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Alcaraz vence a Norrie y accede a las semifinales de Indian Wells

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Cae también a plomo Cameron Norrie, un tipo duro de pelar que se agarra hasta la última esquirla del partido pero que, al final, no tiene más remedio que rendirse a lo evidente: hoy por hoy, batir a Carlos Alcaraz es poco menos que una quimera. Muy serio otra vez, inspirado y forrado por el mono de trabajo, el número uno lo saborea (6-3 y 6-4, en 1h 33m) y se adentra por quinta vez consecutiva en las semifinales del Masters 1000 de Indian Wells, mérito tan solo conseguido hasta ahora por Rafael Nadal (2006-2013) y Novak Djokovic (2011-2016). El sábado se topará con un viejo conocido, Daniil Medvedev, superior en el turno previo al último campeón, Jack Draper (6-1 y 7-5).

Lo celebra Alcaraz después de otra demostración firme de superioridad, esta vez sin los brillos de la ronda anterior, ante Casper Ruud, pero igualmente con el aplomo y la seguridad de quien sabe que depende de uno mismo. Porque, a estas alturas, salvo contadas excepciones todo pasa por la raqueta y la mente del español, un tenista con tantísimos recursos que, en ocasiones, le cuesta seleccionar. “El tenis consiste en elegir el golpe correcto en medio segundo, o en un segundo, y a veces fallo simplemente porque no elijo la opción adecuada. En mi cabeza tengo siete opciones, así que a veces es complicado escoger la correcta”, comenta a pie de pista, satisfecho por el logro y la dinámica.

En agosto, Alcaraz emprendió una andadura que le ha guiado a coleccionar 34 victorias consecutivas sobre cemento, las mismas que encadenó también al aire libre Pete Sampras en 1994. Quién sabe, por tanto, si a medio plazo será capaz de acercarse a las 46 de Roger Federer (entre 2005 y 2006) o alcanzar la plusmarca de Jimmy Connors (1973-1976), que disparó el registro hasta las 55. Sea como sea, el español continúa en la cresta de la ola y sigue marcando el ritmo, redimensionándose conforme avanzan las fechas y los torneos. Rara vez falla. Son 13 semifinales en los 14 últimos, interrumpida únicamente la secuencia por el tropiezo del Masters de París, en octubre. ¿Quién era el rival entonces?

No parece casualidad que Norrie (30 años y 29º del mundo) le haya ganado tres de los nueve duelos que han protagonizado hasta ahora. El británico, profesional ya de largo recorrido e infatigable, contrapone a todo el academicismo y la fantasía de Alcaraz un juego heterodoxo, por momentos robótico y extraño, hasta cierto punto previsible pero a la vez difícil de controlar. Parece darle siempre mordida, sin fuerza, que se va a ir, pero al final su pelota suele terminar encontrando caminos dificultosos para el rival. Bien lo sabe el de El Palmar, quien advertía de ese revés plano y esa derecha curva que describe trayectorias muy engañosas. Vence, pero debe masticarlo: “Su estilo me cuesta”.

“¡Salta el puma!”

Después de un primer set bien conducido, con altos porcentajes de servicio y un toma y daca que se resuelve finalmente a su favor, comienza el galimatías para el líder del circuito: ese tenis atragantado de Norrie, tan capaz de encontrar el ángulo perfecto como de estrellar en la red la pelota aparentemente más simple del mundo. Desconcertante también para Alcaraz, cuyo tobillo derecho sigue envuelto por el vendaje —mimos y más mimos tras la torcedura del lunes— y que sin saber muy bien cómo, o tal vez sí, se ve con un break en contra y muy cerca de conceder el 3-0. Verdaderamente incómodo. Entonces surge la voz; no la de su conciencia, pero sí la de su entrenador, Samuel López.

