Deportes
El deportista ante el vacío de la retirada
Por una decisión técnica, una lesión, un problema físico, por un desgaste mental o porque sí, todos los deportistas tienen un día en el que se asoman a un abismo, el de la retirada. Quien más quien menos sufre el vértigo de aparecer al otro … lado del tartán o de la pista y no saber muy bien quién es, qué hacer. A veces se acepta bien el salto, otras se manejan como pueden en estas arenas movedizas, y en alguna ocasión, el vacío es tal que no se encuentra salida.
Se cumplen 20 años del suicidio de Jesús Rollán —11 de marzo de 2006—, que sirvió de llamada de atención, como cada vez que se sucede una tragedia de este tipo, para tomar conciencia de que el deportista no se acaba con el campeonato, sino un poco más allá, cuando empieza la persona. Y se ha avanzado, mucho, con programas y apoyo, sí, pero los deportistas piden más. «Se habla mucho, pero se actúa todavía poco; tiene que haber una preocupación real a todos los niveles», reclaman.
Este paso de la retirada, tan natural, es, sin embargo, poco hablado en los vestuarios. «El deportista en activo no piensa en la retirada. Ni tampoco en que después le quedan 50 años de vida. Cuando entrena piensa en llegar a lo más alto, a que va a poder vivir del deporte. Y eso que sabes que es uno entre 16.000. Concienciarles en ese futuro es muy difícil, sobre todo cuanto más jóvenes son», explica Lola Fernández Ochoa, directora de la Fundación Blanca.
Para Tania Lamarca, el deporte —gimnasia rítmica en su caso—se acabó en una frase: tenía que pasar de 43 a 41 kilos si quería seguir en el equipo. No lo hizo, por salud. Tenía 18 años, pero las consecuencias de esa decisión y el enfrentarse a ese nuevo mundo tardaron mucho en desaparecer.
«Es una pérdida de identidad. Es un ‘¿ahora qué, quién soy?’ He dedicado cuerpo y alma a esto, y he sido la mejor (campeona olímpica en Atlanta 96), y ahora tengo que demostrar que soy la mejor en otra cosa. Nos ponemos esa exigencia de más. Y te sientes un fracaso para los demás, crees no estar a la altura; y es muy fácil caer en todo porque en ese momento eres muy vulnerable», recuerda de aquella época.
«Muchos no quieren ver que ese momento llegará. Y si no lo asimilas o no lo aceptas, el vacío es muy grande. No sabes para qué vales, qué sabes hacer, qué utilidad puedes tener en una empresa. Se genera una sensación de inseguridad muy grande. Te hace sentir muy mal. Sumado a toda una vida con cierta facilidad para un deporte y para triunfar, luego te viene el miedo. Y eso ha llevado a situaciones trágicas», añade Pedro García Aguado, campeón olímpico de waterpolo en Atlanta 96 y compañero del malogrado Rollán.
Y dan igual las medallas, los resultados o los rankings. «A mí me marcó aquella muerte, y la de Yago Lamela. Yo tuve la suerte de irme preparando para tener una transición menos dura, aunque el salto está ahí. Es uno de los momentos más duros. No tiene nada que ver con el currículo deportivo, tiene que ver con un momento de soledad, de no tener un objetivo. Sientes ese vacío y si no tienes a alguien en quien se pueda apoyar o que te guíe, te puedes perder», asegura Ander Mirambell, expiloto de skeleton.
«Es un ‘¿ahora quién soy?’, y te sientes un fracaso para los demás, de no estar a la altura»
Lamarca reflexiona que ahora puede hablar, pero durante mucho tiempo lo llevó en silencio, como su anorexia. Todavía hasta hace poco le daba vergüenza. Como a tantos que sienten que descubrir estos agobios internos, tan humanos, pueden agrietar la armadura de los deportistas, todavía con esa capa de superhéroes que les viene dada y que a veces pesa demasiado. «No hablamos porque haces ver una vulnerabilidad que en la competición no interesa. En mi época tampoco sabíamos poner nombre a lo que nos pasaba, así que no lo comentabas con nadie -señala Aguado-. En aquel momento apareció la figura del acompañamiento psicológico; yo nunca lo usé porque no vi la necesidad», admite el exjugador de waterpolo, que acabó pasando por una clínica de desintoxicación por sus adicciones tras salir del agua, como reflejó en su charla del III Foro de Deporte y Salud Mental.
