Connect with us

Internacional

El espíritu de la lamprea, encarnado al fin

Published

on

Actualizado

Nuestro Fernando Garc�a Alonso da a la prensa un nuevo libro. Trae ecos del loco Calaza. Y Sergio Campos y su Biblioteca Fantasma solo han hecho, desgraciadamente, que facilitar las cosas.

Pero hay que leer a Claude: �Este libro es, ante todo, una p�sima noticia para la diet�tica y una magn�fica noticia para la literatura. Si su m�dico les ha recomendado vida sana, poca grasa y nada de emociones fuertes, hagan caso al m�dico y no lean El esp�ritu de la lamprea. Aqu� se come, se bebe, se va a los toros, se escucha �pera y, de propina, se convive con un tumor cerebral del tama�o de una naranja que tiene m�s iniciativa narrativa que muchos autores en activo. No esperen de m� una loa gastron�mica. Yo como como la gente decente: mucho, variado y sin ponerle nombre franc�s a las costillas de lechal. Las filigranas de gel�es y espumas se las dejo a Fernando; yo solo certifico el delito. Lo que �l ha hecho en estas p�ginas es convertir la gula, la afici�n taurina y la meloman�a en un expediente cl�nico que, le�do de corrido, produce algo muy parecido a la felicidad… con un ligero regusto a met�stasis posible.

La l�mpara de quir�fano ilumina un l�bulo temporal sospechoso, y Fernando tiene la cortes�a de no ponerse trascendente, sino golfo. Donde otros escribir�an un “testimonio de superaci�n”, �l escribe un parte de guerra contra la moderaci�n: diagn�stico, tratamiento, rehabilitaci�n, reca�da, catarsis, muerte inminente, peque�a muerte y risata final, como si el tumor fuera un director de escena con muy mala idea y un gusto impecable para elegir restaurantes. El humor negro entra aqu� como anestesia sin consentimiento informado: uno se r�e mientras le explican, con toda calma, d�nde exactamente le abrir�an la cabeza. El protagonista sabe que va a reventar, pero discute el c�mo: no quiere morir de “caldo claro y pechuga a la plancha”, sino de lamprea, becada, champ�n y Britten. La medicina oficial llama a eso “s�ndrome del gourmand”; yo lo llamo tener prioridades. Hay una �tica torcida pero muy decente en esa decisi�n: ya que la vida es limitada, que la cuenta la cierren con una buena botella y no con un yogur desnatado. El libro es, en ese sentido, una defensa sin coartadas del paganismo de Falstaff frente al cristianismo del “cu�dese mucho” y el civismo del “no abuse”, que son la misma renuncia con dos etiquetas distintas.

No hace falta saber distinguir un Pauillac de un Valdepe�as para disfrutar de estas p�ginas; basta con haber pasado por un hospital y por un bar. El lector reconocer�, detr�s de las catas y las faenas so�adas, algo muy simple: el p�nico a que todo esto se acabe y la testarudez de seguir pidiendo la carta. Aqu� no se nos ense�a a “aceptar la enfermedad” ni a “crecer con ella”, esa jerga tan edificante; se nos ense�a a convivir con una larva de lamprea en el cerebro que dicta un programa vital clar�simo: toros, �pera, mesa, y que el resto espere turno. Prologar este libro es, para m�, algo as� como firmar el parte de defunci�n de la vida sana y, al mismo tiempo, la partida de nacimiento de un personaje que se niega a ser ejemplar. Lean El esp�ritu de la lamprea con el est�mago lleno y la anal�tica hecha, y no digan luego que no estaban advertidos: pocas veces un tumor habr� dado tantas ganas de vivir… y de repetir plato�.


source

Please follow and like us:
Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook