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¿Cuántos misiles y cuántas bombas les quedan a los ayatolás? Los cálculos y la realidad

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En el sexto día de la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán, se vuelve a hacer cuentas. ¿Quién se quedará sin misiles primero? El tándem atacante no tiene problemas con las armas ofensivas, sobre todo porque dentro de poco, como dice Donald Trump, podrá usar solo bombas gravitacionales (baratas y abundantes), ya que la defensa antiaérea iraní será totalmente ineficaz.

Sin embargo, hay más dudas sobre los interceptores disponibles, aunque se pueden hacer algunas deducciones. Israel ha reabierto el aeropuerto para vuelos de salida y está evaluando hacer volver a los estudiantes a las escuelas. Son signos de confianza en el sistema de protección aérea, pero también de que Tel Aviv espera menos ataques.

Que Irán ha reducido los lanzamientos contra Irán lo certifican las noches en Jerusalén. Menos carreras hacia los refugios y días más tranquilos. ¿Durará? ¿O es solo una pausa iraní?

Teherán golpea con éxito a los países del Golfo. Una estimación razonable indica la llegada de al menos 200 misiles contra ellos, además de un número al menos igual de drones.

En los primeros tres días de guerra, Israel comunicó haber interceptado 200 misiles procedentes de la República Islámica. Hasta el jueves podrían haber llegado a 300. Para comparar: en los 12 días de la guerra de junio pasado lanzó 500, por lo que Irán habría duplicado el ritmo de ataques respecto a 2025.

¿Lo hizo porque está seguro de sus reservas? Según los servicios de inteligencia israelo-estadounidenses, no es así. El día del asesinato del Guía Supremo Ali Jamenei, Irán habría tenido almacenados 1.000 misiles balísticos. Por lo tanto, la mitad de sus reservas ya se habría consumido, sin contar los que fueron destruidos en tierra.

El optimismo de los atacantes deriva de otra consideración. Pueden tener miles de proyectiles, pero sin lanzandores no podrán dispararlos. En cuanto aparece uno, los cazas intentan destruirlo. Parece que con buenos resultados. Irán ha pasado a utilizar lanzadores subterráneos, fijos y por lo tanto identificables, pero bien protegidos. Contra ellos están actuando desde hace un par de días los grandes bombarderos estadounidenses B-2 y B-1 con sus municiones capaces de penetrar profundamente.

Irán también puede producir, según el secretario de Estado estadounidense. Marco Rubio, 100 misiles balísticos y miles de drones suicidas al mes. Para los misiles más sofisticados de combustible sólido se necesitan materias primas difíciles de importar; para los de combustible líquido es más sencillo. Los sistemas de guía podrían llegar desde China sin pasar frente a la flota estadounidense. El resto, Irán lo tiene en casa.

Además, están los drones, cuya producción domina Teherán. Pero si para los jeques del Golfo bastan los drones, para incomodar a Israel harían falta misiles. El desafío está abierto, no solo en los cielos, sino también en las fábricas.


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