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Si me trasplantan las heces de Pogacar, ¿me pondré tan fuerte como él?: una bacteria intestinal aumenta la fuerza muscular

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¿Qué pasaría si…? No hay niño ni científico que no muestre su curiosidad sin hacerse esa pregunta y así comienzan las investigaciones que conducen a los descubrimientos más importantes y a establecer las leyes de la física. Pero quizás ninguna pregunta fuera tan singular como la que se hizo Borja Martínez Téllez: “Si cojo las heces de Pogacar y me las pongo yo, ¿me pondría igual de fuerte que él? Esa fue la primera pregunta”.

“No era una curiosidad loca, por supuesto. En 2018 se empezaron a publicar estudios de trasplantes de heces, una técnica que se está utilizando para tratar enfermedades infecciosas en el intestino, como la provocada por la bacteria hospitalaria Clostridium difficile. En humanos la mejor terapia que existe es un trasplante de heces de personas sanas a enfermas, que mejoran”, explica Martínez Téllez, investigador en la Universidad de Almería. “Eso fue lo que motivó la pregunta y la búsqueda de otra forma más sencilla: qué tipo de bacterias se relacionaban con mayor fuerza muscular, mayor volumen de oxígeno o mejor capacidad respiratoria”.

Meses después de laboratorio y ratones, investigación y estudios, Martínez Téllez y su equipo gritan felices su ¡Eureka!, que se materializa en una afirmación rotunda, sin sombra de duda: “Roseburia inulinivorans aumenta la fuerza muscular”. Es el título del artículo publicado en la revista científica Gut (Intestino), editada por el British Medical Journal y considerada la más importante del mundo en investigación en gastroenterología. Han descubierto el eje intestino-músculo en el organismo, o cómo una determinada bacteria de los billones que pululan, dan peso y trabajan en la microbiota de nuestras tripas para la digestión de los alimentos, la producción de metabolitos, la regulación del sistema inmune y la comunicación con otros órganos, influye también en el desarrollo, crecimiento y calidad de las fibras musculares. Y sin necesidad de entrenamiento. Un eje más que, como el que liga intestino y cerebro con la producción endógena de cannabis, se relaciona con el rendimiento físico del organismo.

Con un primer filtrado, Martínez Téllez y un equipo de investigadores internacionales de las universidades de Valencia, Leiden, Heildelberg, Groningen y Cádiz, se quedaron con las cuatro primas de la familia Roseburia. Analizaron las heces de una cohorte de personas mayores y vieron que les pasaban dos cosas: tenían menos cantidad de esa bacteria, y los que menos bacteria tenían también tenían menos fuerza. “La cosa prometía, pero nos faltaba establecer la causalidad, no sabíamos si tenían más fuerza porque tenían más bacteria o tener más bacteria hacía que tuvieran más fuerza”, dice Martínez Téllez, que del análisis en persona dio el salto a los ratones de laboratorio para hallar la respuesta. “Aislamos la bacteria de unas heces humanas y se la dimos a varios ratones sanos. Lo hicimos mediante un lavado gástrico, con una jeringa que se introduce por la boca hasta el esófago y se inyecta”. Les inyectaron tres días a la semana durante ocho semanas, y después les hicieron test de fuerza muscular y se quedaron asombrados: comprobaron que sin entrenar ni nada los ratones con la bacteria se ponían un 30% más fuertes. “Pero somos científicos, y también nos dijimos que el resultado podría ser espurio, y para salir de dudas recurrimos a la biología: sacrificamos a los ratones después del experimento y al hacerlo nos ilusionamos aún más, vimos que las fibras del ratón se habían transformado, y tenían una mayor prevalencia de tipo 2, las fibras rápidas, las que dan potencia explosiva y son las más glucolíticas”, continúa Martínez Téllez. “Son las que realmente descienden con el envejecimiento y las que más se necesitan”.

Ya solo necesitaban dar con el mecanismo: ¿por qué la Roseburia Inulinivorans hacían crecer las mejores fibras musculares? El procedimiento científico obliga a destruir hipótesis, a seguir haciendo preguntas y comprobar si el resultado se mantiene. “Pensábamos de entrada que la respuesta era que esta bacteria es famosa por producir butirato, un ácido graso de cadena corta, pero, no, esa hipótesis no cuajó, el butirato no tenía nada que ver en esta historia. Nos volvimos locos, ¿cómo puede ser esto?”, dice, dando suspense al relato de su descubrimiento y al final feliz de la historia, que reside en la voracidad de la Roseburia. “Esta bacteria lo que hace es consumir muchísimos aminoácidos dentro del intestino y para contrarrestar ese déficit el hígado produce muchos más aminoácidos, y eso hace que el músculo se ponga más fuerte”.

El grupo holandés de la investigación, especialistas en epidemiología, tenía una cohorte de unas 6.000 personas que le permitió comprobar la evolución de la Roseburia a lo largo de la vida. ¡Y zas! Esa bacteria empieza a desaparecer a los 65 años, la edad en que comienza la pérdida de masa muscular, la sarcopenia… “Se había hablado mucho de un posible eje intestino-músculo, pero hasta ahora no se había demostrado de forma consistente: ya se puede decir que el intestino puede lograr que el músculo rinda mejor”.

Ancianos, especialistas en geriatría y deportistas preguntarían inmediatamente cuánto se tardará en probar en humanos la eficacia de la bacteria mágica, y sacar al mercado unas cápsulas con la mítica Roseburia, tan efectiva en ratones, tan anabólica como los esteroides y sin efectos secundarios ni adicción ni tolerancia. “Hemos registrado una patente y estamos en el proceso de desarrollar un ensayo clínico fase uno”, dice el investigador andaluz. “Y una segunda línea de investigación está empezando a darnos resultados muy potentes en modelos con obesidad. Y pensamos que su uso podría ser complementario con el Ozempic y otras hormonas GLP-1, que hacen que se pierda masa muscular”.

Y el deportista que quiera ser Pogacar o Usain Bolt, y ser más fuerte entrenando lo mismo, ¿qué hará? ¿Será dopaje? “Esto es como todos los medicamentos, como la EPO que se descubrió para tratar anemias y a gente con problemas renales y luego se derivó hacia el mercado del dopaje”, reflexiona el investigador. “Pero la Agencia Mundial Antidopaje no considera dopaje los probióticos, los suplementos que ayudan a mejorar la microbiota, la gran comunidad de bacterias intestinales… Esto abre un concepto nuevo, unos productos inspirados en esto que pronto sacaremos…”

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