“¡Sin prisa, pero con fuerza!”. Teme el técnico que ese desorden momentáneo de su jugador pueda acabar convirtiéndose en un incendio innecesario. No toca, nada de enredos. “Dos-tres y a por él. Gánale en su terreno”. “¡Rascando, rascando!”. “¡En tu cabeza puntos largos, que aquel es una roca!”. Advertido, el murciano reajusta y se endurece. Todo pasa por ahí. Norrie, ya se sabe, no es de los que suela desengancharse, dimita del juego ni mucho menos se entregue con facilidad, así que él reacciona. Curioso el lenguaje, pero ellos se entienden. Hay química, de ahí la elección sin fisuras de diciembre, cuando se anunció la salida del equipo de Juan Carlos Ferrero: “¡Salta el puma! ¡Que viene el puma!”.

Y en esas resurge Alcaraz, hoy en esa línea de lo consciente: nada de adornarse, sino de afrontar el cuerpo a cuerpo y lanzarle un mensaje claro al de enfrente. Por él no será. De la misma forma que es capaz de inventarse una dejada inverosímil o trazar un globo genial, también maneja de sobra el registro de los cabezas duras, de modo que entra con fuerza a cada bola y la aspereza se transforma en un paisaje mucho más acorde a lo deseado. Del posible 0-3 al práctico 4-2, y después el lazo. Al cuarto intento consigue cerrarlo, después de haber tenido un par de opciones al resto; pero sin mayor dilación. “Creo que he jugado bien, sólido, y he sido agresivo cuando he tenido la oportunidad”, recalca antes de irse a descansar. La feliz rutina de las semifinales.

RYBAKINA ASALTA EL ESPACIO DE SWIATEK

A. C.

El sábado, alrededor de la medianoche, Alcaraz se reencontrará con un viejo conocido, Medvedev. Muy lejos de sus mejores días, el moscovita (30 años y 11º) batió al inglés Draper, penalizado por el esfuerzo efectuado del día previo ante Novak Djokovic y que caerá del puesto 14 al 26.

El historial refleja un 6-2 favorable al español, a su vez superior en los enfrentamientos sobre pista dura (4-1) y en cuatro de los cinco últimos. No se miden desde hace dos años, cuando Alcaraz —16 triunfos esta temporada, invicto tras el paso por Australia, Doha e Indian Wells— se anotó las semifinales de Pekín.

El otro cruce resultará igualmente interesante, con Jannik Sinner y Alexander Zverev. El italiano ha elevado el tono estos días y despachó en 66 minutos al local Learner Tien (6-1 y 6-2). No ha perdido ningún set. El alemán, por su parte, se impuso con holgura a Arthur Fils (6-2 y 6-3).

Pese a estar todavía lejos de Alcaraz y Sinner, el de Hamburgo puede presumir de una regularidad difícilmente comparable en los últimos años. Ahora es el quinto jugador, tras Federer, Nadal, Djokovic y el escocés Murray, que alcanza las semifinales en los nueve Masters 1000.

Por otra parte, la fiabilidad de Iga Swiatek se resquebrajó ante Elina Svitolina. Un tropiezo (6-2, 4-6, 6-4) que le costará caro a la polaca, puesto que el lunes caerá de la segunda a la tercera plaza del ranking de la WTA. La desbancará Elena Rybakina (6-1 y 7-6 (4) a Jessica Pegula).

La kazaja, hoy día la sacadora más contundente del circuito —lidera la tabla de aces, con 128—, interrumpió la buena marcha de Pegula, que había alcanzado al menos las semifinales en sus siete últimos torneos. Ella y Svitolina saltarán a la pista este viernes en el segundo turno, a las 2.00.

Antes (00.00, Tennis Channel), la checa Linga Noskova (6-2, 4-6 y 6-2 a Talia Gibson) intentará neutralizar a la número uno, Aryna Sabalenka. La bielorrusa fue exigida por Victoria Mboko, nueva top-10, pero a la hora de la verdad —aplastante al desempate—, no perdonó: 7-6(0) y 6-4.

Por otra parte, Paula Badosa siguió progresando en el WTA 125 de Austin. En concreto, la española (28 años y 106ª) venció por 7-5 y 6-1 a Sinja Krauss (107ª) y disputará hoy las semifinales contra la rumana Bianca Andreescu, fuera de órbita por las lesiones. Este último triunfo le garantiza su vuelta al top-100.

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