Internacional
Fernando Aramburu: "El éxito puede llegar a ser un coñazo"
De primeras, tiene Fernando Aramburu (San Sebasti�n, 1959) un no s� qu� de esclusa cerrada, de vasquidad forjada con tungsteno alem�n, un raro tantarant�n de amable hura��a, acaso la regia presencia de un vino gran reserva complicado de descorchar.
Pero luego resulta que lo conoces –plop– y te das cuenta de que el t�mido va sacando poco a poco la cabeza lo mismo que el quelonio -despu�s de tomarse su tiempo- abandona el caparaz�n.
Fernando atesora una treintena de libros (novelas, relatos, ensayos, poes�a) y es uno de los escritores m�s reconocidos por el p�blico de nuestro pa�s. Dicho de otro modo: mucha gente puede llamarse Fernando en Espa�a (exactamente 17.286 personas, seg�n el INE), pero no todo el mundo que se pone delante de un teclado acaba escribiendo Patria.
En Maite (Tusquets), su nueva novela, vuelve a rozar el mismo universo y -con el tel�n de fondo de aquellos d�as del secuestro y asesinato de Miguel �ngel Blanco- cuenta la historia de una familia donde una madre y sus dos hijas no se dicen toda la verdad.
En esta conversaci�n, Aramburu habla del proceso de escritura, de sus antagonistas, de la violencia, del �xito y de la educaci�n. Lanzando avisos lo mismo que un microondas va haciendo estallar el contenido de una bolsa de palomitas.
Por ejemplo: “Cuando uno se mete en ciertos estanques, es imposible no toparse con los caimanes”.
Por ejemplo: “A los alumnos sus padres les han convencido de que pueden cuestionar las �rdenes que se les dan”.
Por ejemplo: “Invitar�a a mis antagonistas a comer en casa, pero son demasiados”.
- A ver si soy capaz de entrevistarle sobre su libro sin reventar la trama del mismo.
- Si es que tiene trama, que esa es otra…
- O argumento.
- O argumento.
- �Vamos?
- Vamos.
- Primera pregunta: �c�mo es el proceso de construcci�n de una novela suya?
- No tengo una f�rmula fija. Lo que tengo es una especie de rinc�n en el cerebro que est� activo mientras estoy ocupado con otro proyecto. En ese rinc�n se van acumulando im�genes, prop�sitos, incentivos de alg�n tipo. Mis novelas est�n interrelacionadas. Cuando he terminado una, considero que es una pieza de un mosaico que ha ocupado un lugar determinado y entonces pienso en el espacio contiguo. De esa manera, en ese rinc�n cerebral se forma lo que pudiera ser el comienzo de una historia.
- El libro habla de la familia a veces como bomba de racimo, pero tambi�n como puerto refugio. �C�mo fue la suya?
- Yo nac� en una familia humilde durante el franquismo. Mi padre era obrero raso en una f�brica y mi madre era ama de casa. No ten�amos nada que nos hubiesen regalado, todo lo que ten�amos era fruto del trabajo. Eso me ha determinado para siempre. De hecho, mi idea del trabajo viene del ejemplo que yo encontr� en casa. Hab�a modestia y hab�a afecto. Un afecto que no se expresaba, como suele ocurrir en el Pa�s Vasco, de una manera verbal, sino mediante acciones. Yo soy uno de esos que llaman boomers… Recuerdo una familia sin conflictos, sin maldad, donde cada cual aportaba lo suyo y hab�a mucha risa en casa.
- El humor, siempre en su obra.
- No es un humor impostado ni dosificado de una manera calculada, sino que va conmigo. A menudo, tengo que echarle el freno para que no me estropee un texto que, en principio, tiene que ser serio o tratar de asuntos graves.
- Le voy a proponer que sea su novela la que converse con su autor: le voy a ir leyendo p�rrafos de ‘Maite’ y usted ha de hacerme una reflexi�n sobre los mismos.
- Perfecto.
- “El amor, eso que la gente llama amor, es una patra�a de la que m�s vale desenga�arse pronto”.
- Bueno, esa es una frase pronunciada por un personaje…
- �Est� de acuerdo o no con la frase?
- No. Aunque s� creo (y esto viene de los cl�sicos) que el amor constante entra�a una intensidad que puede resultar perturbadora o intranquilizadora. Hay distintas clases de amor, naturalmente. El amor que no implica responsabilidad y que no est� sustentado en un suelo de amistad, a la larga, me resulta cansino. Estar amando a todas horas de una manera intensa es un deporte para el que no estoy dotado.
- Todos recordamos lo que hac�amos cuando asesinaron a Miguel �ngel Blanco, un crimen que est� como tel�n de fondo de la novela. �Qu� hac�a usted?
- Fueron cuatro d�as en realidad. Aquel hecho, que luego adquiri� una significaci�n simb�lica como el asesinato de Kennedy o la llegada del hombre a la Luna, nos pill� en nuestra vivencia cotidiana como un jal�n cronol�gico. Yo estaba en Alemania, donde resido de manera permanente. Por entonces, no ten�a m�vil ni estaba conectado a internet, as� que depend�a de la prensa y de la radio… Garc�a M�rquez tiene una novela, como todos sabemos, titulada Cr�nica de una muerte anunciada. Y yo viv� ese hecho de esta manera. Aquel ultim�tum de ETA para liberar a este chico era irrealizable, brutal. Conceb� este secuestro desde una perspectiva muy pesimista. Algo que, como sabemos, se cumpli�.
“Si yo hubiese creado la naturaleza, creo que lo habr�a hecho mejor”
- �Ve muy cambiada su tierra, Donosti, cuando regresa?
- No vengo a mi ciudad natal como un explorador que viene a analizar o a buscar vestigios. Pero s� noto una evoluci�n en mi ciudad hasta el punto de que me siento un poco extra�o. Han desaparecido tiendas, se est� construyendo un metro, cambia la direcci�n del tr�fico, veo muchos turistas, limpieza, no veo en la calle rastros del conflicto social… Veo una ciudad acomodada en su viejo sentido burgu�s. Es mucho m�s grato San Sebasti�n ahora que hace 30 a�os.
- Otra frase de su libro: “Nos han acostumbrado a la sucesi�n de atrocidades. Se le van a uno agotando las palabras de l�stima y condena”. En la novela, estas comillas se refieren a ETA. Pero yo creo que hoy sirven para hablar del mundo.
- Esa frase est� vigente hoy. En aquel entonces, al tercer o cuarto atentado, uno desarrollaba un mecanismo de insensibilidad, algo parecido a un h�bito o a una costumbre. El ser humano se autoprotege no exponiendo su sensibilidad a flor de piel. El ser humano va asumiendo el horror, acostumbr�ndose, desarrollando una estrategia de supervivencia que puede aconsejar, incluso, mantenerse en silencio o apartado de los lugares peligrosos.
- �Vivimos en tiempo de laminaci�n de las disidencias?
- No lo creo. El camino para sustituir la ley natural por el derecho es largo y complicado, y de vez en cuando hay regresiones. Creo que ahora estamos en un momento de regresi�n. El hecho de que unos ciudadanos compartamos unas normas y las respetemos es lo m�s grande en el camino civilizatorio de la especie que hemos conseguido hasta ahora. Lo que ocurre es que no todas las zonas del mundo est�n por la labor. Y ahora, los que no est�n a favor de construir sociedades basadas en el derecho son muy fuertes y tienen armas muy poderosas.
- Otra frase de su libro: “�Para qu� sirve el dolor? �Qu� nos aporta?”.
- Si yo hubiera creado la naturaleza, creo que lo habr�a hecho mejor… Aunque no voy a frivolizar con algo que es serio. Hasta ahora, por fortuna, he estado exento de dolores continuos. No soy propenso a dolores de cabeza, a las �lceras, a otros da�os… Pero tengo cuerpo y en cualquier momento me podr�a pasar algo as�. La frase tambi�n se refiere al dolor psicol�gico. El que sufre a menudo puede sentirse castigado. Aunque tambi�n he le�do que hay personas que agradecen su dolor porque eso las induce a la generosidad y a la empat�a.
- Maite es el pegamento universal con su madre, con su hermana, con su marido. �Qu� han supuesto en su vida las mujeres?
- Toda mi vida (y toda es toda) se ha desarrollado en compa��a estrecha con las mujeres. No estoy hablando desde las perspectiva de un gal�n. Porque yo no lo soy. La vida me ha deparado la convivencia con las mujeres desde el principio. Tengo una madre, como todo el mundo. No tengo un hermano, pero s� una hermana. Llevo con mi esposa desde hace 43 a�os. Tengo hijas. Empec� a publicar con una editora. Colaboraba en suplementos dirigidos por mujeres. Ten�a una dentista tambi�n… Y tengo que decir que me siento muy a gusto con ellas cerca. Me atraen las mujeres, pero no en abstracto, sino de manera individualizada. He convivido con mujeres admirables, trabajadoras, pragm�ticas, con ideas claras. Y, de hecho, su mundo me resulta m�s grato que el masculino, luchador, viril, que tampoco menosprecio.
- �Hay una involuci�n en el concepto de la masculinidad?
- Lo que hay es pol�mica. Pero vuelvo al camino civilizatorio (que es a lo que yo llamo progreso, no a los que llaman progreso algunos otros, esos que dicen cosas para que los voten). Pienso que hay un feminismo sano que es una reivindicaci�n leg�tima de la democracia: no puede haber unas normas que favorezcan a unos y discriminen a otros. Es razonable que las mujeres se quieran desarrollar personal y profesionalmente y es muy feo e injusto cerrarles ese camino. Y esto no lo digo como var�n, tambi�n como padre de hijas, como marido, �de acuerdo? No necesito que nadie tutele mis ideas sobre el desarrollo de la ciudadan�a femenina. Siempre hay personas exaltadas que defienden de una manera fan�tica causas nobles o las desvirt�an. Esto forma parte del paquete y no me quita el sue�o.
- �Qu� tipo de violencia detesta m�s?
- La violencia es detestable, antipedag�gica e inhumana. No hay que perder de vista que la violencia est� prevista por la naturaleza, proporciona poder, territorio, privilegios, alimentaci�n, reproducci�n… La violencia la compartimos con los animales, lo que sucede es que, al llamarla as� le damos un barniz moral. La peor violencia (y de esto no tengo duda) es la que recibe uno mismo [se r�e]… Si ma�ana se desatara la violencia contra los calvos, yo me sentir�a concernido y hablar�a de la violencia contra los calvos…
- �Qu� es el �xito?
- El �xito es que no para de sonar el tel�fono, que pierdes intimidad y que tienes que salir de tu casa continuamente. El �xito puede llegar a ser un co�azo. De puertas para adentro, el �xito no tiene ninguna importancia, es algo que han decidido los dem�s… Supeditar el trabajo al logro de eso que llamamos �xito, que puede ser el aplauso p�blico y multitudinario, me parece pueril y creo que es contraproducente para los propios proyectos que vienen despu�s de lo que haya suscitado el �xito. Y si uno tiene madurez y dos gramos de inteligencia, deber�a de saber gestionar el �xito. Hay que tener mucho cuidado con el �xito. Puede volverle a uno m�s tonto de lo que ya es.
- �Tiene miedo a defraudar cuando escribe?
- En absoluto.
- �Inseguridad?
- Nada, tampoco. Lo siento mucho… A veces he mentido incluso, fingiendo haber tenido dudas e incertidumbres. Y me he dicho: �por qu� no dices la verdad?… No. No tengo dudas cuando escribo. Soy un escritor rumiante, que le da vueltas a las cosas muchas veces, que las mastica. Pero desconozco el bloqueo, soy muy met�dico. Escribir determinado libro supone elegir un m�todo de trabajo. Con su horario y dem�s… Lo que tengo es una sensibilidad en las yemas de los dedos que me dice si lo que estoy haciendo merece la pena o no. Si tiene entidad literaria o no… No me siento inseguro, lo siento mucho.
- �Pero por qu� dice que lo siente?
- Porque quiz� quedo mal, �no?
- No, hombre.
- Es verdad que no lo s� todo y que cometo errores, pero que me tiemble la mano porque no s� a d�nde voy… eso no. Y he dicho muchas veces lo contrario. Yo no empiezo una novela sin saber el final, porque sabiendo el final se acab� la incertidumbre. Yo ya s� que cada palabra, cada coma que voy a escribir es necesaria o superflua.
- �Lo de las musas es una filfa?
- Creo que es una manera de nombrar el hecho de estar bien f�sicamente. Yo noto que hay d�as en que estoy �gil. Quiz� he dormido bien. Quiz� he desayunado como se debe, sin demasiada az�car. Y entonces noto una especie de lucidez con la que se me ocurren muchas cosas… �Llamar a estos musas o inspiraci�n? A m� me da igual.
- �C�mo es de mani�tico a la hora de trabajar?
- Yo soy muy mani�tico.
- Cuente.
- Tengo toda mi vida diaria ritualizada. Repito todos los actos todos los d�as a la misma hora…
- Como Rafa Nadal cuando iba a sacar…
- S�, s�. Aqu� cada uno tiene que encontrar su manera de ser productivo.
- Dele, cuente.
- Yo siempre repito horario. A las ocho de la ma�ana ya estoy a pie del ca��n. Hasta las once y cuarto en que saco a mi perra. A las tres de la tarde, despu�s del telediario y de la siesta, reanudo el trabajo hasta las seis de la tarde. Y a las seis de la tarde el cerebro se me desinfla como un globo. Fsssssh… Suena incluso el aire que sale. Y ya no me da m�s.
- �Escucha m�sica mientras escribe?
- �No, por Dios!
- Bueno, podr�a escucharla. Hay gente que lo hace.
- No, no, no.
- �Alg�n tipo de letra?
- S�. El New Times Roman. Cuerpo 16. Porque la vista ya no me permite un tama�o menor.
- Cuando termina un cap�tulo, �lo consulta con alguien?
- S�, yo tengo lectores externos que me dan su opini�n. Pero lo que yo necesito de estos confidentes literarios no son elogios, sino que me se�alen cualquier cosa que no est� bien, una coma mal puesta, una palabra repetida, un episodio poco convincente, un personaje mal introducido… Yo estoy solo con mis man�as, pero no estoy solo con mi trabajo.
- �Su mujer lee sus libros antes de ser entregados a la editorial?
- Mi mujer es compa�era literaria. Ella pone a mi disposici�n su sensibilidad femenina o maternal o la que sea, para juzgar determinados episodios, personajes. Yo le hago caso porque en esto es muy sabia. A veces, uno entra en terrenos vitales que no conoce bien y eso es algo que hacemos los novelistas continuamente. Por eso le consulto, incluso antes de ponerme a escribir. �Te parece razonable que una mujer haga o diga esto? En ocasiones me dice que no.
- �Alguna vez alguien le ha recriminado algo en su tierra por el contenido de sus libros?
- Continuamente. Yo tengo aqu� multitudes de antagonistas. Algunos son muy pertinaces y me prestan much�sima atenci�n, demasiada, creo yo. Y yo los invitar�a a comer a casa, pero es que son demasiados. Algunos tienen mala fe, pero hay otros que son como ingenuotes, que creen que pueden parar un �xito haciendo cr�ticas negativas. Y se equivocan. Porque contribuyen a la difusi�n de mis libros. Por otro lado, como mis libros no transcurren en un pa�s de las maravillas, pues claro, ofrecen la posibilidad de una lectura pol�tica, y cuando uno se mete en ese estanque es imposible no toparse con los caimanes.
- �Y al rev�s? �Algo que le haya conmovido en el sentido contrario?
- S�, claro. No voy a hacer grandes revelaciones, pero me he comprometido a que las v�ctimas del terrorismo tengan en mi literatura una casa. He tenido contactos con v�ctimas que me han resultado muy emocionantes. Y momentos realmente fuertes desde el punto de vista humano. Me quedo con eso m�s que con la rese�a llena de reproches.
- Otra frase de su novela: “Cumplido el tr�mite de la condolencia, surge la verdad helada del hombre que extiende un mantel de eufemismos sobre la realidad de un inocente con dos tiros en la cabeza”. Se refiere a un sacerdote: monse�or Seti�n.
- Son reflexiones de la protagonista, Maite. No suelo usar mis personajes para decir lo que pienso. Antes s� lo hac�a. Pero ya agot� ese recurso…
- �Es creyente?
- No.
- Se lo dec�a porque esa frase dicha por un pastor de la propia iglesia tiene que doler m�s…
- No soy creyente, pero tampoco soy anticreyente. No creo que sea una decisi�n que yo haya tomado. La idea de Dios se me fue en la adolescencia y no ha vuelto. Mi madre y mi hermana s� eran creyentes. Mi padre y yo no. En ese sentido, me he criado en un ambiente muy tolerante. Jam�s hubo reproches. Ah� est�n la muerte y la conciencia de la muerte de cada cual, el miedo, las incertidumbres que produce, las soluciones a eso, el consuelo… Porque las religiones pueden ser un consuelo efectivo frente a eso.
- Usted ha sido docente mucho tiempo. �Es el maestro la �ltima trinchera contra la barbarie?
- No lo creo… Pobrecitos los maestros… Qu� m�s quisi�ramos que los maestros pudieran solucionar problemas tan masivos… Mira, soy pesimista con esto. Primero porque caen demasiadas responsabilidades sobre los maestros, pero se les ha privado de autoridad. Es muy complicado ayudar a grupos, a veces, demasiado numerosos de alumnos a los que se les ha convencido, a menudo desde casa, de que tienen derechos, de que pueden cuestionar las �rdenes que se les dan. Alumnos que vienen a clase maldormidos y peor desayunados… Yo eso lo he vivido muy de cerca y llega un momento en que el desgaste f�sico y psicol�gico del maestro es brutal… Fui docente durante 24 a�os y he visto a compa�eros que empiezan con mucha ilusi�n y poco a poco se van desanimando por la carga burocr�tica que les cae encima, las reuniones, las correcciones, el desinter�s no solo de los ni�os, sino de los padres, las clases masivas, la falta de dotaci�n… Soy un postulador total de la educaci�n, de hecho creo m�s en la educaci�n que en la pol�tica.
- �Cree que el mundo que viene ser� m�s mediocre por culpa de la inteligencia artificial?
- No me preocupa mucho por m�, s� por mi descendencia. Pero voy a decir lo siguiente: imaginemos que con inteligencia artificial se pudiera componer una sinfon�a magn�fica. �Entonces cu�l ser�a el problema?
- Ninguno.
- Es verdad que se cuestiona el papel del autor. Y que el ser humano vuelve a tener miedo de quedarse fuera. Como pas� cuando se popularizaron los ordenadores o incluso la m�quina de escribir o el bol�grafo en su d�a… Recuerdo un libro de los setenta que se titulaba Poemas escritos por una computadora, y a un compa�ero de letras indignado pensando que se quedaba en el paro art�stico. Yo creo que en medicina la IA ser� salvadora y en lo militar me da mucho miedo. Y despu�s, para el creador puede ser un instrumento �til, aunque s� que due�os de empresas de IA han usado textos m�os sin consultarme…
- P�rez Reverte critic� a la RAE por manejar un registro cada vez m�s vulgar adoptando el lenguaje de las redes sociales. �Est� de acuerdo?
- Ni estoy de acuerdo ni estoy a favor. Es que no me interesa nada. No es mi mundo. Tengo amigos en la RAE muy respetables, pero ese mundo no es para m�.
- Con el premio Planeta se ha criticado sa�udamente a Juan del Val lo mismo que con el premio Nadal se ha apaleado a David Ucl�s. �A qu� atribuye este deporte nacional?
- En el caso del Planeta lo tengo muy claro… Es el mill�n de euros. Aunque en estos jardines no est�n las flores que a m� me atraen.
- Vive en Alemania, coraz�n y motor de Europa en otro tiempo. �C�mo ve el llamado viejo continente desde all�?
- Pobres alemanes [se r�e]. Ya les gustar�a a ellos ser hoy el motor de Europa… En el contexto geopol�tico pienso que la Uni�n Europea tiene malas cartas. La UE es un espacio de civilizaci�n como no ha habido jam�s en el planeta. Europa est� d�bil, pero esa asociaci�n de pa�ses donde uno puede pasar de un lugar a otro sin control fronterizo, donde compartes la moneda… es fant�stica. Espero que los europeos no pierdan la fe en su proyecto de asociaci�n de pa�ses.
- Otra frase de su libro: “La sociedad duerme, �no te parece?”.
- La sociedad no existe. Es una percepci�n que tenemos porque vemos gente. Porque, si te acercas a la muchedumbre, empiezas a distinguir las caras, los nombres, los destinos personales. Y creo que es obligaci�n del novelista llevar a cabo ese proceso de individualizaci�n, no hablar del ser humano como muchedumbres donde todos pierden la cara. Eso es para los pol�ticos, cuya actividad apenas puede distinguir a unos individuos de otros.






