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Internacional

Recorriendo los pueblos fantasma de Fukushima 15 años después de la tragedia nuclear

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El reloj del pasillo sigue detenido a las 15:37 del 11 de marzo de 2011. A esa hora, las olas del tsunami, muros de agua de hasta 15 metros, alcanzaron el segundo piso de la escuela primaria de Ukedo, un peque�o pueblo pesquero de la prefectura de Fukushima. El edificio de hormig�n gris, de tres plantas, contin�a en pie como un monumento involuntario a la violencia de la naturaleza. Dentro, el tiempo qued� encapsulado. El barro ya desapareci�, pero dej� su firma: una l�nea oscura que recorre los muros a m�s de dos metros de altura. En algunas pizarras a�n se adivinan restos de tiza. Entre las taquillas oxidadas y las estanter�as torcidas sobreviven folios con ejercicios de ingl�s.

“A las 14:46 horas el suelo empez� a moverse con una violencia que nunca hab�amos sentido. Hab�a 82 alumnos ese d�a. Los ni�os gritaban y lo primero que hicimos fue pedirles que se metieran debajo de los pupitres. Minutos despu�s del terremoto, lleg� la alerta de tsunami”, recuerda Keiko Sato, una de las profesoras que estaba aquel d�a en el centro. Apenas 200 metros separan la escuela del mar. “El director orden� evacuar inmediatamente hacia una peque�a colina. Los ni�os estaban muy asustados, pero salieron en fila. Esa decisi�n nos salv� la vida a todos”.

Cuando salieron, el paisaje ya no era el mismo. Los cables el�ctricos se balanceaban como lianas y algunas casas se hab�an derrumbado. Pero lo m�s inquietante era el sonido del mar. “Era como un rugido muy grave”, relata Sato. Desde la colina, profesores y alumnos vieron c�mo las olas avanzaban tierra adentro, arrasando el puerto de Ukedo y lanzando barcos pesqueros contra los tejados.

Ruinas de la escuela primaria de Ukedo.

Ruinas de la escuela primaria de Ukedo.L.de la Cal

Parte de la escuela qued� sumergida. A menos de cinco kil�metros de all�, los reactores de la central nuclear de Fukushima Daiichi comenzaron a fallar tras perder el sistema de refrigeraci�n. La fusi�n de los n�cleos liber� material radiactivo y desencaden� el peor accidente nuclear desde Chernobyl. En cuesti�n de horas, el Gobierno orden� evacuar un radio de 20 kil�metros.

La escuela de Ukedo se encuentra a las afueras de Namie, una localidad donde viv�an m�s de 20.000 personas antes del terremoto -de magnitud 9,1, el peor que haya azotado Jap�n-, el tsunami y el posterior desastre nuclear. Hoy gran parte del municipio ha reabierto. Las autoridades han descontaminado la tierra, reconstruido calles e instalado servicios nuevos. Sobre el papel, Namie ha vuelto a la vida. Pero solo han regresado unos 2.000 residentes. El eco de ciudad fantasma est� por todas partes.

La avenida principal arranca en una estaci�n de tren completamente reformada. Es ancha, con farolas nuevas y aceras reci�n asfaltadas. Las se�ales de tr�fico brillan como si acabaran de salir de f�brica. Pero apenas circulan coches. En una esquina hay un supermercado moderno. Nadie entra.

Muchas casas han sido restauradas, con tejados nuevos y peque�os jardines cuidados. En otras, la vegetaci�n ha ganado la batalla: la hiedra trepa por las paredes y los buzones acumulan polvo. En algunas fachadas hay carteles con fotograf�as antiguas de los barrios antes de 2011: festivales de verano que atra�an a miles de turistas, calles llenas de bicicletas.

Una calle vac�a en la reconstruida Namie.

Una calle vac�a en la reconstruida Namie.L.de la Cal

“El problema ya no es el miedo a la radiaci�n”, explica un empleado municipal. “La mayor�a de los antiguos vecinos reh�zo su vida en otros lugares. Encontraron trabajo, sus hijos cambiaron de escuela. Volver ya no es tan sencillo, aunque Namie ya est� considerada zona segura”.

Cuando se cumplen 15 a�os de la triple cat�strofe de Fukushima que combin� temblor, inundaci�n y radiaci�n -m�s de 20.000 personas fallecieron-, EL MUNDO regresa al epicentro para recorrer una geograf�a donde el tiempo parece haberse fracturado. A un lado est�n las ciudades reconstruidas, con estaciones de tren nuevas, supermercados abiertos y campos de arroz que vuelven a cultivarse. Al otro, las cicatrices invisibles de un terror nuclear que oblig� a evacuar a m�s de 150.000 personas.

A 15 minutos en coche de Namie se encuentra Futaba, otro t�pico modesto municipio rural japon�s que qued� congelado durante m�s de una d�cada. En 2022 las autoridades quitaron la etiqueta de “zona de exclusi�n”, reconstruyeron la estaci�n de tren, levantaron nuevos edificios para atraer a antiguos residentes que nunca regresaron y decoraron algunas calles con murales para turistas que casi nunca aparecen. En una vieja calle permanece un cartel azul que parece una iron�a del pasado: “La energ�a nuclear es el futuro brillante de la ciudad”.

La central nuclear se encuentra a menos de cuatro kil�metros de Futaba, aunque es imposible acercarse sin un permiso especial. Desde la carretera apenas se distinguen los edificios blancos de la planta entre las colinas y el mar. All� sigue libr�ndose una de las batallas m�s complejas del largo proceso de desmantelamiento: qu� hacer con el enorme volumen de agua contaminada acumulada.

Estos d�as se est� realizando la decimoctava descarga al mar de agua tratada procedente de la central, un plan que el Gobierno japon�s puso en marcha en 2023 y que se prolongar� durante d�cadas. El objetivo es liberar de forma gradual en el Pac�fico m�s de un mill�n de toneladas de agua acumulada que se utiliz� para enfriar los tres reactores que se fundieron tras el tsunami. Durante m�s de una d�cada se fue almacenando en cerca de mil tanques met�licos que hoy ocupan buena parte del recinto industrial y que ya est�n al l�mite de su capacidad.

En Tokio sostienen que la liberaci�n controlada es la �nica soluci�n viable a largo plazo. Portavoces del operador de la planta, la el�ctrica Tokyo Electric Power Company (Tepco) aseguran que el agua se somete antes a un complejo proceso de purificaci�n mediante un sistema que elimina la mayor�a de los radion�clidos peligrosos, entre ellos cesio y estroncio. Despu�s, el l�quido se diluye con agua de mar hasta niveles muy por debajo de los l�mites establecidos por los est�ndares internacionales. El plan cuenta con la supervisi�n t�cnica del Organismo Internacional de Energ�a At�mica.

Sin embargo, la controversia sigue siendo enorme dentro y fuera de Jap�n. Pa�ses vecinos como China o Corea del Sur han criticado el plan y exigido mayor transparencia cient�fica, mientras grupos ecologistas sostienen que se trata de un precedente peligroso en la gesti�n de residuos nucleares y que el proceso de filtrado no elimina el tritio, un is�topo radiactivo del hidr�geno con una vida media de algo m�s de 12 a�os.

Escuela primaria de Ukedo tras el tsunami.

Escuela primaria de Ukedo tras el tsunami.

Pero donde la preocupaci�n es m�s tangible es entre los pescadores de Fukushima, que llevan mucho tiempo tratando de soltar el estigma que arruin� su econom�a. Los productos del mar de la regi�n han vivido bajo la sospecha permanente de contaminaci�n radiactiva. El temor es que el vertido, aunque sea seguro desde el punto de vista t�cnico, vuelva a sembrar desconfianza entre los consumidores. Para demostrar la inocuidad del proceso, Tepco crio lenguados en tanques dentro de las instalaciones utilizando el agua tratada que despu�s ser�a vertida al mar. Los peces sobrevivieron sin mostrar anomal�as, una prueba que la compa��a present� como evidencia de seguridad.

