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Internacional

La trampa de la justicia restaurativa

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No estoy en contra de la reinserci�n de los presos de ETA. Todo lo contrario. Me encantar�a que la reinserci�n se hiciera bien, que se hiciera de verdad, y no como una coartada para cumplir con la �ltima exigencia de ETA que queda por satisfacer en este final negociado que vivimos: �Vaciar las c�rceles�, en palabras de la propia izquierda abertzale, y hacerlo adem�s sin exigir arrepentimiento ni una verdadera desvinculaci�n del entramado pol�tico y social que sostuvo el terrorismo durante d�cadas.

Estos �ltimos d�as hemos conocido, a trav�s de EL MUNDO, informaci�n sobre el programa de �justicia restaurativa� impulsado por el Gobierno vasco con presos de ETA. Una vez m�s, se nos presenta como una herramienta de convivencia y de cierre de heridas. Pero conviene decirlo con claridad: no habr� verdadera justicia restaurativa, ni verdadera reinserci�n, mientras no se afronte la naturaleza espec�fica del terrorismo de ETA y el da�o profundo que caus�.

Los terroristas de ETA no solo provocaron un inmenso da�o personal a sus v�ctimas directas y a sus familias, que ya de por s� es irreparable. Produjeron tambi�n un da�o social al conjunto de la sociedad y un da�o pol�tico a nuestro Estado de derecho. Utilizaron la violencia contra personas concretas para imponer un proyecto pol�tico, para amedrentar a una parte de la ciudadan�a y para poner en jaque nuestras instituciones. Por eso la reinserci�n de un preso de ETA no puede plantearse en los mismos t�rminos que la de un delincuente com�n. Sus delitos no s�lo fueron privados: fueron pol�ticos y, por tanto, de car�cter p�blico.

En el caso de ETA hay un elemento decisivo que algunos quieren borrar del an�lisis: durante d�cadas, sus cr�menes fueron justificados, jaleados e incluso impulsados por el entramado pol�tico y social de la izquierda abertzale. Recordemos aquellas manifestaciones en las que una jaur�a violenta gritaba contra los pacifistas: �ETA, m�talos�. Esa atm�sfera de legitimaci�n del terrorismo no ha desaparecido del todo. Afortunadamente, ya no se pide expl�citamente que se cometan atentados, pero todav�a hoy una parte de la ciudadan�a vasca y navarra sigue sin asumir la injusticia radical del terrorismo de ETA. A�n hoy persisten los mensajes que reclaman impunidad en el espacio p�blico; tambi�n el empe�o de EH Bildu en llamar �presos pol�ticos� a los asesinos de nuestros familiares.

Por eso, cuando se habla de justicia restaurativa con presos de ETA, hay una pregunta inevitable: �restaurar exactamente qu�? Si solo se pretende escenificar un encuentro entre v�ctima y asesino, o facilitar privilegios penitenciarios, no estamos ante una justicia restaurativa en sentido pleno, sino ante una utilizaci�n oportunista de �sta para fines perversos. La verdadera reinserci�n de un preso de ETA exige algo m�s que mostrar empat�a gen�rica hacia una v�ctima. Exige contribuir, con hechos, a romper la din�mica social y pol�tica de exaltaci�n y justificaci�n de ETA que a�n persiste. Ese es el punto decisivo.

Las v�ctimas no tenemos por qu� hacer actos de fe en cartas privadas, f�rmulas ambiguas o arrepentimientos imposibles de verificar. Es muy importante distinguir entre el arrepentimiento sincero y su simulaci�n. Por eso el ejemplo de los testigos protegidos en el caso del asesinato de mi hermano, Gregorio Ord��ez, tiene tanto valor moral. Esos antiguos miembros de ETA han dado un paso que s� acredita una ruptura real con la l�gica mafiosa de la organizaci�n terrorista: colaborar con la Justicia para esclarecer la autor�a intelectual de un asesinato. Eso tiene un coste personal alt�simo, que me consta que est�n pagando. Nadie hace algo as� por oportunismo. Quien da ese paso demuestra con hechos, y no con ret�rica, que se ha responsabilizado de la injusticia de sus actos.

Lo que estamos viendo desde hace a�os, a nivel general, va en la direcci�n contraria. Se convierte en un formalismo burocr�tico el requisito del arrepentimiento, se rebajan las exigencias para progresar al tercer grado y se reviste todo de una terminolog�a amable para presentarlo como reinserci�n. Pero no nos enga�emos: todo esto obedece a una l�gica pol�tica muy concreta. Forma parte del final de ETA negociado, cuyas consecuencias seguimos pagando las v�ctimas. Primero fue la vuelta de sus brazos pol�ticos a las instituciones. Despu�s vinieron las excarcelaciones fraudulentas con la mentira de la doctrina Parot, y las no detenciones. Luego lleg� la escenificaci�n del final �sin vencedores ni vencidos�, tan �til para blanquear su pasado, el d�a en que ETA se autodisolvi�.

Ahora asistimos al cumplimiento paulatino de la �ltima de las grandes aspiraciones de la organizaci�n terrorista: vaciar las c�rceles de presos de ETA sin exigirles una verdadera ruptura con el mundo social y pol�tico que justifica sus cr�menes. Que no llamen justicia restaurativa a lo que en realidad son excarcelaciones fraudulentas.

*Consuelo Ord��ez es hermana del popular asesinado por ETA Gregorio Ord��ez y preside el Colectivo de V�ctimas del Terrorismo (Covite).


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