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En las entrañas de los refugios subterráneos de Tel Aviv lejos de los misiles de Irán: "Estamos preparados para todo"

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La tarde arranca en Tel Aviv. Han pasado tres horas desde la �ltima sirena. En la explanada del Teatro Habima, adolescentes juegan a f�tbol, j�venes y ancianos conversan en una cafeter�a abierta a tiempo parcial y los m�s peque�os corretean bajo la atenta y preocupada mirada de sus padres. Todos saben que en cualquier momento la normalidad se romper�. O, mejor dicho, volver� la rutina desde el pasado s�bado.

As� es. De repente un mensaje nada tranquilizador alcanza todos los m�viles. Es el aviso de Protecci�n Civil (ej�rcito) que, tras detectar el disparo de misiles bal�sticos desde Ir�n y calcular su destino, pide a los ciudadanos en dicha zona estar por si acaso cerca de refugios. Cinco minutos despu�s, suenan las sirenas. Sin prisas ni p�nico, cientos de personas llegadas de todos los rincones de la zona llegan y bajan las escaleras del enorme aparcamiento de cuatro plantas bajo la plaza.

A medida que uno se adentra en el vientre de Tel Aviv, descubre una miniciudad. Colchones, lavabos, refrescos, panecillos, ventiladores... Todo lo que pueda asistir-gracias al ayuntamiento y ciudadanos- para pasar la espera bunkerizada hasta que el misil sea neutralizado o impacte de lleno o en pedazos. Una vez recibida la se�al por m�vil, se puede salir. Como aficionados que salen del campo tras el partido semanal, se van de forma disciplinada. Aunque no todos ya que muchos han adoptado este aparcamiento-refugio como su hogar en tiempo de guerra. La que inici� su pa�s y Estados Unidos contra el r�gimen iran� y hoy afecta a toda la regi�n.

“Desde el misil que asesin� a una mujer cerca de aqu� el s�bado por la noche, duermo aqu�”, revela Lili en la enorme sala bajo tierra. Tras dos d�as en este b�nker, su marido y su hijo se cansaron y volvieron a casa donde hay una habitaci�n de seguridad. “Me siento muy segura porque es la cuarta planta subterr�nea. Hay mucho hormig�n. Adem�s, como ves hay muchas madres, ni�os… lo que te da la sensaci�n de estar juntos”, afirma a EL MUNDO.

Para Tal Shajar es la primera vez. “Es incre�ble y surrealista. Bajas y ves camas, ni�os, adultos, perros,.. todos est�n aqu�”, comenta esta joven que vive en un edificio cercano y al ser viejo sin habitaci�n de seguridad sellada. Por eso, tras cada sirena debe correr para alcanzar el refugio p�blico antes de que sea demasiado tarde. Le preguntamos si pese a todo est� a favor de seguir la guerra. “Todo esto vale la pena si cuando acabe tenemos al menos diez a�os de calma. Si no, pues no”, concluye.

Los misiles de Ir�n -cada vez menos numerosos, pero m�s diversificados y alguno de fragmentaci�n, seg�n estiman en el Ej�rcito, lo que alarga la diaria y nocturna rutina de guerra en Israel- y los proyectiles y drones de Hizbul� (con mayor frecuencia desde los primeros solitarios que desataron la masiva ofensiva israel� en L�bano) han acompa�ado la festividad jud�a de Purim. Un carnaval muy especial y reivindicativo este a�o con las mejores fiestas en los aparcamientos subterr�neos de centros comerciales y culturales. Los disfraces y la m�sica desaf�an a las sirenas con secuencias realmente raras.

La guerra no frustr� la boda de Mijael Marianoff, argentino llegado al pa�s hace pocos a�os, y Lior. “Casarnos en la cuarta planta subterr�nea del Centro Dizengoff de Tel Aviv no es la boda so�ada pero no quer�amos anularla”, comenta ella mientras su marido a�ade: “Fue realmente incre�ble casarnos con gente que ni conocemos. Solo el 30% de los asistentes era de la familia”. Mijael tuvo que tranquilizar a familiares en su primer viaje a Israel acompa�ado por el estr�s de las sirenas y los refugios.

No hay mejor imagen que el conjunto de escombros causados por un misil hace unos d�as en Tel Aviv para que los transe�ntes cerca de la calle Shenkin acudan con rapidez al lugar m�s seguro en la zona. El sol, la calma de varias horas y la reapertura limitada de los comercios iniciada este jueves fueron enga�osos. Ya en el refugio y mientras los perros demuestran que tambi�n se han acostumbrado a los tensos ruidos, Itamar Damari recuerda el citado misil que mat� a una filipina. “Estaba en casa cuando o�mos la explosi�n. Abr� la ventana y vi un hongo de humo. Hab�a olor a p�lvora y eso que el impacto fue a unos dos kil�metros”, nos cuenta y a�ade: “Estamos preparados para todo mientras les sigan golpeando (al r�gimen iran�) Ojal� la guerra acabe y as� habr� menos civiles muertos all� y aqu�”, a�ade antes de expresar el sentimiento de muchos israel�es desde el 7 de octubre del 2023: “Estamos ya hartos, que acabe todo y haya calma”.

Yosi, tambi�n en el refugio, aprovecha nuestra presencia para mostrar su malestar, compartido por muchos en Israel, hacia el presidente y Gobierno espa�ol: “Ojala fueran m�s equilibrados en el conflicto y por ejemplo hubieran protestado contra la matanza de iran�es a cargo de su r�gimen. Lo que hace Israel es tambi�n bueno para el mundo”.

Israel alivi� este jueves las restricciones del estado de emergencia nacional declarado cuando empez� a lanzar las bombas contra el complejo del ayatol� Ali Jamenei. As�, permite la apertura de determinados trabajos pero mantiene limitaciones de aforo de reuniones y el cierre de las escuelas devolviendo los alumnos al zoom. En otro signo de la singularidad de Israel en casos de emergencia, los vuelos que fleta para que sus nacionales de vacaciones o de trabajo en el exterior puedan volver a casa en plena guerra se llaman “vuelos de rescate”.

En un peque�o refugio cerca de Tel Aviv, encontramos solo a cuatro personas. Entre ellos, el cantante de �pera Lev Elgardt. Procedente de Rusia, vive desde hace cuatro a�os en Israel. Seguramente los m�s desafiantes en la historia del pa�s. “Es una �poca dif�cil, pero �sta es mi casa. Aqu� me siento seguro”, asegura consciente del aparente contraste entre sus palabras y las sirenas, explosiones y misiles en los cielos.

“En casa, tenemos la habitaci�n de seguridad por lo que estamos bien. Prefiero que la guerra sea ahora y no en el futuro cuando la cosa podr�a estar peor”, dice su amigo Eli tambi�n de origen ruso mientras su esposa Ksenia asiente con la cabeza mostrando optimismo. Los dos confirman que el presidente Vladimir Putin apoya al r�gimen de Teher�n.

“Yo quiero paz con aquellos que vienen con paz”, concluye Elgardt antes de acceder a la solicitud de demostrar sus dotes vocales en una actuaci�n sin precedentes en su curr�culum. Si el refugio est� a prueba de bombas, resistir� el poder de su voz.


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