbéciles engreídos. Me ha pasado con personajes públicos. Dicen una estupidez, piensas: «Menudo gilipollas», y acabas echándote unas risas con ellos en un sarao. Antes yo rechazaba a las personas que discreparan conmigo en ciertos temas. Eso se me ha suavizado bastante. Para algunos es una traición, para mí es un síntoma de madurez.
XL. Ya no es prisionero de su primera impresión…
C.A. Sí, esta es cada vez más moldeable. Del mismo modo, estoy seguro de que, por su primera impresión sobre mí, hay personas para quienes soy un imbécil y un borde.
XL. ¿Por negarse a un selfi quizá?
C.A. Es que si me abordas en un restaurante, con familia o amigos, o cuando hablo por teléfono puedo ser muy borde. Te vienen por detrás, te cogen del brazo, te interrumpen… Hay un problema grave de educación, de respeto.
XL. ¿Afecta al sentido del humor?
C.A. Sin duda. Cualquier mención a una desgracia ajena o a un colectivo se toma como una ofensa, y eso es una peligrosa involución. En las galas, por ejemplo, el humor ha sido marginado por miedo a las redes sociales.
XL. Una última. Su dúo musical, Ojete Calor, practica el subnopop. ¿Son pioneros del género?
C.A. Lo acuñamos, sí, pero hay trazas de subnopop en grupos anteriores a nosotros muy mitificados. No quiero sacar a nadie del armario, pero creo que si rimas sexo con convexo y algo de unas magdalenas es asunto tuyo y de nadie más.
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ELVIRA MÍNGUEZ
«Me muero por hacer comedia. Me ha costado mucho salir de la etiqueta de mujer sufridora»
Conquistar la alegría.
Los perros y los libros fueron omnipresentes en la infancia de esta vallisoletana del humilde barrio 4 de marzo. Tras sufrir abusos en casa, el teatro la ayudó a transformar su dolor en arte, especializándose en explorar emociones intensas y complejas. Con 29 años, Imanol Uribe la hizo debutar en el cine como una etarra en ‘Días contados’, fue nominada al Goya y desde entonces apenas ha descansado.
Con alegría o sin ella». Para Elvira Mínguez solo hay dos formas de afrontar un rodaje. Y ella prefiere, de largo, la primera. Por eso está actriz pucelana, también guionista, escritora y directora, se muere por hacer comedia. Al fin y al cabo, desde su primer papel en el cine, una etarra fría y disciplinada en Días contados, lleva toda su carrera intentando esquivar la etiqueta de «intérprete de mujeres de carácter». Por eso al ofrecerle un papel en la serie Vida perra no dudó un segundo en subirse al barco. «Trabajar con gente que sabe tanto del humor ha sido puro disfrute. Además de aprender un huevo», señala.
XLSemanal. Ha tenido perros desde niña. ¿Qué lecciones de vida le han dado?
Elvira Mínguez. Los he amado con locura y he disfrutado de sus vidas, pero te diría que han sido muy importantes a la hora de entender el ciclo de la vida de una forma práctica.
XL. ¿Murió alguno cuando su hijo era pequeño?
E.M. Sí, el anterior. Nuestro hijo tendría 4 años y le contamos que se iba a un planeta donde no le dolerían las patas. Salíamos al jardín a diario a mirar el cielo. Lo ayudó mucho a ir aceptándolo.
XL. ¿Le atrajo este proyecto por su amor hacia los perros?
E.M. No. Acepté porque me muero por hacer comedia. Casi todos mis personajes tienen una carga emocional tremenda y, siempre que puedo, aprovecho para salir de eso.
XL. Pocas actrices han hecho de terrorista y (en La caza. Monteperdido) de policía antiterrorista…
E.M. Debe de ser que doy el perfil [se ríe]. Todo viene por Días contados. Carmelo Gómez decía que Imanol Uribe había hecho un casting de narices para esa película porque, sin ser vascos, era como si a los dos nos hubieran elegido por eso.
«Envidio de los perros su lealtad y su manera de amar. Alguna buena razón debe de haber para que lleven milenios con nosotros»
XL. ¿Se ha llegado a sentir encasillada?
E.M. Digamos que me ha costado mucho salir de la etiqueta de mujer fuerte y sufridora que pelea contra todo. Mis amigos siempre me dicen: «¿Por qué coño no te dan comedias, que es lo tuyo?». Mi forma de ser tiene más que ver con el humor que con el drama. Así que estoy feliz con Vida perra, que es una maravillosa majadería.
XL. Pero luego se pone a escribir una novela, La sombra de la tierra, y le sale una historia durísima con abusos sexuales en la infancia, mujeres de piel dura…
E.M. Ya [se ríe], porque algo hay de fondo, claro. Al escribir, los temas te brotan de dentro un poco por sí mismos. Por eso necesito el contrapeso del humor.
XL. Publicó su novela a los 57 años…
E.M. Es la prueba de que nunca es tarde. Al final, una de las cosas que aprendes con el tiempo es que en la vida hay muchos trenes, no solo uno.
XL. Dirigió después la serie que adapta su novela. ¿La escribió con esa intención?
E.M. No, no, pero a medida que la escribía sí que pensé: «Si se hiciera una serie, no podría dirigirla nadie más que yo». Son treinta y tantos años en esto y, al escribir, es como si tuviera una pantalla delante y voy viendo las escenas, cómo se mueven los personajes… Soy una escritora muy visual.
XL. ¿Envidia alguna cualidad canina?
E.M. La lealtad y su manera de amar. Debe de haber alguna buena razón para que los perros hayan convivido con nosotros desde hace milenios.
XL. ¿Y por qué usamos expresiones tan peyorativas como ‘amores perros’, ‘perra vida’…?
E.M. Igual por razones similares a las que las mujeres padecemos ciertas expresiones y formas de hablar con sentido negativo. Si el mundo fuera más femenino y más perro, en el sentido real del término, sería mucho más ‘humano’.
XL. ¿Ha visto muchos cambios en nuestro sentido del humor?
E.M.. No. Seguimos adeptos al ‘caca-culo-pedo-pis’; adultos que actúan como niños, hombres babeando ante mujeres… Debe de ser algo grabado en nuestros genes.
XL. También tenemos a Berlanga, Azcona, Gila, Eugenio…
E.M. Es cierto, y es humor que apela a la inteligencia y a reírse de nuestras miserias, que es algo muy sano. Dejar de hacer eso sería la señal definitiva de que estamos jodidos.
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FERNANDO TEJERO
«Yo pasé de no tener un duro a ganar mucha pasta y no lo supe gestionar. Ahora estoy en pleno reseteo mental»
El que la sigue…
Con 9 meses, su madre enfermó y lo llevó con su tía abuela. Con ella vivió hasta los 14 años. Un alejamiento que marcó la vida de este cordobés que vendió enciclopedias, trabajó en una pescadería, en un súper… mientras se formaba en el teatro ‘amateur’ y en escuelas de interpretación como la de Cristina Rota. Fernando León le dio el papel que lanzó su carrera en ‘Los lunes al sol’. Hoy es uno de los actores más populares de España.
Perros, burros, cerdos… los inicios de Fernando Tejero en el cine están asociados a animales. No por casualidad, ya que este actor cordobés, productor teatral en cuanto los rodajes le dejan un hueco libre, no sería el mismo sin haber compartido casi toda su vida con una añorada sucesión de canes. Popular por sus cómicos personajes televisivos, inseguros e histriónicos, pero vulnerables, en su carrera –más de 30 películas, una decena de series, teatro…– hay también hondura dramática y un amor tan profundo por su profesión como el que siente por sus perros. Fueron ellos, en buena medida, la razón de acabar en la serie Vida perra, al poco de dejar la exitosa La que se avecina tras casi una década, necesitado de un reseteo mental.
XLSemanal. ¿Cuántos perros tiene ahora?
Fernando Tejero. Tres perritas que son toda mi vida. Hasta los 14 años, yo viví con una tía mía que no quería perros, pero desde que volví con mis padres… siempre. Luego vine a Madrid, con 21 años, me puse a trabajar en un supermercado y me compré un perro. El único que he comprado en mi vida, hoy estoy totalmente en contra de comprar perros, pero así fue entonces.
XL. ¿Cuánto le costó?
F.T. No me acuerdo, fue en pesetas. Además, lo compré a plazos, como si fuese una lavadora. Al contado no me daba. Le puse Otto, como el piloto de Los amantes del círculo polar, de Julio Medem.
XL. ¿Fue el primero que crio usted solo?
F.T. Sí y, mira, cuando cumplió 5 años empecé a angustiarme con la idea de su muerte. Me agobié tanto que no disfruté de él como debía; un error que no he vuelto a cometer.
XL. Y ha sufrido la muerte de varios…
F.T. Y es un dramón, pero lo asimilas. Yo aprecio la vida de mis perritas tanto o más que la de cualquier persona. Tal y como está el patio, veo más ‘humanidad’ en ellas que en mucha gente.
«Mi infancia fue compleja. Creía que nadie me quería. Mis perras me han ayudado a aprender a querer»
XL. ¿Qué le han enseñado sus perros?
F.T. Mi infancia y mi adolescencia fueron complejas, pensaba que nadie me quería; nadie me enseñó a querer y yo tampoco conseguía aprender. Gracias a mis perras he mejorado mucho.
XL. ¿Han influido al aceptar este papel?
F.T. Acepté por tres razones: el reparto; la idea, que me pareció divertida; y que había perros. Tengo mucha experiencia con animales, porque en Los lunes al sol, mi primera película, tenía un perro; en Torremolinos 73, la segunda, trabajé con un burro; y en Días de fútbol, la tercera, con un cerdo…
XL. No se lo pensó mucho entonces.
F.T. No creas, porque me pilló en pleno reseteo mental. Sentía que debía elegir mejor mis papeles, pensar menos en el dinero y más en mí mismo.
XL. ¿Ha trabajado muchas veces solo para ganar dinero?
F.T. Bueno, más de una vez, sí. Yo pasé de no tener un duro a gozar de un éxito tremendo y a ganar mucha pasta; fueron momentos en que viví ciertas cosas que no supe gestionar… Lo bueno es que, desde hace tiempo, invierto la mayor parte de lo que gano en producir teatro, que es lo que más me gusta. Por eso volví en su momento a la televisión.
XL. ¿Se refiere a los diez años que pasó en La que se avecina?
F.T. A ver, me encanta la comedia, pero cuando le has dado tantas vueltas al mismo papel…
XL. Muchos jóvenes ven Aquí no hay quien viva y La que se avecina. ¿Le sorprende esa conexión?
F.T. No mucho, porque siempre ha habido mucho de Antonio Recio en el españolito de a pie. Y cada vez más, infelizmente. O del Mauricio Colmenero de Aída. Son rancios, racistas, homófobos, misóginos, clasistas… Y, aunque son una parodia, mucha gente se identifica con ellos. No sé bien cómo interpretar eso…
XL. ¿Le molesta que le cuenten ‘un chiste de mariquitas’?
F.T. Como gay que soy, lo cierto es que algunos chistes tienen gracia; todo depende de la intención, de que no sea degradante, de que sea ocurrente, que esté bien justificado… Cuidado con las reacciones ante los chistes porque acabaremos proscribiendo el sentido del humor.
XL. ¿Qué actitudes que antes dejaba pasar ya no perdona?
F.T. Mi gran avance personal ha sido aprender que lo más importante de mi vida soy yo, y ya iba siendo hora. No fue así durante años y pagué las consecuencias. Al principio da miedo, pero es lo mejor que puedes hacer. Cuando estás mal, trasladas toxicidad a todo lo que te rodea.


