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Internacional

Lleva años viajando por el mundo con sus dos mascotas: “el viaje ya no soy yo, sino nosotros; Cocaí y Chai me han hecho mejor persona”

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Un intercambio académico en Brasil transformó la vida del biólogo y escritor madrileño Roberto Sastre. Hace una década, viaja por el mundo con sus perras, Cocaí y Chai, compartiendo crónicas de viaje, el vínculo humano-animal y la diversidad cultural en sus libros, y a través de su blog e Instagram ‘Viajeros Perrunos‘.

Durante el Inti Raymi en plena Amazonía boliviana (la Fiesta del Sol que marca el Año Nuevo Inca) Roberto, que nunca había tenido perro, se encontró con Cocaí, una pequeña cachorra enferma y desnutrida. La recogió, la cuidó y logró sacarla adelante. Sin sospecharlo, aquel gesto marcaría el inicio de una nueva etapa: una vida compartida entre carreteras, culturas y naturaleza indómita.

Cinco años más tarde, en el desierto de Thar, al noroeste de la India, el destino volvió a presentarle otro encuentro. Era Nochebuena cuando apareció Chai, otra pequeña cachorra que se sumó a la ruta y al corazón de los viajeros Rober y Cocaí. Desde entonces, los tres han emprendido un viaje por el mundo juntos. Y repite en sus redes y en su blog una idea que se ha vuelto su lema: “Viajar con perro es posible y maravilloso. La experiencia más bonita del mundo”.

Además subraya la importancia de sus dos compañeras: “Cocaí y Chai son mi familia. Son mis compañeras de aventuras y de vida. Lo mejor que me ha pasado en la vida”.

Viajan sin vehículo propio: hacen autostop, también cogen trenes y barcos, buscando siempre entornos naturales cerca del agua y lejos del calor y del turismo masivo. Rober se mueve con cautela, atento a la fauna silvestre, sobre todo a las serpientes y los cocodrilos, siempre guiándose por los consejos de los lugareños.

Este estilo de viaje, profundamente conectado con la naturaleza, no solo les regala amaneceres y noches bajo las estrellas; también los acerca a la gente local y a la hospitalidad de los pequeños pueblos. “Lejos de lo que mucha gente piensa, mis viajes son de todo menos solitarios”, asegura.

Roberto Sastre, en uno de sus viajes, rodeado de una familia. 
Roberto Sastre, en uno de sus viajes, rodeado de una familia. Cedida

Lejos de lo que mucha gente piensa, mis viajes son de todo menos solitarios

Roberto Sastre

Biólogo, escritor y blogger en ‘Viajeros Perrunos’

Según la perspectiva de Roberto, compartir la vida con perros es vivir a otro ritmo. Al atender sus tiempos, uno se conecta más con el presente. Su sensibilidad, su vida ajustada

al aquí y al ahora, y su mirada sin juicio son, quizás, el origen de lo que llamamos “incondicionalidad”. Compartir este vínculo te da la oportunidad de volverte más consciente y, en cierto aspecto, de recuperar tu sentido más animal. “Los perros son grandes maestros. Con su forma de vivir, centrada en las pequeñas cosas, su amor y lealtad incondicionales, sus prioridades claras” Reflexiona.

El perro como espejo cultural

Durante sus viajes, Cocaí y Chai han actuado como puente en cada destino, facilitando conexiones, superando barreras idiomáticas, costumbres e incluso el miedo. “Lugareños curiosos se acercan para conocer mi historia, especialmente en países donde no están acostumbrados al animal de compañía como en la mayor parte de África” recuerda.

Ante la presencia de Rober y sus perras, los niños suelen ser los más curiosos y receptivos. Se acercan, preguntan, las acarician y los acompañan en su camino. Un bonito recuerdo que aún tiene presente es de Cocaí jugando con los niños por las aldeas del Amazonas. Imagen que se repite en cada continente.

Asia: una mirada etnográfica del vínculo humano-animal

En su mención por el paso por India y Pakistán, Rober cuenta que la relación con los animales era muy compleja, sitios donde eran muy cuidados incluso venerados y otros donde eran vulnerados. Una disparidad donde convergen esas dos realidades.

