Internacional
"El Cesid estuvo en el 23-F, yo lo viví ": habla el único agente que declaró que el servicio secreto sí participó en el golpe
La letra “P.” del ‘Informe J�udenes’ sobre la participaci�n del Cesid en el 23-F, desclasificado el mi�rcoles pasado por Moncloa, se sienta frente a EL MUNDO un d�a despu�s en un despacho de Chamber�. Juan Rando Parra -de ah� la P.- tiene hoy 75 a�os, es un reputado abogado penalista y esperaba desde hac�a d�cadas este momento. El momento en que la Historia le diera la raz�n.
“P.” es, en ese informe, el �nico agente que sostiene en ese momento, semanas despu�s del golpe, que el Centro Superior de Informaci�n de la Defensa hab�a desempe�ado un rol fundamental en el golpe de Estado.
Rando, que luego hizo una larga carrera en el servicio secreto espa�ol con Emilio Alonso Manglano, lleva 45 a�os manteniendo que el Cesid “por supuesto que estuvo en la organizaci�n y desarrollo del golpe, y estuvo porque yo lo supe y me intentaron matar por trabajar en la desactivaci�n de su estructura“.
S�lo �l tuvo el valor de declararlo en la investigaci�n “ama�ada” del propio Cesid, “pero todo se tap�”. Tambi�n cuenta, y argumenta, sus dudas sobre el papel del Rey, que, dice, “estuvo recibiendo al jefe de la Agrupaci�n Operativa de Misiones Especiales [AOME] varias veces todas las semanas antes del golpe”.
Cortina, su jefe, fue juzgado y absuelto en el juicio. El �nico miembro de la AOME condenado fue Vicente G�mez Iglesias, y se determin� que los servicios de inteligencia no hab�an participado en el golpe. Un nuevo informe desvelado ahora da la raz�n a Rando. “Me alegro de que se vaya viendo que es mentira: mis compa�eros guiaron a Tejero hasta Las Cortes, porque me lo contaron“, cuenta. Y no se cree la teor�a del golpe blando monitorizado por el Cesid hasta su fracaso: “Eran ultras, jam�s sabremos que pudo pasar si Tejero no echa a patadas a Armada del Congreso”.
- �C�mo llega usted al Cesid?
- Yo ten�a 31 a�os y un curr�culo militar muy brillante. Era diplomado para el Mando de Unidades de Operaciones Especiales, buceador de Combate de la Armada, especialista en Activaci�n y Desactivaci�n de Explosivos… Pero despu�s de 10 a�os en unidades de operaciones especiales me ofrecieron un puesto bueno en la empresa privada y lo acept�. Un comandante, antiguo jefe m�o y a quien yo apreciaba, me llam� y me dijo que quer�a tomar un caf� conmigo. Quedamos en la Cafeter�a Riofr�o [en Madrid]. Yo estaba en la empresa privada, ganando cinco veces m�s que antes, pero me dijo: “Estamos a dos o tres atentados de ETA o del Frap todas las semanas, la patria te necesita: te recuerdo tu juramento a la bandera”. Y yo era, y soy, militar. Cuando fui a hablar con el empresario para el que trabajaba me dijo que ya hab�an hablado con �l. Sub� a una habitaci�n del [Hotel] Eurobuilding y ah� me tuvieron dos d�as haciendo test. Y acab� ingresando en el Cesid.
- �Qu� se encontr� all�?
- Gente muy aguerrida, muy echada ‘palante’, como se suele decir. Nuestra unidad, que era la de Operaciones Especiales del servicio, continuaba las investigaciones de los oficiales de Inteligencia cuando ve�an que no progresaban. Nuestro papel era dar continuidad a sus investigaciones. Hac�amos controles integrales, por ejemplo: control�bamos contactos, o entr�bamos en oficinas y viviendas para conseguir documentaci�n, y lo dej�bamos exactamente como estaba antes. El ‘pepe’, como lo llam�bamos, no se pod�a enterar de nada. Cuando interven�amos tel�fonos nunca jam�s se o�a nada. Me hace gracia eso que dice la gente: ‘Oigo un clic, hay alguien escuchando’. Cuando mejor funcionaba el tel�fono era cuando lo interven�amos.
- �Cu�l era el contexto del momento?
- Esto es central, mucha gente ahora no entiende lo que viv�amos entonces, y mucho m�s en la unidad de acci�n del servicio de inteligencia. Est�bamos desbordados por ETA, Grapo, Frap, pero tambi�n por el terrorismo de Oriente Medio (Al Fatah, FPLP…), los servicios rusos (KGB y GRU) de Alemania Oriental, albaneses, b�lgaros, Mossad… En ese tiempo los enfrentamientos violentos eran habituales, en la misma calle, con la posibilidad de que hubiera v�ctimas. Todo este tipo de gente tiraba de pistola o ametralladora a la primera de cambio. Muchas veces los objetivos detectaban los seguimientos, y sab�amos que pod�an ser violentos. Y en tal caso tom�bamos el relevo, la Secci�n Especial de Agentes [SEA], una unidad dentro de Operaciones Especiales, que estaba a mi cargo. Todos muy buenos, pero era gente a veces, c�mo decir, mentalmente un poco pasada: sin miedo a tirar para adelante. La SEA se cre� cuando yo llegu�. Les instru� en t�cnicas de combate, que era lo m�o.
- �Cu�ndo entra usted en el Cesid?
- Un a�o y algo antes del golpe, en 1980. Cuando la instrucci�n estaba completa y comenc� a trabajar con mis hombres, siguiendo siempre �rdenes de superiores, hubo un momento en que me comenzaron a destinar a cosas que en realidad no ten�an que ver con nuestro cometido. Separado de mi equipo, que me dicen mis superiores que est� a otras cosas. Yo pens�: “Bien, ning�n problema”.
- �Qu� estaba haciendo usted ese 23-F?
- Estaba en la base central de mando, en un chalet en Herrera Oria. Yo me sentaba en una mesa cerca de la de Miguel Sales [uno de los agentes vinculados al golpe en los documentos ahora desclasificados]. Y veo a Sales escuchando la radio, y pienso: ‘Qu� raro, qu� har� este escuchando la radio en horas de trabajo’. A m� mi jefe, me hab�a ordenado esa tarde venir a nuestra base, a lo que llam�bamos “Paris”, en espera de �rdenes. Y yo ve�a a Sales oyendo aquella radio y me parec�a, cuanto menos, curioso. ‘�Qu� oyes, Miguel?’. ‘Na, cosas m�as’. De pronto se quita los cascos y sube para arriba, a la planta de los mandos. Iba diciendo: ‘Han tomado el Congreso, han tomado el Congreso’. Baja con [Francisco] Garc�a-Almenta [jefe de Rando y subalterno de Jos� Luis Cortina], y, en fin, s� que es incre�ble, pero empiezan a sacar botellas de cava y bandejas de pasteles de la cocina. Y yo pensaba: ‘Qu� cojones est� pasando aqu�’. Se ve que yo no era muy listo, porque no me hab�a enterado de la pel�cula. Me qued� impresionado: se pusieron a celebrar el golpe de Estado. Me qued� paralizado en mi mesa. Lo �ltimo que yo iba a hacer, l�gicamente, era brindar por un golpe de Estado.
- �No hab�a visto usted que, como se dijo luego en el ‘Informe J�udenes’, hab�a una divisi�n ideol�gica en el Cesid, entre agentes de un bando y de otro?
- Mire, yo me sent�a un militar profesional, como algunos otros compa�eros que est�bamos all�, todos de reciente incorporaci�n y procedentes de unidades de Operaciones Especiales. Quiz�s suena inmodesto, pero est�bamos all� para resolver las tareas que se nos ordenaran lo mejor que supi�ramos, no como cruzados pol�ticos. Pero en aquel momento descubr� que, en efecto, all� hab�a muchos cruzados pol�ticos. Sinceramente, despu�s entend� que ellos s� hab�an calado que yo no era de los suyos, pero yo no a ellos.
- �Qu� sucede entonces?
- Al rato viene mi segundo, el cabo Rafael Monge, que en lugar de venir a darme novedades, como era lo correcto, sube directamente a ver a Garc�a-Almenta. Bajan y Almenta me dice: “Ll�valo por favor a la Escuela, que tiene que coger all� un coche”. Y Monge estaba temblando, no le llegaba la ropa al cuerpo. Era delgadito, muy poca cosa, pero si le dec�as que tirara para adelante, �l tiraba con lo que fuera, �sa era su virtud. Me dice Almenta que le lleve a la Escuela.
- Se suben al coche y…
- Cuando vamos de camino yo no pude contenerme. Viendo a Monge as�, temblando, sin ser due�o de s� mismo, le dije: “Rafael, pero qu� te pasa”. Y me dice: “Pues que hemos llevado a los guardias civiles, los autobuses en que iban, al Congreso. Los hemos dirigido nosotros, les hemos abierto el tr�fico para que los tres autobuses llegaran al mismo tiempo, y hemos o�do un gran tiroteo dentro, ha debido de haber una matanza, y nosotros no esper�bamos nada as�”. Contaba tambi�n que se hab�an dejado dos coches dentro del per�metro de seguridad del Congreso, y que le hab�a dicho Almenta que ten�a que recuperarlos y sacarlos de all�, para borrar cualquier huella de nuestra participaci�n en el golpe.
- Estaba asustado y se lo cuenta todo.
- Dec�a: “Almenta me dice que aunque hayan montado un anillo de seguridad tengo que sacar los coches de ah� como sea, y que el equipo entero se retire y no quede rastro de nada”. Me cuenta que hab�an cogido tres coches [con placas falsas] y equipos de radio de la Escuela… En aquella �poca, en las comunicaciones, us�bamos un lenguaje convenido muy complejo, para que nadie entendiera nada si nos interceptaban, pero hab�amos llegado a la conclusi�n de que los del G2 cubano hab�an descubierto parte del argot. Por ese motivo estos se hab�an llevado tres coches del grupo escuela, y radios que no hab�an intervenido en anteriores operaciones. El objetivo evidente era que nada de aquello trascendiera.
- �Le pregunt� qu� hab�an estado haciendo esos meses previos?
- Claro. Monge me admiti� que preparar aquello era lo que ellos hab�an estado haciendo en esos tres meses en que me hab�an tenido separado del equipo. Se hab�an estado entrenando exclusivamente para esa misi�n. Y yo no me hab�a enterado de que ellos s� se hab�an dado cuenta de que yo no era de confianza.
- �Le cuenta en detalle la misi�n?
- S�, y no era una cosa f�cil de hacer. El tema era coordinar que los tres autobuses [con los guardias civiles golpistas que iban a tomar el Parlamento] llegaran a la vez al Congreso, exactamente en el mismo momento: uno desde la carretera de Andaluc�a, otro desde el Parque M�vil de la Guardia Civil [en Pr�ncipe de Vergara, al norte de Madrid], y otro desde la carretera de La Coru�a. Era muy importante, cr�tico para la operaci�n, que los tres llegaran a la par, sincronizados en una �nica oleada. Si perd�an uno, ya eran s�lo dos tercios de la fuerza, y quiz�s no podr�an dominar la seguridad del Congreso como esperaban.
- Y aquel Madrid no era este, donde ya hay atascos de por s�, y tel�fonos m�viles con los que cristalizar algo as�.
- Claro. Aquel Madrid era un atasco continuo, y esa operaci�n no era nada f�cil, ya te lo digo yo. Debieron de ensayarla mucho, y abrieron camino muy bien para que coincidieran llegando al Congreso. Fue una operaci�n de relojer�a.
- Con los autobuses que hab�a comprado Tejero.
- Exacto. Y encima era un lunes a las seis de la tarde, una tarde lluviosa, dif�cil. O sea, atasco asegurado. Lo hicieron brillantemente.
- �Le cont� Monge cu�ntos agentes estuvieron involucrados? El nuevo informe desclasificado que admite la implicaci�n del Cesid habla de seis.
- Me lo cont�, claro: todos mis hombres de la Secci�n Especial de Agentes. Que eran seis o siete. Y le pregunt�: “Pero �y qui�n os ha ordenado esto?”. “Almenta, don Pancho”. Le llam�bamos Don Pancho. Demor� mucho el viaje hasta la Escuela, para sacarle todo lo posible, y le acab� dejando all�. �l estaba asustado y yo alucinado.
