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Internacional

El futuro, por ahora, según Arco 2026: "Los artistas debemos proponer un futuro más potable"

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El futuro, por ahora, se presenta confuso, algo distópico y del todo incierto. Hace unos años, David Lynch miró al cielo y le pudo el arrebato: «El futuro es brillante y luminoso», repetía. Quizá por eso nunca se quitaba las gafas oscuras. Lo curioso es que su cine siempre se asoma al lado más turbio del sueño americano. Y, aun así, ahí estaba él, deseándole al mundo que tuviera «un fantástico día». El artista que elige el optimismo frente al desasosiego ante un futuro incierto es una rara avis. El que se dispone a construirlo, además, es casi un temerario.

Este año, Arco ha decidido canalizar ese pulso tan lynchiano. Hasta ahora el leitmotiv de la feria había girado en torno a un eje geográfico: del tradicional país invitado a las ediciones más conceptuales sobre las corrientes marítimas como metáfora del intercambio, que dieron lugar a interesantes aproximaciones a la creación a orillas del Mediterráneo (2023), al rico contexto de un Caribe oceánico (2024) o una aproximación más experimental a un Amazofuturismo (2025). Este año la feria da un giro aún más abstracto.

Bajo el lema Arco 2045: El futuro, por ahora, la sección parte de una pregunta abierta: ¿cómo se imagina el arte dentro de dos décadas y qué lenguajes, gestos y materiales del presente empiezan ya a insinuarlo? El proyecto curatorial, a cargo de Magali Arriola y José Luis Blondet, se articula en dos espacios diferenciados dentro de Ifema, con 17 galerías repartidas de un extremo a otro, con lo que para ver la exposición entera hay que recorrer toda la feria.

Aunque suene contradictorio, el futuro se presenta como un déjà vu. Desde su Polonia natal, la artista Paulina Olowska ahonda en esa contradicción: «Lo miro con nostalgia. El leitmotiv de este año es El futuro, por ahora, aunque yo lo interiorizo como Nostalgia, por ahora. Cuando miramos al futuro deberíamos tener en cuenta las cosas que nos faltan hoy: las que echamos de menos en el presente y las que estamos perdiendo demasiado pronto».

Su serie Wild Cherry Parquet, que Pace Gallery ya expuso en su sede de Londres, explora motivos cotidianos de la cultura moderna polaca, combinando patrones de parqué de cerezo con elementos femeninos y referencias al diseño socialista. Su manera de entender el futuro pasa primero por el pasado. «Es un déjà vu en toda regla. Intuitivamente traigo de vuelta a mujeres de otra época, historias ocultas, olvidadas. Esa se convierte en mi propia historia y en la que quiero dejar tras de mí y, de rebote, en mi futuro». Ahí está el eje: el mañana se construye ahora mismo. «A veces vivimos en burbujas aisladas», añade. «O quizá estamos atrapados en una narrativa reduccionista, en una sola perspectiva que suele ser masculina. Esa burbuja nos hace olvidar cosas que no deberían dejarse atrás».

“El futuro, por ahora, evoca una arqueología de nuestras deudas”

De Polonia a Argentina: Liv Schulman, escultora, presentará su serie Hombres argentinos, un conjunto de seis esculturas creadas a partir de mimbre, textiles endurecidos y camisetas impresas. Como Olowska -aunque desde un lenguaje opuesto-, la artista trabaja sobre la idea de la memoria como material del porvenir. «Lo que representan son figuras humanoides absurdas, armadas a partir de la conjunción de piezas cerámicas hilvanadas como huesos mediante tiras de mimbre», explican desde la galería Piedras, que la representa. En sus piezas aparece una suerte de «cola de novia» hecha de objetos cerámicos -botellas de licor, pistolas, cigarros o jamones- que plantea preguntas sobre la construcción de la masculinidad en contextos culturales complejos. «Para mí, la sección evoca una arqueología de nuestras deudas: lo que entendemos por artesanías, lo que es funcional», explica Schulman. «Siempre me imagino un mañana de visibilidad y legibilidad perfecta. Todo está a la vista, como ya en el presente, y todo se evidencia. Lo teatral y lo paradójico sirven para ejemplificar la realidad», añade.

Hombres argentinos, de la artista argentina Liv Schulman

Hombres argentinos, de la artista argentina Liv Schulman

Con sus monigotes dudosamente masculinos, Schulman percibe el papel del artista como una forma de aliento; una manera de contrarrestar el pesimismo sobre el mañana. «La idea del arte es describir el presente en la medida de lo posible para proponer, así, un futuro que no esté destinado a la clásica distopía obligatoria. El diseño cumple la misma función», reflexiona.