“En Pakistán y la India la relación con los perros es variable, hay zonas en las que viven muy bien, cuidados por el pueblo, y otras en las que están en muy malas condiciones” explica Roberto. Lo sabe porque el confinamiento por la pandemia los sorprendió allí, en la India. El gobierno permitía que salieran a cuidar y a alimentar a los animales que dependían de los humanos. En una de sus salidas, a repartir alimento llegó a una playa de pescadores. Allí, donde antes vivían decenas de perros, solo quedaba una perra con tres cachorros. “El instinto de madre que la hizo quedarse y su fuerza me llevaron a llamarla Leona” recuerda Sastre.

“En Pakistán y la India la relación con los perros es variable, hay zonas en las que viven muy bien, cuidados por el pueblo, y otras en las que están en muy malas condiciones

Roberto Sastre

Biólogo, escritor y blogger en ‘Viajeros Perrunos’

Durante meses regresó a alimentarlos. Con paciencia y respeto ganó su confianza y consiguió trasladar a Leona a una asociación para ser tratada y esterilizada, pero tras la operación escapó. Un mes después, regresó sola a su playa, a su hogar. Esta experiencia le deja una profunda enseñanza:

“Leona me enseñó la fuerza, la lucha por los suyos y la importancia del lugar al que pertenecemos”. Sin embargo, en el Himalaya se le reveló la otra cara de la moneda. Allí, los perros viven una existencia que parece sacada de un cuento: libres en la naturaleza, queridos por los aldeanos, alimentados con respeto y hasta venerados como seres sagrados. En los templos de las alturas se les rinde culto en honor a Bhairava, el Dios protector de los perros, símbolo de lealtad y puente entre lo humano y lo divino.

“En el Himalaya los perros viven una existencia que parece sacada de un cuento”, Roberto con Cocaí. 
“En el Himalaya los perros viven una existencia que parece sacada de un cuento”, Roberto con Cocaí. Cedida

En Irán, las normas islámicas conservadoras restringen la convivencia con el perro como animal de compañía. Sin embargo está permitida su tenencia con fines utilitarios, la ley contempla al perro de trabajo, como por ejemplo aquellos de pastoreo.

Aunque por su paso en Tehran lejos de las zonas más conservadoras, notó como había personas que pese a las restricciones tenían perros y paseaban con ellos. Otra de sus observaciones fue que pese a las diferencias y limitaciones formales, sus perras fueron recibidas en muchos hogares con hospitalidad y curiosidad.

“Vi a personas emocionadas al tocar un perro por primera vez en su vida” recuerda. Para él, las diferencias en la relación con los animales nacen de la cultura y las costumbres, y por último moldeadas por la tradición religiosa. Es cierto: algunas religiones, en su expresión más conservadora, aún cargan con la idea de que el ser humano está por encima del resto de los seres vivos. Como señalan estudios recientes (Caruana, 2020), esa visión se expresa en pasajes donde el hombre es creado “a imagen de Dios” y se le concede dominio sobre la naturaleza.

Roberto también hace una reflexión sobre las diferencia en las leyes de bienestar sobre un perro de trabajo y un animal de compañía: “Perros con distintas leyes… ¿Dónde se ha visto eso?, haciendo una analogía con la propia España y salvando las distancias, descubrimos que no es tan descabellado que una misma especie animal goce de más o menos derechos en un país dado… ”

Por otra parte en Turquía le ha impresionado que los perros callejeros están cuidados por el propio Estado: vacunados, castrados, con chip y alimentados. La gente los respeta y convive con ellos de forma natural.

África: el mayor desafío

Rober, Cocaí y Chai llevan dos años en África, donde describen al continente como una gran familia, aquí se le da una especial importancia y veneración a los hijos. En cuanto a la relación con el perro no suele ser tan cercana, como en occidente sino más bien una figura de utilidad. Los perros cumplen un rol funcional (guardia, caza e incluso alimento).

En Angola, un país de mayoría cristiana, Roberto descubrió que el miedo hacia los perros puede sentirse como una fobia. “La gente les tiene un miedo atroz” cuenta. Sus perras lo percibían al instante, no se acercaban, y los lugareños tampoco. “Tanto con los niños como con los animales he presenciado situaciones muy duras. Y siempre queda la duda de si hiciste bien: intervenir o no hacerlo” afirma.