“Llevamos 15 a�os intentando limpiar nuestro nombre, sobreviviendo gracias a subsidios del Estado y a trabajos ocasionales lejos del mar”, cuenta Hiroshi Takahashi, patr�n de un peque�o barco que pesca lenguados y pulpo. “Ahora nos dicen que ya es seguro faenar en la costa, pero si los consumidores vuelven a pensar que el pescado de Fukushima est� contaminado, �qui�n los va a comprar?”.

Takahashi vive con su familia a unos 50 kil�metros al sur de la planta, en Iwaki, una gran ciudad con m�s de 350.000 habitantes que se convirti� en refugio para muchos vecinos evacuados de pueblos como Namie o Futaba. “Aqu� tambi�n sufrimos con fuerza el terremoto y tsunami”, recuerda Yuto Araki, antiguo pescador que ahora regenta un peque�o restaurante de ramen en una calle c�ntrica. “Murieron m�s de 300 personas. Muchos de los que llegaron entonces siguen aqu� y nunca se ir�n”

Al caer la tarde, la costa de Fukushima vuelve a quedarse en silencio. En los pueblos, las luces de las farolas se encienden autom�ticamente, aunque no haya nadie caminando por las calles. En Namie, el �ltimo tren del d�a se detiene unos segundos en el and�n reci�n construido. Se abren las puertas. Nadie baja. Nadie sube. El convoy vuelve a arrancar y desaparece entre los arrozales. En la escuela abandonada de Ukedo, el reloj sigue detenido a las 15:37. En el vibrante Jap�n, los relojes casi nunca se paran. Pero este lo hizo el d�a que el mar lo arras� todo. Y desde entonces, en una peque�a parte de Fukushima, el tiempo sigue sin moverse.

JAP�N REABRE EL DEBATE NUCLEAR

15 a�os despu�s del accidente en la central de Fukushima Daiichi, el pa�s asi�tico vuelve a debatirse sobre su futuro energ�tico. En la costa del mar del Jap�n, la gigantesca central de Kashiwazaki-Kariwa Nuclear Power Plant -la mayor planta nuclear del mundo- ha comenzado a reactivarse. Sus siete reactores, capaces de abastecer a millones de hogares, permanec�an apagados desde el desastre de 2011. Pero uno de ellos acaba de ponerse en marcha tras obtener la aprobaci�n de los reguladores y de las autoridades locales. La planta pertenece a Tepco, la misma el�ctrica que gestionaba los reactores de Fukushima. Para los defensores de la energ�a nuclear, el reinicio simboliza que el �tomo a�n tiene futuro en Jap�n. Para sus cr�ticos, supone el regreso de una tecnolog�a demasiado arriesgada para un archipi�lago sacudido regularmente por m�ltiples terremotos.

Tras el desastre de 2011, Tokio dise�� una estrategia energ�tica completamente distinta. Todos los reactores nucleares del pa�s se apagaron para someterse a inspecciones y se cre� un nuevo organismo regulador, encargado de aplicar controles de seguridad mucho m�s estrictos. Durante a�os, el consumo el�ctrico se redujo gracias a medidas de eficiencia energ�tica mientras el pa�s depend�a cada vez m�s de combustibles importados. Sin embargo, el contexto internacional ha vuelto a cambiar el c�lculo. La guerra en Oriente Pr�ximo y la subida de los precios del petr�leo y gas han reavivado en Tokio el temor a la dependencia energ�tica: Jap�n importa casi toda su energ�a. Ahora, el Gobierno de la conservadora Sanae Takaichi ha comenzado a retirar parte del impulso a las renovables mientras acelera la reactivaci�n de la energ�a nuclear, en un giro que reabre un debate que el pa�s cre�a cerrado tras Fukushima.


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