Internacional
Una mañana en Vega, el club privado de Íñigo Onieva: "No queremos que se convierta en el club de los latinoamericanos"
Como los perritos con sus familias, Vega Members Club se ha mimetizado con uno de sus due�os, ��igo Onieva. Se nota que es su creaci�n. Entrar en la sala visible y abierta a cualquier mortal es entrar a su universo, a lo que m�s anhela; a la intimidad. Hay un cartel, ni peque�o ni grande, al fondo, con una advertencia: “Private members club. No photos or videos“. En ingl�s. Casi todas las palabras aparecen en la mente del marido de Tamara Falc� en ese idioma.
“Me sale todo el rato el ingl�s, perdonadme”, se disculp� ayer al principio de su visita guiada por el club privado que inaugur� el viernes pasado. S�lo pueden hacerse fotos en el restaurante, Casa Vega. Dentro del club est� prohibido y para asegurarse de que nadie se despista tampoco se podr� utilizar el m�vil. “Podr�s llevar unos AirPods o irte a la zona de llamadas”. Uno de los valores m�s importantes de este club es la privacidad. Siempre que Onieva describe Vega lo hace mencionando a Nueva York u otras capitales “cosmopolitas” (dice) excepto cuando se trata de las membres�as.
La m�s cara es de 2.500 euros. Cree que la barrera principal no es el precio sino ser aceptado como socio. Miran todo: profesi�n, visi�n de vida, intenciones en el club… y la nacionalidad. Describe que como mucho habr� un 40% de socios extranjeros, que priorizar�n al socio local. “No queremos que esto se convierta en el club de los latinoamericanos tampoco. Queremos que haya un equilibrio y por eso tiene prioridad el local”. Funciona con el boca a boca, como la mayor�a de clubes de la capital. “Tienen que recomendarte como m�nimo dos socios. Luego se hace una entrevista y se ve qu� buscas del club”.
Onieva quiere que los miembros tengan esa sensaci�n de hogar, de lo de siempre, que se ha perdido en la mayor�a de restaurantes de Madrid. Ya no se puede improvisar una cena con amigos, ahora requiere una semana de planificaci�n algo m�s que unas cervezas en una terraza. �l estaba esperando el momento. “Cuando viv�a en Londres mientras estudiaba el m�ster sal�a siempre por clubes privados pero por entonces Madrid no estaba preparado, el espa�ol era m�s austero. Por eso nuestro eslogan ‘Madrid is finally ready for this‘” (sic) . “Los dos vimos esta necesidad. Est�bamos alineados”, dijo sobre su socio y �l. Quieren que sea el lugar donde piensas para todo: comida, reuniones o una copa.
Onieva arranc� su recorrido por el club explicando que otro de sus pilares es la vinoteca, que cada socio tendr� la suya con su nombre y apellidos o con sus iniciales si quieren que sea an�nimo. Al cruzar el umbral de la puerta que separa el restaurante Casa Vega del resto, y tras atravesar un peque�o pasillito, aparece el primer sal�n de los tres. Es el restaurante, todo es azul y acogedor.
El sal�n donde dan cenas, decorado (como todos los espacios) por L�zaro Rosa-Viol�n
Es el primero de los tres salones. Cada uno tiene un color predominante, el de las copas es naranja. Onieva explica que siempre habr� un DJ y que es la zona pensada para amigos y para los hijos de los seniors. Con su socio, Manuel Campos, ha evitado que se convierta en un garito. Vega abre a las 9 de la ma�ana (dan desayunos, “brunchs”, comidas, cenas) y alarga hasta las 3 de la madrugada entre semana y las 4 los viernes y s�bados. “Hasta las 6 no, no quer�amos ser una discoteca. Queremos que el socio pueda estar aqu� todo el d�a”. Onieva explicaba su nuevo negocio como si tuviera un power point detr�s, con un esquema mental en la cabeza. Habr� consumo (precio) m�nimo por mesa.
El sal�n donde habr� DJ de noche y podr�n hacerse conferencias o charlas de d�a
Creen que es otra forma de evitar que se produzca el ruido los restaurantes de la capital. Han limitado a 500 el n�mero de socios. �Cu�ntos llevan desde el viernes? Onieva no respondi� a nada que tenga que ver con n�meros. Hablaba de sensaciones. “Desde el principio, antes de la inauguraci�n, ten�amos much�simas solicitudes“, se jactaba. Sonre�a cuando contaba que van a ser muy meticulosos con la selecci�n de socios, tienen un m�ximo de 500. “Podemos permit�rnoslo”. Han insonorizado todas las salas. “El viernes hab�a tres DJs distintos, y no se mezclaba la m�sica en ning�n momento”.
��igo Onieva no esconde la letra peque�a de abrir este local. “Ese m�rmol, por ejemplo, me cost� much�simo conseguirlo. Tuve que negociar con la familia Consentino, que son amigos, para poder poner m�rmol de verdad. Pues as� con un mont�n de cosas”, dijo en la sala de los senior, en la que no habr� DJ.
Otro de salones, concebido como el espacio de reuniones
En su recorrido repiti� que la decoraci�n est� inspirada en las casas de Nueva York de los a�os 50. Tambi�n sus propios referentes. Uno de los cuadros del sal�n del restaurante es de su madre, Carolina Molas. “Le gusta pintar en sus ratos libres. Lo he colado”. Lo rodean litograf�as de Mir� y gui�os a Vasarely.