En un mercado de Nigeria vi a un perro atado destinado a ser alimento. No pude contenerme y lo compré.

Roberto Sastre

Biólogo, escritor y blogger en ‘Viajeros Perrunos’

Roberto explica que cada decisión implica un equilibrio delicado entre el respeto por las culturas locales y el impulso de ayudar: “A veces el corazón tira más que la razón, sobre todo cuando se trata de algo que puede ser cuestión de vida o muerte.”

La experiencia más dura llegó en Nigeria. En un mercado, Roberto se encontró con un perro atado, destinado a ser alimento. Ahí experimentó el duro aprendizaje de la ecuanimidad para el viajero. “En ese momento no supe qué hacer. No me pude contener y lo compré. Salvé la vida de ese perro, pero probablemente con ese dinero comprarían más” recuerda Rober.

En su reflexión expresa que el cambio no puede venir de fuera, aunque se tenga un afán imperioso por cambiar las cosas. El cambio en las sociedades debe venir desde dentro. Cada pueblo va avanzando y conquistando derechos a distinto ritmo.

Rober reconoce que su mirada está moldeada por una lógica occidental, donde en nuestro entorno el perro es parte del núcleo afectivo familiar: un compañero de vida que recibe cuidados, tiempo y recursos. Pero su viaje lo ha confrontado con realidades distintas.

La huella del camino: el sentido de todo

A lo largo de más de diez años viajando con sus perras, han tenido mayormente experiencias positivas. En muchos lugares, su relación con los animales despierta curiosidad. La gente se acerca para observar su extraño comportamiento con ellas, cómo las acaricia y juega o cómo las alimenta ellas o a otros animales de la calle. “Lo más bonito es ver cómo las personas más reticentes acaban cambiando su visión sobre nosotros ” Asegura Sastre. “Nos invitan a sus casas, nos llevan en sus coches… y, todos sin excepción, después de convivir un tiempo juntos, algo cambia en ellos”.

Los perros desempeñan roles muy distintos según la cultura: pueden ser miembros de la familia o herramientas para sobrevivir, reflejando la diversidad de formas en que humanos y animales conviven. Como destaca el Psicólogo Marcos Díaz Videla en su libro “Antrozoología y la relación humano-perro”, cada vínculo humano-animal está moldeado por contextos sociales, históricos y ecológicos, lo que hace difícil definir una “ley universal” que explique todas estas relaciones.

Chai en la playa con un chico. 
Chai en la playa con un chico. Cedida

En Togo, un joven llamado Koku adoptó un cachorro callejero después de conocer al trío, nombrándolo Cocaí en honor a la perra de Roberto; en la región de Chitral, Pakistán, colindante a Afganistán, una familia que los alojó durante un mes adoptó su primer perro; y recientemente, durante su viaje por África un amigo tanzano le escribió: “Quiero confesarte que tu visita con las perras realmente me ayudó a sanar el duelo por mi perro. Ahora adopté otro y estamos creando un vínculo precioso; lo amo. Lo llamé Haku, es tan adorable”.

Que mi paso inspire a alguien a reconectar con un animal en un entorno donde las mascotas son algo poco común es una de las cosas que más me enorgullece de estos viajes

Roberto Sastre

Biólogo, escritor y blogger en ‘Viajeros Perrunos’

En Arusha, Tanzania, visitaron el refugio Mbwa wa Africa (Perros de África), fundado por Sandra y Jens, un matrimonio alemán residente en el país desde hace dos décadas. El centro, con un equipo de unas veinte personas, ofrece cuidados veterinarios, alimentación, paseos diarios, campañas de vacunación y esterilización, y apoyo gratuito a familias de bajos recursos. En apenas una década, ha contribuido a erradicar la rabia en la zona.

Rober cuenta que África está llena de historias de resiliencia también en su viaje por el mundo destaca que pese a cualquier contexto y diferencia cultural o socioeconómica el mundo los ha abrazado con hospitalidad. Seguirá viajando con sus perras y escribiendo su próximo libro, Afri-Can, el cual no solo recoge sus memorias de África, sino lo que las perras despertaron en ese continente. Al final, no se trata solo de los lugares que visitas. Se trata con quien compartes el viaje. Y cómo el otro te transforma.

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