Internacional
La huida de Ameneh, la mujer que fue cegada con ácido en Irán, junto al embajador español: "Oíamos las bombas caer cerca"
Son las ocho de la ma�ana del s�bado 7 de marzo –hora iran�–. Ameneh Bahraminava y su madre esperan en la puerta de la embajada espa�ola en Teher�n la salida del embajador, Antonio S�nchez-Benedito, y de la decena personas que van a intentar salir del pa�s con �l. Son los �ltimos espa�oles que ser�n evacuados de Ir�n.
Ameneh Bahraminava naci� en Teher�n, pero hace 21 a�os que vive en Barcelona y tiene doble nacionalidad. La trajo a Espa�a la b�squeda de una milagrosa cirug�a que le devolviera la vista a sus ojos, sin luz desde que en noviembre de 2004 –27 a�os ten�a– un pretendiente al que rechaz� le arroj� �cido a la cara. Ciega y desfigurada, su rostro dio la vuelta al mundo cuatro a�os despu�s cuando se juzg� a Majid Movahedi y Ameneh pidi� el qisas –el ojo por ojo–, pena contemplada en la ley isl�mica y que el tribunal le concedi�. Ya estaba el reo en la sala m�dica esperando que Ameneh lo cegara dejando caer unas gotas de �cido en sus ojos –11 de julio de 2011–, cuando ella le perdon� la vista a cambio de una compensaci�n econ�mica.
Si esta guerra la ha pillado en Teher�n y no en Barcelona es porque �l –ya en libertad, Jamenei se la concedi�– no ha cumplido. Ameneh, que necesita ese dinero para continuar con reconstrucci�n de su cuerpo, se traslad� a Ir�n en septiembre pasado para hablar con abogados y reclamar en los juzgados. �Nuestra casa en Teher�n est� en el centro, muy cerca de la residencia de Jamenei. Es un piso 20 y desde all� vimos caer las tres primeras bombas, las que mataron al ayatollah. En los �ltimos d�as ya no pod�amos ni dormir por el ruido. Bombas cayendo de noche y de d�a, y yo ten�a mucho miedo. El viernes [6 de marzo] llamo a la embajada a las ocho de la noche: ‘Tengo mucho miedo, no puedo ver ni salir a la calle, �pueden ayudarme a ir a Espa�a con mam�?�. Una hora despu�s, le devolvieron la llamada: �El embajador vuelve ma�ana a Espa�a y pod�is ir con �l. Coged un bolso peque�o, no habl�is nada con nadie, a las nueve en la embajada�, cuenta Ameneh, quien asegura que aunque en la televisi�n iran� digan que la gente hace vida normal, las calles de la capital, al menos las que rodean su casa est�n desiertas:�S�lo se oye un coche con m�sica�.
Ni siquiera hay taxis, cuenta. Si lograron llegar a la embajada fue gracias a �una amiga muy amiga� que, con mucho miedo, las llev� en su coche. �El embajador sali� a saludarnos y nos dijo que no hab�a tiempo para que entr�ramos, que hab�a que salir r�pido porque iban a abrir la frontera [de Azerbaiy�n] s�lo una hora para que sali�ramos�.
Ameneh (con gafas de sol), su madre, el embajador espa�ol y la estudiante Marjon en el aeropuerto de Bak�.
A las diez y media de la ma�ana se cierra la delegaci�n diplom�tica espa�ola y el convoy arranca. Seg�n refiere Ameneh, quien ve por los ojos de su madre, est� compuesto por cuatro veh�culos. Tres coches diplom�ticos que realizan labores de escolta m�s un cuarto que ocupa el embajador y cuatro miembros del personal de la embajada, �dos chicos y dos chicas�. Ameneh y su madre van en el quinto veh�culo, una furgoneta en la que les acompa�a Marjon, una chica de 19 a�os, de origen paquistan� y con nacionalidad espa�ola que estudia en Granada –cree Ameneh que Medicina–: �El embajador me dijo que tiene un futuro brillante. Ella se sienta a mi lado y me ayuda mucho�. Otros dos asientos de la furgoneta los ocupan una pareja de reci�n casados: �l, de origen iran� con residencia y nacionalidad espa�ola, ha viajado a Teher�n s�lo para celebrar la boda y regresar con su ya esposa a Espa�a.
En la primera parada que hacen para tomar caf� e ir al ba�o, cerca de la ciudad iran� de Rasht, cuenta Ameneh, se retiran de los veh�culos los distintivos que los identifican como diplom�ticos: �Quitan la bandera de Espa�a�, cuenta Ameneh. En la segunda parada, en la ciudad de Talesh, el embajador se acerca a hablar con ella. �Me dice que no conoce mi caso y yo le explico un poco lo que me ha pasado. Ha sido muy amable todo el viaje, ha cuidado mucho de m� y de todos�, agradece el trato de S�nchez-Benedito.
Pasados unos minutos de las ocho de la tarde del s�bado, tras nueve horas y media de viaje, el convoy llega a la ciudad fronteriza de Astara, la puerta a Azerbaiy�n. �Hay personas esper�ndonos y se quejan de que llegamos una hora tarde�, cuenta Ameneh. �Escuchamos dos bombas que caen muy cerca, dentro de Ir�n, pero muy cerca de Azerbaiy�n�, a�ade.
Los veh�culos que los han llevado hasta all�, explica, esperan hasta ver si todos logran pasar al otro lado o alguno es rechazado y tienen que llev�rselo de vuelta a Teher�n. Es el caso del iran� que se sum� al convoy en Rasht y de un empleado de la embajada, que regresa voluntariamente. El control fronterizo es especialmente celoso con la pareja iran�, a los que interrogan en habitaciones separadas: �Desde cu�ndo est�n casados, qui�nes son sus familias, sus direcciones en Ir�n y en Espa�a, a d�nde van…�. Tambi�n a la madre de Ameneh, Shahin, quien tiene permiso de residencia en Espa�a pero no pasaporte, la llevan aparte. �Uno de los chicos de la frontera me dice: ‘Conozco tu historia. Tranquila, ustedes pueden pasar’�.
S�nchez-Benedito y los tres empleados de la embajada que quedan con �l, Ameneh y su madre, los reci�n casados y la estudiante de Medicina logran el pl�cet y caminando pasan al otro lado de Astara, a la parte que pertenece a Azerbaiy�n. �All� estamos cuatro horas esperando en la calle; llueve y nieva, tenemos mucho fr�o�, cuenta Ameneh el mal rato que pasaron esperando los visados.
Alrededor de la media noche del s�bado, parten todos en minib�s hacia Bak�, la capital de Azerbaiy�n, a donde llegan a las cuatro de madrugada. Se alojan en un hotel unas dos horas, el tiempo justo para no perder el avi�n que los llevar� a Estambul. Una vez en Turqu�a, ya la ma�ana del domingo, la expedici�n tiene previsto partir hacia Madrid. �Pero yo le digo al embajador que si puedo ir a Barcelona, que vivo all� y me dice que s� y nos da los billetes. Lo paga todo la embajada�, cuenta Ameneh.
El embajador y el resto ponen rumbo a Madrid. �Y cuando vamos a subir a nuestro avi�n nos dicen: ‘Ustedes no son espa�olas, son mentirosas, no pueden subir al avi�n’. Gracias a la ayuda de una empleada de Turkish Airlines que habla farsi y del chatGPT logran deshacer el entuerto y aterrizar por fin, ayer lunes, en el Prat.




