Connect with us

Internacional

Camarero, hay una 'ñ' en mi sopa

Published

on

Viernes noche. La nieve cubre las aceras silenciosas de una población pirenaica. En el chalé de la Cerdaña de Sigfrid Gras i Salicrú se respira calma. El presidente de TV3 está sentado en el sofá frente a la chimenea leyendo la traducción al catalán de la última novela de David Uclés y no tarda en quedarse dormido. Poco después de las 22:30 de la noche le despierta la melodía del móvil que usa exclusivamente para emergencias. Todavía desorientado y con algo de babilla cayéndole de la comisura del labio, coge la llamada. Es su jefa, Rosa Romà i Monfà, la presidenta de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, o la Corpo, para los amigos.

  • ¿Te has enterado?

  • ¿De qué?

  • ¿No has mirado Twitter?

La última vez que Sigfrid tuiteó algo el presidente de Estados Unidos era Barack Obama, así que no, no lo ha mirado.

  • Això és gravíssim!

  • ¿El qué es gravíssim, por Dios?

  • ¡Hemos publicado un tuit en castellano! ¡EN CASTELLANO!

A la directora de la Corpo se le quiebra la voz al pronunciar la última a de “castellà“. Incluso a través del teléfono Sigfrid nota como le tiembla el labio inferior. Está a punto de darle un parraque.

  • ¿Cómo que en castellano?

  • ¡En castellano, Sigfrid, en la lengua estatal del Estado!

Sigfrid se frota los ojos bajo las gafas de cerca y carraspea.

  • ¿Estás segura? Mira que a veces las palabras se parecen. Yo mismo le digo “gasolinera” a la Petrocat de la C-17 sin darme cuenta.

  • Que no, Sigfrid, un tuit entero, 28 palabras, las he contado.

  • ¿Y qué dice el tuit?

  • ¿Qué más da? ¡Está en castellano!

Sigfrid mira la hora. Las once menos cuarto. Si no recuerda mal, debería estar emitiéndose Eufòria, el Operación Triunfo para artistas de la terra. Los tuits seguramente son absolutas chorradas sobre lo fantásticos que son los cantantes que suben al escenario. ¿Quién demonios lee esas cosas?

  • Bueno, pues que lo borren y ya está, ¿no?

  • ¿Cómo que ya está?

  • Pues eso, que ya está, es un error

Rosa Romà i Monfà está a punto de hiperventilar. No estaba tan alterada desde que una camarera ucraniana se dirigió a ella en castellano entre el octavo y el noveno platos en el ABaC. Ni siquiera aquella vez que alguien escribió sus apellidos sin la i del medio se había sentido así.

  • ¿Un error y ya está? ¡Hemos publicado algo en castellano en nuestras redes sociales! – pronuncia “castellà” con el mismo tono con el que Ada Colau pronuncia “trabajar”.

  • No sé, Rosa, ¿qué quieres que hagamos? ¿Convoco una comisión? ¿Despido a alguien? ¿Llamo al 112? – Sigfrid espacia mucho las sílabas ú-ú-dos para fastidiar

  • Haz lo que tengas que hacer, pero hazlo ya

La presidenta cuelga sin esperar a la respuesta. Sigfrid suspira. La mare que em va parir. La novela de David Uclés yace en el suelo frente a la chimenea. Esto es lo que peor lleva de su trabajo. Una vez tuvo que despedir a un guionista porque hizo una broma sobre el PSC. Es que a quién se le ocurre. La libertad de expresión tiene unos límites. Intenta acordarse de la contraseña de su cuenta de Twitter – Equix, se recuerda a sí mismo – y al segundo intento consigue entrar. En seguida encuentra el tuit en cuestión. Está en un catañol rarísimo, como si el community manager hubiera usado el traductor de Google. En las respuestas y citados encuentra centenares de catalanes indignados. “Seguro que el que lo ha escrito es castellanoparlante”. “Es intolerable”. Sigfrid les entiende. Están tranquilamente viendo un programa en la televisión catalana de Cataluña en catalán y de repente se ven abocados a la lectura de una frase y media en castellano. Sin vaselina ni nada. Ni siquiera un aviso, como el que ponen en las películas cuando hay luces intermitentes o alguien fuma y dice palabrotas. Quién no montaría en cólera ante algo así. ¿Qué somos ahora, murcianos?

En la centralita de Sant Joan Despí tardan poco más de media hora en averiguar quién está a cargo del Twitter de la empresa esa noche. El responsable de redes está esquiando, y ha delegado en una chica de veintipocos con un contrato temporal en prácticas por el que le pagan mensualmente el valor aproximado de seis menús Big Mac. Después de echarle una bronca de órdago que deja a la joven al borde de las lágrimas, le dicta lo que tiene que publicar. A la una de la mañana, con el programa ya finalizado, el breve texto ve la luz. “Durante la emisión de Eufòria hemos publicado por error un tuit parcialmente en castellano. […] Estamos revisando el circuito de publicación para evitar que se pueda repetir”.

La crisis ha terminado. Todo el mundo puede respirar tranquilo. No más castellano en TV3. Satisfecho, Sigfrid se pone el pijama y deposita la novela en la estantería sobre la chimenea, de donde nunca más volverá a moverse. Cuando está metiéndose en la cama, el teléfono de empresa vuelve a iluminarse con un mensaje de su jefa:

Temas

source

Please follow and like us:
Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook