Internacional
Valverde sueña despierto y aplasta al City con tres goles de videoteca
Fede Valverde despierta por la ma�ana. Ha tenido un sue�o. Es el sue�o de un ni�o que marca tres goles en el Bernab�u en la Copa de Europa, la Champions, pero no unos goles cualquiera. No. Unos goles de los que se sue�an, con los autopases de Cruyff, los controles en carrera de Maradona o el sombrerito del adolescente Pel� en la final del Mundial de Suecia. Esas cosas no pasan. Se sue�an. [Narraci�n y estad�sticas, 3-0]
Valverde despierta y mira el m�vil. Pone la radio. No puede ser. Lee su sue�o, lo escucha, incluso mejor de lo que es capaz de recordarlo. Un hat-trick con el que el Madrid vence al Manchester City de Pep Guardiola, nada menos, al anticristo del Bernab�u.
El relato que escucha est� cargado de adjetivos en los que jam�s piensa, s�lo corre, como un ant�lope en el Serengueti, para dejar que piense su cuerpo, que decida el instinto de un futbolista dif�cil de clasificar. Quiz�s eso explique que se sintiera extra�o en la clasificaci�n pretendida por Xabi Alonso y, en cambio, explote en este caos que tan bien le sienta al Madrid. El caos, en realidad, es un orden distinto que te permite estar en todas partes, y eso es lo que hace el uruguayo, en defensa y en ataque, en el �rea propia como en la contraria. No es un desconocido para el gol, en absoluto, pero eran goles distintos, explosiones de su propio f�sico. Estos goles son otra cosa. Se sue�an.
Convertirlos en reales no depende �nicamente de la determinaci�n y el deseo. Necesitan de una atm�sfera, de una fuerza tel�rica. S�lo la combinaci�n de ambas puede convertir en una noche a un gran jugador en la sombra chinesca de los mejores de la historia. El control y el autopase a Donnarumma en el primer tanto y el sombrero sobre el defensor en el tercero son propios de lo mejor que se puede encontrar en las videotecas, en blanco y negro o tecnicolor. A esos a�adi� Valverde el disparo del segundo, certero pero m�s propio de su condici�n humana. Por algo, el destino le escogi� tambi�n a �l para esa suerte.
Es cierto que hubo errores del rival, de O’Reilly y el propio Donnarumma, malas mediciones en el primer gol, y que un rebote lo habilit� en la acci�n del segundo. Nada de eso, sin embargo, resta m�rito y m�stica a lo hecho por el uruguayo.
Valverde logra el primer gol.AFP
Los goles llegaron pronto, dos antes de la media hora y los tres antes del descanso, para rearmar moralmente a un Madrid ajado por las bajas, con Mbapp� como un turista hist�rico en la grada vip despu�s de su pol�mica estancia en Par�s para recuperarse de una lesi�n. Guardiola oli� el rastro de la sangre y sali� con todas sus bater�as. Incluso demasiadas. Se empach�. La sobrepoblaci�n de delanteros apart� al t�cnico y a su equipo de su estado preferido, de las largas posesiones de su centro del campo. Rodri no parec�a el Rodri renacido, sino un guardia urbano en la rotonda de Cibeles de madrugada. Cuando el t�cnico quiso corregirlo, con la entrada de Reinjders, ya iba tres abajo, ya jugaba sobre el desfiladero.
Guardiola busc� el tal�n de Aquiles del Madrid, la espalda de Trent, con insistencia. Lo hizo con Doku, un diablo. Las acometidas provocaron v�rtigo en el Bernab�u, miedo por lo que se ven�a, pero entonces Courtois tom� una decisi�n a contraestilo. Lanz� un bal�n largu�simo para la carrera de Valverde. Todo lo dem�s pas� en sus sue�os.
Guardiola observa a Arbeloa.AFP
En el Bernab�u eran tan reales que acabaron por cambiar la realidad. El gol activ� todav�a m�s a un Madrid que hab�a arrancado intenso, aunque no dominante. A partir de ah�, se comi� el partido, con ayudas incesantes para auxiliar a Trent, fueran del propio Valverde o de un Thiago Pitarch estajanovista, de un lado a otro, imparable. El esfuerzo y despliegue f�sico del jugador de la cantera justifica la elecci�n de Arbeloa como titular por delante de Camavinga, que sali� en la segunda mitad. Uno llega con el compromiso que el Madrid, hoy, necesita. Hoy y siempre. El otro est� detenido. El �nico error de Thiago Pitarch encontr� la pierna salvadora de Courtois, el �ngel de la guarda en el portal el Madrid.
Los goles continuaron para inflamar el alma blanca, con un tercero preciosista, en el que Brahim hizo un primer sombrero para que Valverde realizara el segundo y el remate definitivo. El malague�o fue un recuperado para la causa, despu�s de llegar algo deprimido de la Copa de �frica. En la plaga b�blica que sufre el Madrid, su regreso es como el agua.
Tampoco para el City lo que pasaba era real. Era una pesadilla, con un ataque est�ril, Haaland aislado, como un farero en un islote, y Guardiola con las manos en la cabeza. Le espera el rinc�n de pensar. Vinicius, en el punto de penalti, fall� la estocada, aunque con este Madrid y este City quiz�s no sea necesario llevar el estoque a Manchester.





