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Internacional

Málaga levanta acta del fracaso de la educación española con 'Altas capacidades', una soberbia y muy seria comedia sobre nuestro suicidio colectivo

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Dec�a Mack Sennett que una comedia es cuando alguien se cae en una zanja y se mata. Drama es cuando te sale un padrastro. Y no lejos, Rafael Azcona, el mismo del que se cumplen 100 de su llegada al mundo y al cine, se mostraba convencido de que una pel�cula en la que la gente no sale comiendo no vale la pena. Por poco cre�ble quiz�. Altas capacidades, de V�ctor Garc�a Le�n, es pel�cula y es zanja. Y la gente que se cae en ella (cualquier espectador, adem�s de los actores Mari�n �lvarez, Israel Elejalde y Juan Diego Botto en su mejor versi�n) poco antes han aparecido comiendo exactamente igual que, en efecto, cualquiera de nosotros. Y por ello, aplicando la regla del mayor creador de gags de la historia del cine mundial combinada con la del mejor guionista de la historia del cine espa�ol, es comedia y, adem�s, vale la pena. Y de qu� manera.

El Festival de M�laga tuvo a bien inaugurar el s�bado su secci�n oficial y lo hizo con uno de esos raros acontecimientos que, por su brillantez, osad�a, claridad y mala leche (todo junto), de tanto en tanto obligan a replantearse el mundo. Las preguntas que surgen nada m�s ver las industrias y andanzas de una pareja empe�ada en hipotecarse hasta las cejas para que su hijo no especialmente dotado entre en un exlcusivo y car�simo colegio privado son varias: �qu� clases de padres somos que hemos convertido la b�squeda de colegio en el atajo que jam�s imagin� Darwin en su teor�a de la selecci�n natural? �qu� clase de sociedad somos que hemos convertido la buena educaci�n en un lujo? �qu� clase de mundo estamos dejando a los que vendr�n si a �stos, pobres, les da por ser precisamente pobres? Y as�. Y una m�s: en la lista de los mejores colegios que habitualmente publican los peri�dicos �se ha decido ya a qui�n se matricula en los peores?

La pel�cula, para situarnos, cuenta la historia de dos padres bienintencionados y de clase media (media tirando a media baja) que un buen d�a ven la oportunidad de matricular a su hijo en un centro solo apto para las �lites (�lites ricas, claro). El colegio es laico por aquello de no abrir m�s melones de los digeribles, pero privad�simo. De repente, descubren la posibilidad de asuntos tales como nuevas amistades m�s ricas, el acceso una clase social m�s rica y la posibilidad de dar a su hijo una vida mejor y m�s rica. Por supuesto, todo lo hacen por su criatura, que no por la riqueza. O quiz� no. Tal vez, el juego, perverso por supuesto, consista en dejar al descubierto las excusas y autoexcusas de las que echamos mano para, una vez m�s, justificar lo injustificable.

Altas capacidades provoca la carcajada con la misma facilidad que la congela. Seg�n el grado de paternidad de cada uno, se puede interpretar como la mayor de las tragedias, el m�s vergonzoso de los espejos o la m�s hilarante de las parodias. De hecho, casi siempre, y ah� su mayor virtud, es todo a la vez. Como ya demostrara en la primeriza Vete de m� o en el triple salto mortal que fue Selfie, Garc�a Le�n, con la ayuda inestimable de Borja Cobeaga al guion, vuelve a demostrar que pocos directores tan dotados para transformar la m�s r�spida y desagradable de las amarguras en una muy comestible zanja; en pura, dura y muy negra comedia.

Cuenta el director que hemos llegado a un punto de la sociedad, de la vida y hasta de la misma muerte en que “queremos tener hijos como queremos tener mascotas para que nos digan constantemente que nos quieren”. Y que eso no es m�s que una consecuencia de una inseguridad salvaje. “Les colocamos [a los hijos de antes] ante una responsabilidad enorme porque tienen que estar a la altura de todo lo que les damos, que es interminable. Que si judo, que si pintura, que si flauta travesera, que si gimnasia r�tmica… Y luego cuando cumplen los 15, les miramos y les decimos: ‘No est�s a la altura del esfuerzo que he hecho por ti'”. Tambi�n dice, y lo dice como teor�a general, que el capitalismo ha llegado a tal grado de crisis que “ya ni la vivienda ni la propia comida est�n garantizadas”. “Hace ya a�os que se decidi� que la educaci�n ya no iba a tener ning�n tipo de prop�sito social para convertirse en un negocio m�s igual que ha pasado o est� pasando por la sanidad. La educaci�n es ahora mismo una palanca segregadora m�s que ha renunciado al objetivo leg�timo, y para el que naci�, de integrar las diferencias, de construir sociedad. Esto es un aut�ntico desastre… lo que no quiere decir que no se puedan hacer chistes del desastre”.

El resultado es una comedia, dec�amos, con el aspecto y las maneras del m�s tremendo de los dramas. O al rev�s. Altas capacidades es cine social, pero protagonizado por seres tremendamente ego�stas. Es pel�cula de terror, pero no tanto por siniestra como por diestra. Cada una de las escenas avanza por la pantalla consciente de que lo que tiene delante es un muro infranqueable que tiene que ver con el m�s duro y contumaz de los fracasos, de los fracasos colectivos. Y no se detiene. Hasta el m�s tremendo cataclismo si es preciso. Como caerse en la m�s honda de las zanjas. Definitivamente, la m�s graciosa de las pel�culas sobre los l�mites de la puta gracia.

La directora Laura Alonso y los int�rpretes Alba S�ez, Marina Salas y �lex Brendem�hl en la presentaci�n de 'Corredora'.

La directora Laura Alonso y los int�rpretes Alba S�ez, Marina Salas y �lex Brendem�hl en la presentaci�n de ‘Corredora’.EFE

Corredora, el cine ‘� bout de souffle’ de Laura Garc�a Alonso

Por lo dem�s, el perfecto y muy en forma arranque de la secci�n oficial malague�a tuvo a bien descubrir una muy brillante �pera prima. Corredora, de Laura Garc�a Alonso, quiere ser y es una rara avis en el panorama del nuevo y pr�digo cine espa�ol. Al contrario que mucho de lo habitual, la meditada puesta en escena huye del verismo a machamartillo, del drama familiar por obligaci�n y hasta prescinde del plano tembloroso y ya m�tico en la nuca de los personajes patentado por los Dardenne. Se cuenta la historia de una atleta de �lite que un buen d�a cae v�ctima de la exigencia, de los r�cords, de los cron�metros, de los resultados y, apurando, hasta de s� misma. Un brote psic�tico arrasa con todo. Como buena alumna de Scorsese, Garc�a Alonso se plantea su pel�cula desde el interior de la cabeza de su protagonista y desde ah� ensaya un cine col�rico, angustioso, febril y cierto.

Destaca el trabajo introspectivo y siempre tenso de Alba S�ez, secundado por la veteran�a calmada Marina Salas y �lex Brendem�hl. El laberinto de la enfermedad mental es retratado con crudeza, amargura y un punto de esperanza. De forma progresiva, en un crescendo no apto para bocas secas, cada una de las carreras de la corredora del t�tulo es vivida como una ejercicio extenuante de cine arrojado cada vez m�s al l�mite. Y as� hasta llegar a un acto final tan en�rgico y bien resuelto como nada condescendiente. Sin la catarsis ritual del g�nero, pero sin decepci�n. Sin aliento, o � bout de souffle, en la mejor y m�s vibrante de las tradiciones.


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