Internacional
Fede Valverde logra la carambola del náufrago en Balaídos y sostiene al Madrid en la Liga
Una carambola lanzada por Fede Valverde sostiene al Madrid como se sostiene un n�ufrago sobre la balsa. Es realmente lo �nico en lo que este Madrid se parece al Madrid, en buscar la orilla cuando otros desfallecen. De esa forma la alcanz� en Bala�dos para respirar, con una pl�yade de canteranos sobre el campo, la apuesta de Arbeloa cuando todo estaba perdido. No ten�a mucho m�s, es la verdad. El lanzamiento de Valverde, en el tiempo a�adido, golpe� en Marcos Alonso para tocar la red como el Madrid toca la orilla, la esperanza. [Narraci�n y estad�sticas (1-2)]
Mendy, pr�cticamente in�dito en la Liga, apareci� en la izquierda. Parece claro que a Arbeloa no le complace Fran Garc�a tanto como a Xabi Alonso. En la situaci�n en la que est� la defensa del Madrid, como una nave con v�as de agua, no hay nadie liberado del servicio. A la plaga de lesiones conocida se sumaban en Vigo las bajas de Carreras y Huijsen, sancionados. El t�cnico no s�lo utiliz� al franc�s, sino que vari� el mecanismo defensivo en busca de la seguridad que no encuentra, y es que no hay partido en el que Courtois no se aparezca en el �rea, como una virgen pagana. Am�n.
La debilidad de Trent
Arbeloa mand� a Valverde situarse como lateral en posici�n defensiva, cuando atacaba el Celta, para calzar el tal�n de Aquiles del Madrid, la espalda de Trent. Cuando avanza con la pelota, el ingl�s traza centros como si lo hiciera con un comp�s. Pedirle martillazos a un comp�s es una locura, por lo que a Trent hay que auxiliarlo, acompa�arlo o sentarlo. No est� la cosa para sentar a nadie, porque sigue sentado Carvajal. Cu�nto pesa la ausencia del capit�n verdadero. Cuando el Madrid no tuvo tiempo de realizar la maniobra, por un bal�n al espacio, Swedberg desnud� a Trent, lento, sin anticipaci�n pese a tener la ventaja, y blandito. R�diger lo ve�a y se hac�a cruces, aunque en ciertas acciones mejor no seguir su temerario ejemplo.
La facilidad hizo a Swedberg gustarse en la suerte, estuvo torero. El pase hacia atr�s para Borja Iglesias fue de academia, como el remate del ‘Panda’, ansioso e impreciso hasta entonces, lo que le cost� una tarjeta, pero fino en la definici�n.
La acci�n llevaba un empate inesperado a Bala�dos, porque hasta entonces el Celta hab�a sido sometido por un Madrid tenso, ganador en los duelos, y din�mico, aunque no tuviera toda la profundidad deseada. Vinicius hab�a lanzado al palo en una escapada, pero despu�s desapareci�, desconectado del juego. El ataque lo complentaba Brahim, en la derecha, sin que la posici�n de delantero centro tuviera un titular claro, con Gonzalo en el banco. Asomaba G�ler del mismo modo que lo hac�a hasta Valverde, cuando se incorpraba al �rea en las acciones de ataque. Al final funcion�.
Vinicius, ante Ilaix Moriba, el viernes en Bala�dos.
El que se asom� primero, en cambio, fue Tchouam�ni, con un doble remate en el balc�n del �rea y el gol en la siguiente acci�n, tras un saque de esquina ensayado. El golpeo fue tan preciso como un centro de Trent: palo y red.
Junto a Mbapp� y Courtois, Tchoaum�ni es de los mejores futbolistas de este irregular Madrid. En la eliminatoria frente al Benfica su prestaci�n fue fundamental. El Madrid necesita un faro para su juego, es una evidencia, pero de momento ha encontrado la boya. No es poco antes de una reconversi�n necesaria.
Gir�ldez, juego e identidad
Si Tchouam�ni marc� y tuvo ocasiones fue porque el Celta le concedi� el espacio para llegar, al defender demasiado cerca de Radu. No es lo que le gusta a Gir�ldez, uno de los entrenadores de moda. Basta ver d�nde estaba y d�nde est� el Celta, con una promoci�n contin�a de su cantera. Miguel Rom�n, un gran mediocentro a sus 23 a�os, es la �ltima prueba. Gir�ldez, de O Porri�o, conjuga juego e identidad. Buena cosa. Cuando orden� a los suyos salir de la cueva, una vez conseguido el empate, la encontr�, aunque ello implicara riesgos, con un choque m�s equilibrado. Vini se activ� y Thiago Pitarch se estir�, con un remate cargado de intenciones, pero tambi�n lo hicieron el ‘Panda’ o Jutgl�.
Era momento de decisiones y la primera de Arbeloa fue la de retirar a G�ler para poner en liza a otra canterano, C�sar Palacios. No hab�a estado excelso el turco, pero fue el primer sorprendido. Despu�s entraron Manuel �ngel y Gonzalo, m�s cantera. Gir�ldez, por su parte, reaccion� con tres cambios, porque su equipo volv�a a acusar el aumento de ritmo del Madrid, y m�s tarde a�adi� el picante de Iago Aspas. El palo neg� la gloria al �dolo local, la gloria que el Madrid corteja, hoy, como un n�ufrago.




