Internacional
La inversión en tiempos de arenques rojos
Si coges un arenque y lo metes en salmuera con cebolla roja y vinagre de vino durante varias semanas ocurren dos cosas: se pone rojo y desprende un olor fort�simo. En la antig�edad, esos arenques se usaban—adem�s de para comer—para entrenar perros de caza. Los cachorros desarrollaban su olfato buscando estos arenques enterrados en el bosque. Pero, al crecer, el entrenamiento se revert�a: un buen perro de caza tiene que ignorar el olor abrumador del arenque y concentrarse en olores m�s sutiles, pero m�s relevantes, como el de un ciervo o un jabal�.
Con el tiempo las finanzas se apoderaron del concepto del arenque rojo como representaci�n de aquellos eventos que, sin ser importantes, hacen ruido, distraen e impiden que te enfoques en lo importante, en tu ciervo.
Esto viene a cuento porque en periodos de volatilidad geopol�tica como los que estamos viviendo, el n�mero e intensidad de eventos ruidosos se multiplica. Imaginen el impacto en la mente de un inversor de meses de titulares sobre guerra comercial, descomposici�n de la OTAN, d�ficit de vivienda en Espa�a, negociaciones de paz fracasadas, tensi�n en Oriente Medio y un largo etc�tera.
Las tripas le piden a cualquier persona sensata protegerse ante la avalancha de peligros. Sin embargo, muchos de ellos son arenques rojos, riesgos de segunda, eventos cuyo impacto est� sobrevalorado. La consultora Eurasia, en su informe para 2026, se�ala cuatro de ellos. Primero, los aranceles no son un riesgo para la econom�a mundial. Segundo, aunque el comercio no est� creciendo, el miedo a que se paralice en un proceso de desglobalizaci�n generalizada es exagerado. Tercero, no estamos volviendo al mundo de bloques en el que Estados Unidos y Rusia extienden sus �reas de influencia. El mundo est� cambiando, pero no de vuelta a lo que una vez fue. Y cuarto, es un error evitar invertir en Estados Unidos como muchos proponen. Trump no ha convertido (al menos a�n) su pa�s en un territorio hostil para la inversi�n, mantengamos la calma.
Esto no significa que al mundo le falten riesgos. Esa misma consultora se�ala varios. El andamiaje institucional en el que occidente ha operado desde la Segunda Guerra Mundial se est� debilitando a marchas forzadas. Lo vemos en Estados Unidos, con un Gobierno y un sistema judicial en los que se han reducido los contrapesos, y con un intervencionismo estatal que alcanza niveles no vistos desde Roosevelt. A esto se a�ade el resurgir de la doctrina Monroe, que legitima intervenciones americanas en suelo extranjero por una amplia variedad de motivos. Europa es la gran perdedora: las acciones de Rusia son cada vez m�s osadas mientras en paralelo la OTAN languidece. En Francia o Alemania los l�deres tradicionales se desgastan ante movimientos populistas antieurope�stas a menudo financiados por Rusia. China sigue atrapada en un proceso deflacionario que le impide tirar del carro mundial. Y la IA, que est� aqu� para quedarse, podr�a, en el corto plazo, decepcionar a los inversores, que no se conforman con nada que huela a evoluci�n: exigen una revoluci�n acorde con las expectativas generadas.
Empresas y familias tienen por tanto un amplio cat�logo en el que elegir sus miedos. Estructurar tu vida personal, financiera o corporativa alrededor de los riesgos puede sonar razonable, pero tambi�n es caro, o es triste. Si el miedo te paraliza, el coste de oportunidad se dispara. Pierde la empresa que no invierte y se queda obsoleta -es lo que explica la carrera de inversi�n entre las tecnol�gicas- y pierde el inversor que evita la bolsa durante a�os renunciando a enormes ganancias. La alternativa es posicionarse para el desastre: se puede ganar dinero cuando el mundo se desmorona -compra sistem�tica de puts, o fondos apalancados invertidos, que suben cuando todo cae- pero es triste levantarse cada ma�ana deseando que ocurra algo lo suficientemente malo como para que puedas ganar dinero. Esa no es manera de vivir.
Pero m�s all� del debate entre riesgos “fet�n” y arenques rojos, el rasgo m�s particular de los �ltimos tres a�os ha sido la profunda desconexi�n entre titulares y rentabilidad. En 2025, por ejemplo, convivieron las muchas noticias catastrofistas mencionadas antes con una econom�a s�lida (niveles de paro cercanos a sus m�nimos hist�ricos en todo el mundo, crecimiento estable, inflaci�n que se estabiliza), y, sobre todo, bolsas que alcanzan sus r�cords hist�ricos en todo el mundo.
Para un cerebro normal no es sencillo asimilar que ambas cosas son posibles simult�neamente. Se genera una especie de disonancia cognitiva en la que seguir adelante, como inversor o empresa se convierte m�s en una cuesti�n de fe que de an�lisis. Invertir en tiempos turbulentos requiere el superpoder de ignorar el ruido, o la creencia firme de que dentro de diez a�os el mundo estar� mejor que hoy. Si uno disfruta de alguno de esos dos elementos, la bolsa es el instrumento para transformar creencia en rentabilidad.
*Francisco Quintana es director de Estrategia de Inversi�n de ING Espa�a.