La capa de superhéroes
No es fácil levantar la mano y pedir ayuda o decir que no se puede más, que la carrera por ser el mejor necesita una pausa. Al menos, van saliendo voces. Para el psicólogo Pablo del Río, el punto de inflexión llegó en los Juegos de Tokio, cuando Simone Biles dio un paso en el tapiz, un paso hacia afuera. «Dijo: ‘me voy porque lo importante es mi salud mental, no quiero salir en una camilla’. Ahí se montó un revuelo increíble. En ese momento hubo instituciones públicas, directivos y prensa que se enteraron de que había una cosa que se llamaba salud mental en el deporte». Y lo que se pretende es que esas pausas sirvan para no llegar a un desenlace peor.
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024 Línea de atención a la conducta suicida
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717 003 717 Teléfono de la Esperanza
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91 507 92 48 Línea de Salud Mental España.
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GUÍAS DE AYUDA redaipis.org , comunicalasaludmental.org , consaludmental.org , papageno.es
«Todavía no es lo mismo decir ‘me he roto el tobillo’ a que ‘me he roto el coco’. Y si hay miedo es que no estamos haciendo las cosas bien todavía. El éxito será que un deportista pueda ir a su psicólogo y decir que tiene un proceso de ansiedad y tenga la misma respuesta que si hubiera ido por una lesión de rodilla: recuperación, acompañamiento y regreso al equipo, sin más», señala la psicóloga deportiva Lorena Cos, autora del libro ‘Perder también es de campeones’. Y todos admiten que los ejemplos son importantísimos, como los de Ricky Rubio, Sara Sorribes, Carolina Marín, porque empieza a desprenderse el deportista de esa capa de superhéroe que le viene dada y que a veces llega a pesar demasiado.
Y aunque se va rompiendo el tabú de las lesiones mentales durante la carrera, todavía queda en ese último paso a la vida después de los podios. «La sociedad construye héroes y parece que son invencibles; les quitamos la opción de ser humanos. Los construimos, pero no los acompañamos en la caída; y en la vida, vamos a caer en algún momento», apunta Cos. Más tajante es Del Río: «La psicología del deporte es noticia cuando alguien se suicida. Nos remitimos a Rollán, a Ocaña, a Blanca Fernández Ochoa. Pero esos temas no tienen nada que ver con el deporte. Esos problemas llegan porque se genera una burbuja en el que directivos, políticos y la sociedad se han encargado de engañar al deportista, que es un mero objeto, al decirle que va a ser campeón olímpico, y eso es muy difícil. No les fuerzan a que estudien porque los entrenadores, por ejemplo, dependen de los resultados que hagan; a muchos no les preocupa lo que le pase al deportista cuando se retire».
«Los casos de Rollán o Blanca no tienen nada que ver con el deporte; se generan porque se engaña al deportista, se le convence de que será campeón»
Pablo del Río
Psicólogo
De ahí que refuercen todos la importancia de sembrar el futuro mientras se cultivan los éxitos deportivos. Habla García Aguado del programa Transición de Carrera que había en su momento. En el Comité Olímpico Español están las puertas abiertas de la Oficina de Atención al deportista. Por parte del Consejo Superior de Deportes, están en marcha varias vías. Las ‘Becas Transición’ se crearon en 2025 y permiten al deportista mantener la beca que tendría si siguiera en activo en diferentes cuantías según los resultados, lo que favorece a deportistas de modalidades individuales que no cuentan con el amparo de una estructura o un club. «La existencia de un apoyo económico explícito tras el fin de la carrera deportiva no solo aporta estabilidad personal, sino que puede tener un efecto positivo en el rendimiento de los deportistas durante sus años de competición, al reducir la incertidumbre sobre el futuro», explican desde el organismo.
Además, «todos los deportistas de alto nivel -sin distinción- cuentan con el Programa de Atención al Deportista de Alto Nivel (PROAD), una herramienta consolidada que les ofrece asesoramiento personalizado para su formación académica e integración sociolaboral» y que ha permitido la inserción laboral de más de 1.670 deportistas. Y el programa Atrade (Atención para la Transición Deportiva) para acompañar y orientar en los procesos de reconversión. Una cuerda que ancle un mundo con otro.
Se estima que de los 6.000 deportistas de alto rendimiento estudia un 10%. Del Río no acepta deportistas en su consulta que no estén estudiando «y no solo matriculados». Pero aun así, es difícil. La Fundación Blanca que preside la exesquiadora olímpica Lola Fernández Ochoa recibe llamadas a diario: «El gran porcentaje es el que se retira tarde al alargarse las carreras y sale sin estudios, y si ha estudiado, no tiene experiencia. Tenemos un caso de una bioquímica a la que no le dan trabajo, y otro futbolista que tuvo que coger en su momento un trabajo mal remunerado porque no le ofrecían más. Las instituciones están concienciadas; pero faltan recursos. El PROAD no da a basto, ayudan a un 17%, y son los que están fatal, pero hay que tratar también para que no se llegue al límite».
«Hay que humanizar más al deportista. Darles y que tengan la libertad de pedir ayuda, no cohibirse por nadie»
De ahí que refuercen todos los consultados que las acciones han de ser preventivas, instalar el psicólogo deportivo, sí, pero también el clínico. «Seguimos actuando cuando el daño ya está hecho. Con acciones reactivas y no preventivas. La psicología del deporte no tiene por qué trabajar solo cuando algo va mal. Es ideal que se trabaje de estar bien para que vaya mejor. No pausar, sino construir», admite Cos.
«Antes no había detectores de ningún tipo que pudieran advertir si alguien lo estaba pasado mal -señala Lamarca-. El psicólogo, si lo había, solo se dirigía al resultado, y no digo que el cuidado de la salud mental vaya a la no exigencia, sino a enfocarnos más en el proceso y no tanto en el resultado. Hay que ser proactivos y no al final, solo cuando pasan las cosas». Y pasa por ser consciente el deportista, por que el camino de la retirada se trabaje dentro de la psicología del deporte en su conjunto, como hace Del Río. «Y humanizar más al deportista y hablar con más transparencia de lo que duele, en el día a día. Darles y que tengan la libertad de pedir ayuda, no cohibirse por nadie», lanza Cos.
No hay una única causa
Y llamar la atención y enseñar a quienes rodean al deportista. «Hay indicadores: si estás irascible, duermes mal, no te apetece entrenar ni socializar, comes mucho o poco… es el momento de pedir ayuda. Pero te enseñan a no quejarte, a no ser débil. Por eso también intentamos concienciar al entorno, a la familia, entrenadores, compañeros. Aunque se enfade contigo, habla, díselo a alguien, porque le puedes salvar la vida», subraya Fernández Ochoa.
«Es muy difícil pedir ayuda; te enseñan a no ser débil, a no quejarte. Por eso hay que concienciar al entorno: si hablas puedes salvar una vida»
Lola Fernández Ochoa
Presidenta de la Fundación Blanca
Porque hay que hablar: «Creamos la fundación después de pasar el duelo de mi hermana. Yo pasaba vergüenza de contar lo que había pasado, porque pensaba en cómo no habíamos sido capaces de ayudarla mejor. Ella me pidió que no contara nada y yo lo respeté. No teníamos herramientas. Ahora siento vergüenza de haber tenido vergüenza por contar que mi hermana se suicidó. Hay que contar y normalizar. Es la única salida. Yo tengo claro ahora que pediría ayuda para poder ayudarla».
No hay una única razón por la que se llega a esa decisión; son muchas. Y depende de muchos factores: características propias, circunstancias personales, el entorno, la mochila del pasado… Por eso ninguno quiere demonizar el deporte como si fuera la causa de los desenlaces trágicos. Al contrario, todos defienden que aporta muchos más valores que aspectos negativos. Es lo que recalca Del Río: «Ahora todo es salud mental, parece que el deportista está enfermo porque se habla de ciertos términos demasiado a la ligera, y de las posibles patologías o deficiencias que puede dar el deporte que de sus virtudes, que son muchísimas más. He atendido a miles de deportistas de alto nivel, y los casos patológicos son menos del 1%. Repito, menos del 1%. ¿Por qué hay tan pocos casos? Porque las probabilidades de sufrir una patología o una alteración conductual en los deportistas que han incorporado el entrenamiento psicológico a su formación integral se reduce prácticamente a una muestra insignificante. Una labor preventiva para evitar llegar a esas patologías».
Y lo secunda Aguado: «Cuando nombras casos dramáticos se puede apuntar al deporte como algo que no es sano, pero no hay que culparlo, sino a las características de cada deportista para gestionar esa transición. El deporte te enseña muchísimo, a mí me salvó la vida. Es en la gestión emocional de esos momentos en la que puede que no seamos tan buenos». Para eso también hay que entrenar. Quieren que se aproveche el momento de que se habla más que nunca para actuar más, para que el vértigo de la retirada solo sea un paso más para la siguiente meta vital.



