Internacional
Demi Moore y la maldita obligación de estar buena a los 60
Antiaging, antiaging, antiaging. Veo la dichosa palabra por todas partes, disolvi�ndose en una espiral hipn�tica incluso en mis pesadillas: es el nuevo mantra explotado por casas comerciales y medios. Si no sabes de lo que hablo, probablemente no sufres la resaca post-8M ni eres mujer. Demi y yo lo sabemos muy bien.
Como escrib�a Susan Sontag en su ensayo A Woman’s Beauty: A Put-Down or Power Source? (1975), no es el deseo de ser bella lo que est� mal, sino la obligaci�n de serlo. Las mujeres seguimos sometidas a vigilar constantemente nuestra apariencia, como si nuestro valor social dependiese de ello, generando una est�tica f�rrea del control y la disciplina. Es el cuerpo del fascismo.
Porque hoy en d�a ya no basta con estar buena a los 20: hay que seguir est�ndolo a los 40, a los 50y a los 60. La cultura antiaging no ha eliminado la obligaci�n de ser bella; simplemente ha ampliado la franja horaria.
Antes entr�bamos en la zona de invisibilidad cuando nuestro superpoder, es decir, la juventud, se hab�a evaporado. Era el momento de alzar una copa de vino y mirar al horizonte con sonrisa de stock de fotos. No quedaba m�s remedio que prender una vela de autocuidado con aroma a espliego. Y mucha aceptaci�n.
Ahora es viable el retorno al espectro visible de las mujeres peri- y posmenop�usicas gracias al antiaging y a los avances de la medicina est�tica. Pero tambi�n cuentan los chupitos de Ozempic, los bocadillos de aire, la fuerza de voluntad en forma de hip thrusts y, por supuesto, el dinero.
As� vimos reaparecer a una espectacular Demi Moore atiborrada de antiaging en 2024, hasta su reciente desfile de Gucci, reducida como un oompa-loompa en Matrix. En esa ya ic�nica aparici�n, la est�tica bondage y de control a la que alud�a Susan Sontag parece expresar el dominio absoluto al que somete su cuerpo. Y el microperro, el accesorio luxury que infantilizar�a hasta a Sergio del Molino si le colgase un chihuahua del brazo. Acordaos de Paris Hilton o de Esther Do�a.
�Era realmente esto lo que quer�amos? Rotundamente NO. Hemos pasado de nuestras madres, luciendo cabellos cortos en un gesto voluntario de renuncia a la vanidad, optimizando as� el tiempo entre limpiezas y trabajos fuera del hogar, a una cultura en la que el envejecimiento femenino se ha convertido en un proyecto disciplinario a jornada completa.
Como afirmaba Barbara Kruger, el cuerpo no es un campo de batalla. Pero la era antiaging parece haber decidido lo contrario por nosotras. De otra manera, el destino natural que nos espera no es el envejecimiento, sino la desaparici�n, o sea, convertirnos, como Patrick Swayze, en un ghost.




