Internacional
Fraga Iribarne: 60 años del posado con el bañador Meyba en Palomares
El 7 de marzo de 1966 tuvo lugar uno de los episodios m�s surrealistas del franquismo. Esa ma�ana el ministro de Informaci�n y Turismo del r�gimen, Manuel Fraga Iribarne, se zambull� en aguas de la playa de Quitapellejos, en el municipio almeriense de Palomares, ante una nube de periodistas llegados de todo el planeta. Disimulaba su oronda silueta con un extenso ba�ador Meyba bajo el que asomaba su ostensible barriga. Comparti� su singular zambullida el embajador estadounidense, Angier Biddle Duke, que a diferencia de �l, luc�a un torso digno de un gal�n hollywoodense resaltado por un sexi slip de ba�o. Dicen que Fraga intent� protagonizar el show dando esquinazo al diplom�tico, pero el embajador, alertado de sus pretensiones, pidi� prestado su short a un marine para compartir el momento estelar.
La explicaci�n a tan inusual espect�culo hay que buscarla mes y medio antes, el 17 de enero, en un desgraciado accidente. Un B-52 del Ej�rcito estadounidense cargado con cuatro bombas termonucleares de 1,5 megatones, m�s potentes que la de Hiroshima, choc� en el aire frente a la costa almeriense con el avi�n cisterna que lo abastec�a. Tres de las bombas cayeron a tierra en el �rea de Palomares y fueron detectadas por el Ej�rcito norteamericano en la operaci�n Flecha Rota. Pero la cuarta se perdi� en el Mediterr�neo y comenz� una b�squeda en la que participaron 34 buques de guerra y cuatro minisubmarinos. El sumergible Alvin la localiz� 80 d�as despu�s a 869 metros de profundidad gracias a la pista que aport� un pescador, Francisco Sim�, en adelante Paco el de la bomba.
Para saber m�s
El incidente fue de una gravedad extrema ya que se consider� un acto b�lico sobrevolar el espacio europeo con tal carga nuclear en plena Guerra Fr�a entre Estados Unidos y la URSS, pero sobre todo por el peligro de contaminaci�n radiactiva en la tur�stica costa espa�ola. Tras la Segunda Guerra Mundial la Espa�a franquista, ideol�gicamente cercana al nazismo, padeci� el aislamiento internacional, lo que empuj� a Franco en los a�os 50 a establecer relaciones con Estados Unidos y a ofrecerles el suelo espa�ol para sus bases. A la vez, tras la dur�sima posguerra, en la d�cada de los 60 se inici� una recuperaci�n econ�mica gracias en buena parte al turismo.
Fraga, junto al embajador, atiende a los medios tras el chapuz�n.
La cartera la ocup� Fraga Iribarne que promocion� el sol espa�ol con el famoso eslogan Spain is different. El fat�dico accidente nuclear amenaz� con derrumbar la campa�a as� que en una de las primeras operaciones de marketing de la pol�tica moderna, ideada conjuntamente por la embajada estadounidense y el propio Fraga, se acord� escenificar el hist�rico chapuz�n en Palomares para combatir el p�nico a que sus aguas estuvieran contaminadas por radiactividad.
Fraga Iribarne durante su ba�o en Palomares.
No cualquier pol�tico se hubiera prestado a tal montaje, propio de un film de Berlanga, pero Fraga siempre fue un verso suelto en el monocolor universo franquista. Su mezcla de autoritarismo, imprevisibilidad y asombrosa rapidez mental dio lugar a un sinf�n de an�cdotas. Frases como “la calle es m�a” o “Spain is different” pasaron a la posteridad.
Nacido en Villalba (Lugo) en 1922, era el mayor de los 12 hijos del gallego Manuel Fraga Bello, quien antes de ser alcalde de Villalba emigr� a la localidad cubana de Manat�, donde el pol�tico pas� su infancia. Premio extraordinario de Derecho, Fraga, adem�s de pol�tico fue catedr�tico, conferenciante, escritor de casi un centenar de libros y embajador en Londres. Apost� por la democracia en la Transici�n y lleg� a presentar la conferencia de Santiago Carrillo en el Club Siglo XXI. Fue ministro de Gobernaci�n en el primer gobierno de la monarqu�a, presidido por Arias Navarro, y uno de los padres de la Constituci�n. Posteriormente capitane� la derecha liderando Alianza Popular, actual PP, para acabar como presidente de la Xunta, cargo que ostent� durante 15 a�os, antes de morir en 2012.
Manuel Fraga junto a Santiago Carrillo en el Congreso en 1978.
Salt� a la palestra en la dictadura, donde fue ministro de Informaci�n y Turismo entre 1962 y 1969. Representaba la facci�n aperturista del r�gimen, que se plasm� en la Ley de Prensa que inaugur� una cicatera libertad de expresi�n legalizando revistas como Triunfo o S�bado Gr�fico. Esto no quita para que ejerciera una cruel represi�n si tocaba; ejemplo es su advertencia a unos manifestantes: “Les hice saber que ten�a dos escopetas del 12 cargadas con perdigones del 4”. En esa etapa tuvieron lugar varios fusilamientos de cabecillas izquierdistas, como Juli�n Grimau.
Pese a sus extravagancias, Franco le ten�a en alta estima, como prueba el incidente ocurrido durante un ojeo de perdiz al que Fraga fue invitado por primera vez. La fatalidad hizo que los perdigones de su escopeta se desviaran al trasero de Carmencita, hija del caudillo, que fue evacuada en ambulancia con heridas en sus nalgas. “El que no sepa cazar que no venga”, se limit� a decir el caudillo, sin que el incidente arruinara su carrera pol�tica.
Ya en democracia, eran muy celebradas en los medios an�cdotas suyas, como dormirse en una comida con la selecci�n de f�tbol o, siempre acelerado, estrechar la mano a un maniqu� en unos almacenes al confundirlo con un simpatizante.
Su �ltima originalidad fue visitar oficialmente en 1991 la Cuba de Fidel, con quien, pese a sus ideolog�as opuestas, manten�a estupenda relaci�n, y all� fue recibido con honores de jefe de Estado y una orquesta de gaiteros. En julio del 92 Castro acept� la invitaci�n de Fraga para visitar Galicia, la tierra de sus padres, emigrantes gallegos, y este le colm� de atenciones, proliferando im�genes con Fidel comiendo pulpo, jugando al domin� o prepar�ndole queimada. Data de entonces la frase que se atribuy� a Fraga relacionada con esa Cuba que marc� su infancia: “Yo podr�a haber sido Fidel Castro”.







