Internacional
Jamenei en los Goya
Desde el confort de un Madrid tibio y libre que ya estira los dedos para tocar la primavera da cierto rubor pronunciarse sobre la muerte de Ali Jamenei: ni que opt�ramos a un goya. Quien s� optaba a uno era el director de cine iran� Jafar Panahi, encarcelado dos veces por los ayatol�s y detenido muchas m�s por significarse pol�ticamente. Ciertamente, en virtud de alg�n arcano antropol�gico que no guarda particular relaci�n con la inteligencia o la cultura, las gentes del cine propenden a la injerencia pol�tica de cacharrer�a en mayor medida que los escultores ef�meros o los cr�ticos gastron�micos; pero hay una sutil diferencia entre criticar al poder para solidarizarse con la oposici�n, como hace Panahi, y criticar a la oposici�n para solidarizarse con el presidente, c�modamente instalado junto a su imputada esposa en el patio de butacas para constatar el satisfactorio grado de penetraci�n de su propaganda en el sol�cito sector del cine plurinacional del Estado espa�ol.
En Espa�a se firman manifiestos contra los periodistas cr�ticos. En Ir�n el cineasta Panahi y su guionista Mehdi Mahmoudian suscribieron una carta que acusaba al ya extinto Jamenei de ordenar la masacre de su propio pueblo. El director logr� escapar a tiempo, pero Mahmoudian se ha comido 17 d�as de c�rcel. Y seguramente habr�an sido bastantes m�s si su guion no estuviera nominado a los Oscar. Uno habr�a jurado que dos artistas perseguidos por hacer pel�culas que desaf�an la censura y denuncian el patriarcado lograr�an conmover a nuestra Academia de Cine, pero la pel�cula en cuesti�n, titulada Un simple accidente, no se alz� con la estatuilla. Quiz� Panahi cometi� el error de no situar su argumento en la Espa�a de los a�os 40, donde la censura y el patriarcado puedan atribuirse a un r�gimen nacionalcat�lico y no a una teocracia islamista.
Lo cierto es que la inmensa mayor�a de los iran�es celebraron p�blica o secretamente la muerte de su verdugo, y no tienen demasiado tiempo para detenerse en casu�sticas bizantinas en torno a la salvaguarda del derecho internacional ensayadas desde una tertulia de Madrid. Podemos llamarlos sibaritas, pero a los iran�es se les antoja m�s perentorio el derecho a salir a la calle sin que los tiroteen desde las azoteas o les aplanen el cr�neo las ruedas dentadas de un blindado de la Guardia Revolucionaria. Ojal� su historia, para variar, acabe bien.




