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Javier Argüelles, entrenador de la medallista olímpica Ana Alonso: «Que Ana lograse las medallas es un hito de la medicina deportiva, nunca lo había visto»
Javier Argüelles (Gijón, 1983) lleva muchos años trabajando junto a deportistas del más alto nivel. En los pasados Juegos Olímpicos de Invierno le ha … llegado un gran éxito como entrenador de Ana Alonso, doble medallista olímpica en esquí de montaña. «Sabíamos que nuestro nivel era alto», confiesa.
–¿Cuánto tiempo llevaban trabajando en esta disciplina?
–Muchos. Fue olímpica en los primeros Juegos de Invierno. Luego salió del programa y volvió a entrar, es un deporte muy antiguo. En España tiene una tradición grande, con equipo nacional desde hace muchos años. En el programa de tecnificación de Andalucía, Ana y yo llevamos diez años.
–¿Cómo llegó al CAR de Granada?
–Era futbolero. Jugué a balonmano, hice atletismo y el fútbol fue mi último gran deporte. Era delantero en el Sporting juvenil y lo tuve que dejar por problemas de lesiones en la rodilla. Por afición familiar, tenía la montaña y el esquí, algo idolatrado y un poco inaccesible. Por eso me fui a estudiar a Granada, que era la única facultad de Ciencias del Deporte en España con un camino orientado al entrenamiento en deportes de invierno. Aquí empecé a trabajar.
–No le fue mal.
–Salió a concurso un puesto de especialista en biomecánica deportiva y análisis de rendimiento. Tuve la suerte de conseguirla y empezar a trabajar para el Consejo Superior de Deportes. De forma paralela seguí con la preparación física y hace diez años empecé a ayudar a la Federación Andaluza a poner en marcha un plan de tecnificación de esquí de montaña. Ahí empiezo a trabajar con Ana Alonso.
«Es un lujo, vienen medallistas olímpicos de todo el mundo y de varias disciplinas»
–Mucha vocación le viene de su padre.
–Mi familia es muy deportista, mi padre fue uno de los pioneros que democratizó el deporte en España, uno de los fundadores del Patronato Deportivo Municipal. Siempre tuve claro que mi vía era el deporte, ya fuera de deportista o como fuera.
–¿Esquiaba de niño?
–Un poco. Aprendí con mi familia, con los esquís al hombro en el puerto de Tarna. Algún día me escapaba con mi padre, era un ‘hobby’ que compartíamos. Era algo un poco exclusivo, que no podíamos hacer siempre. Una semana al año o así intentaba escaparme con él y sus alumnos.
–¿Cómo llegó a contactar con Ana Alonso?
–En el programa de tecnificación empezamos con niños y ella era mayor. Había hecho esquí de fondo y luego dejó el deporte. Quiso probar el esquí de montaña y me contactó. Fuimos creciendo juntos. España es pionera en metodología de trabajo y entrenamiento en esquí de montaña. En los últimos diez o quince años hemos avanzado mucho. Somos referentes mundiales en este deporte.
–¿Cúanto le afectó el accidente del pasado año de Ana Alonso?
–Fue durísimo. Recibo la llamada de un compañero nervioso que solo me decía Ana, coche, accidente. Acababa de verla y sabía que había salido a un entrenamiento largo con bicicleta de carretera. Me temí lo peor. Cogí el coche, la vi en el suelo, pero consciente. La peor noticia vino con el diagnóstico de las lesiones, que eran incompatibles con estar en los Juegos en febrero. Veníamos de dos años muy buenos, con un campeonato de Europa y un subcampeonato del Mundo. Claramente íbamos a por las medallas. Fue como si se te cayera el mundo.
–El resultado competitivo ha sido excelente pero, ¿cuanto le ha lastrado el accidente?
–Es lo que nos preguntamos. Lo sucedido no es lo normal. Eran muchas lesiones complejas que nos impedían entrenar con normalidad. No pudimos entrenar nieve hasta diciembre, cuando sus compañeros tenían ya tres meses de trabajo específico; el parón y lo que implica en un deporte de resistencia… lo veíamos muy difícil. Se ha ido adaptando a a todas las fases de readaptación de una forma fantástica. Es un hito histórico de la medicina deportiva, nunca lo había visto. Quizá hubiéramos aspirado al oro, pero también puede ser que esta situación le haya dado más madurez mental, nunca lo sabremos.
–¿Cuánto le ha tocado hacer de psicólogo?
–Mucho. La figura del entrenador, más en deportes minoritarios, siempre ha sido el primer psicólogo. Ante circunstancias tan graves el aspecto mental tiene un peso más importante. Para mí fue lo más duro.
–¿Cuenta este deporte con el apoyo suficiente?
–No nos podemos quejar, aunque siempre se puede mejorar. Ana ha vivido un antes y un después en las últimas tres temporadas gracias a un plan del CSD, España Team Elite. Gracias a sus buenos resultados ha logrado unas becas que le permiten vivir con tranquilidad. En el ámbito andaluz el programa es humilde, pero cuenta con financiación de la Consejería de Deportes. También tenemos ayuda de la estación de esquí de Sierra Nevada. Y además está el CAR, el mejor centro de entrenamiento en altitud del mundo. Tenemos la suerte de tener aquí la sede, un apoyo muy grande. Ahora seguramente le toque a la Federación Española ver cómo quiere organizar el deporte a futuro. Este equipo ha demostrado un trabajo extraordinario en cuanto a rendimiento deportivo y eficiencia. No sé si estamos ante las medallas más baratas de la historia por la estructura deportiva creada, muy humilde.
–Ha trabajado con muchos otros deportistas de alto nivel.
–Trabajar en un centro como el CAR es un lujo, es referente mundial en deportes de resistencia. Vienen medallistas olímpicos de todo el mundo y de muchas disciplinas: ciclismo, natación, remo, piragüismo, triatlón, atletismo… Es una oportunidad muy grande, podemos tratar con diferentes entrenadores y deportistas de alto nivel, se aprende mucho. Hay referentes como la Federación de Piragüismo, llegamos a hacer pruebas en la piscina metiendo la piragua dentro. Me fije mucho en ellos, en Miguel García. También en María Pérez (marchadora) y Jacinto, su entrenador, y en una persona que ha sido muy importante para nosotros: Fred Vergnoux, el entrenador de Mireia Belmonte. Recibir sus mensajes y ver que podemos estar con ellos en este mundo de medallistas es un lujo.