En un momento en que el futuro suele imaginarse en clave de inteligencia artificial y automatización, varios artistas vuelven atrás, a una reivindicación de lo manual y lo artesanal. Frente al brillo de lo inmaterial, reaparecen técnicas primarias, casi domésticas, que desplazan la idea de innovación hacia el terreno del hacer. El trabajo de Schulman, por ejemplo, está estrechamente ligado a los materiales que emplea y al modo en que dialoga con ellos: «Me imaginé que en el futuro vendrán tecnologías muy humanas, casi infantiles. El mimbre, la cartapesta, las artes del fuego… el artesanado en general. Parecen cosas simples -el periódico, las revistas de moda-, pero todo está desarmado y vuelto a coser», apunta.

“Entendemos el futuro como consecuencia de cómo leemos y reorganizamos el ahora”

Liv Schulman

Para ver la exposición completa de Arco 2045: El futuro, por ahora es necesario cruzar la feria entera: una declaración de intenciones en sí misma, casi una analogía del tiempo recorrido. «Cuando la gente viene a Arco espera novedades. La novedad por la novedad no me gusta, pero hay que jugar un poco…», señala Maribel López, directora de Arco, al referirse a esta apuesta por nuevas visiones y a la experiencia deliberada de desplazamientos temporales. Las obras reunidas en esta sección se mueven entre la anticipación, la memoria y cierta ficción crítica. El futuro se plantea menos como una meta o una promesa hermética que como un laboratorio en permanente construcción.

En esta línea, el mexicano José Luis Sánchez Rull, con Jugular Veins, explora la pintura como lenguaje esencial, un lugar donde se cruzan la Historia del Arte, el imaginario pop y la cultura visual contemporánea. Presentada por la galería Pequod (Ciudad de México), su obra alude a la tensión entre trauma y memoria. «La ambivalencia entre lo que pasó, lo que está pasando y lo que pasará nos da pie a reflexionar sobre la naturaleza de eso que llamamos realidad», dice el artista. Desde sus pinturas tan grotescas como incómodas y siendo consciente (quizá demasiado) de un presente dominado por la tecnología y la incertidumbre, el mexicano sostiene la imaginación «como virtud absoluta del ser humano» y al arte como «reflejo de una realidad intragable, con el deber de escupir una obra aún más desagradable» para explorar el mañana en su totalidad. Desde Pequod, amplían el planteamiento de la sección hacia una dimensión generacional: «El futuro, por ahora, son estas nuevas generaciones que, sin la trayectoria de los artistas que los anteceden, no estarían aquí. Son ellos quienes tendrán que abrir camino».

Por su parte, el director de la galería argentina Piedras, Rafael Beltrás Ortiz, define Arco2045 como «una plataforma que habilita el futuro desde el presente, sin utopías ni promesas abstractas». Esta edición pone en primer plano formas de hacer y de crear que parten de lo ya existente: «De lo que está dado, como la historia, las deudas, los materiales y los afectos. A partir de ahí entendemos el futuro como consecuencia de cómo leemos y reorganizamos el ahora».

Desde ese presente, Liv Schulman sopesa el rol de los artistas frente al mañana: «Nos toca un papel muy triste y apocado. Somos apenas payasos, apenas animadores; con suerte, propulsores o instigadores del pensamiento. Los artistas debemos proponer un futuro más potable». Más optimista se muestra el mexicano Sánchez Rull: «Sin duda, los artistas representan la única esperanza. El futuro del arte es, en última instancia, el artista».

“El arte del futuro nos llamará a rescatar el vínculo humano”

Paulina Olowska

De forma similar, Olowska planta cara al tópico de un mañana inevitablemente catastrófico. «Eso no quita que haya cosas que vayan a ganar importancia y otras que empiecen a restar». La digitalización no la asusta, la inteligencia artificial ha llegado para quedarse, sí… pero sin el augurio de hecatombe para las artes: «Es simple. La materialidad y el tiempo ganarán valor. La artesanía pasará a ser lo más importante. Un lujo, incluso. Intuyo que lo que nos exigirá el arte, en 20 o 30 años, será buscar lo que está desapareciendo, un punto de encuentro, devolver el vínculo entre las personas». Sánchez Rull la secunda: la tecnología perderá su aura excepcional. Dejará de deslumbrar. Lo manual, en cambio, volverá a imponerse como gesto radical. Las jerarquías, cree, están destinadas a invertirse: lo derivado ocupará el centro, lo original se volverá… raro. ¿Una utopía? Como Lynch alzando la vista al cielo en su arrebato optimista, Arco 2045 invita a cruzar pabellones y tiempos sin quitarnos las gafas oscuras. El futuro no se promete brillante, pero sí, por ahora, un territorio explorable.


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