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A esta hora, un amigo definitivamente…

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A esta hora en que empiezo el art�culo -16.43 del lunes–, un amigo con quien tanto quiero est� muriendo. Por un mensaje de WhatsApp me informan de que empiezan a administrarle alivio por vena. No caigo en ninguna nostalgia, para qu�. Prefiero la m�s profunda tristeza, sin paliativos. He le�do ese mensaje de aviso con toda la ansiedad en el diafragma. He abierto la agenda del m�vil hasta dar con su nombre y su n�mero de tel�fono. El nombre me acompa�a, el n�mero lo perder� como perd� el de mi padre, como otros tantos quedaron deshabitados para m� por distintos motivos. La agenda de tel�fonos es un mapa del tiempo. Una geograf�a �ntima de n�meros que significan algo y tienen vida propia, voz, una risa, una expresi�n, un rostro que podr�a dibujar con minuciosidad si del otro lado responde un amigo o una amiga a quien pudiste sentir amigo o amiga de la manera m�s veraz o impetuosa. Los tel�fonos de los otros dan cuenta de qui�n te acompa�a, de porqu� no est�s enteramente solo. Incluso dan cuenta de que somos el tiempo que nos queda, como adivin� el poeta Caballero Bonald. Borrar una entrada de la agenda porque en ese contacto no hay ya a qui�n llamar es perder un fragmento propio.

Qui�n no fantase� con telefonear alguna vez a esos n�meros desheredados para saber c�mo responden ahora, qu� voces los ocupan. Nunca hice la prueba, pues un “hola” distinto al que consideraba parte de mis d�as llenar�a de niebla todo. Dentro del cerebro no s� despedirme de qui�n he querido sin tregua. Por afuera no se aprecia, pero en mi galer�a de fantasmas cada vez hay m�s gente. A este hora en que estoy escribiendo un amigo muere y s� perfectamente que me he sentido muy bien y tan feliz a su lado, y que entre nosotros jam�s hubo desmayo en el cari�o, ni pliegue ni reproche. La amistad ayuda a no deponer las armas. A no salir por la vida con los brazos en alto. A no defraudar si puedes. En los amigos uno se sustenta, velando que la presi�n que ejerces nunca sea mayor que su resistencia.

Con este amigo del que escribo aprend� tambi�n que los mejores momentos suceden cuando todo se desboca en favor de esa loter�a de estar juntos, pues todos los boletos salen premiados. El mundo no se arreglar�, pero esta tarde en que �l est� definitivamente a lo suyo no me importan demasiadas cosas. El tiempo s�lo es lo que amas: unas pocas palabras, unos seres exactos, unas horas muy lisas, una playa (quiz�) donde el da�o no acecha. Ese amigo, al final, que con sumo cuidado te ense�� a ser Antonio.


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