- �Vuelve usted a la base despu�s?
- S�. Esa tarde, mientras el Congreso est� como est�, Almenta me dice que me d� una vuelta por El Pardo, “a ver c�mo anda la cosa”… Lo que quer�an era quitarme de enmedio, que no estuviera all�. Volv� y le cont� que el regimiento de la Guardia Real estaba activado pero tranquilo. Me dijo luego que me fuera a la Direcci�n General de la Guardia Civil, a Guzm�n El Bueno. Me identifiqu� como militar y entr� sin problemas, era el caos total. Llegu� a entrar en el despacho del director general, que estaba lleno de generales… En fin, un carajal.
- �Qu� hizo usted con esa informaci�n?
- Al d�a siguiente fui a hablar con Diego Camacho, que era otro agente procedente de Operaciones Especiales, y con quien por cierto no me llevaba muy bien antes de todo esto, pero que yo sab�a era un profesional. Estaba seguro de que �l no se iba a meter en algo as�. Se lo cont�: “Estamos metidos hasta el cuello en esto”, le dije. Y �l: “�Qu� me dices?”. A �l le hab�an puesto de jefe de Personal, tambi�n se hab�an dado cuenta de que no era de su cuerda y le hab�an orillado a un puesto administrativo.
- Camacho fue otro de los agentes que estuvo preguntando qu� hab�a sucedido, seg�n cuentan los libros de Historia.
- �l aquella noche se fue al Congreso con otro compa�ero, tambi�n de Operaciones Especiales, y entraron dentro, identific�ndose como militares, para ver c�mo estaba todo, pero regladamente, siguiendo �rdenes. Camacho habl� con otro compa�ero que tampoco iba a estar en esas aventuras, y le cont� lo que yo le hab�a dicho. Este �ltimo, Charly Guerrero, ten�a un hermano que pertenec�a al staff de Javier Calder�n, secretario general y verdadero hombre fuerte de aquel Cesid. As� que Camacho le pide a Guerrero que, a trav�s de su hermano, le concierte una entrevista con Calder�n, para trasladarle lo que yo le hab�a contado. Creo que le ve a los dos d�as.
- Sin conocimiento de usted.
- La verdad es que no, no me lo cuenta. Calder�n recibe a Camacho, que le cuenta que su unidad est� implicada en el golpe, y el otro le dice que no, que es imposible, que no se lo puede creer… Que se aparte, que no se preocupe de cosas que escuche por ah�. Era muy evidente, por lo que me enter� luego, que Calder�n estaba en el ajo. Le dice que �l ya sabe que Camacho es un gran profesional, y que en la casa va a tener un futuro esplendoroso. Que tiene prevista para �l una carrera magn�fica. Como media hora despu�s de que ambos hablen, de lo que me entero luego cuando Camacho me lo admite, empiezo a recibir en mi casa una sucesi�n de llamadas de Cortina. Llamadas muy, muy insistentes.
- Y se huele la tostada.
- Claro. No cojo el tel�fono, lo coge mi mujer varias veces y le dice que no estoy. Yo sab�a que al contarle todo a Camacho abr�a la caja de los truenos, pero algo ten�a que hacer. El golpe hab�a ca�do, pero si el Cesid hab�a colaborado, y yo ten�a la certeza y la prueba de que eso hab�a sucedido, aquello no pod�a quedar as�.
- Cortina llamando.
- Sin parar, as� que lo cog�. Me dice que necesita verme urgentemente y me cita en el Parque de Berl�n [en el barrio de Prosperidad, en Madrid], que entonces era pura maleza, a las 1.30 horas de la madrugada. Le dije que de acuerdo, que ir�a. Pero yo sab�a que si iba no sal�a vivo de all�.
- Que le mataban.
- S�, desde luego. Y tampoco iba a llevar a mi binomio, un magnifico guardia sevillano, s�ptimo dan de karate, tambi�n llamado Rafael, que era realmente protector, porque era exponerle. Llamo a Camacho y le digo que Cortina me cita para verle, y que no voy a ir. Los dos sab�amos que Cortina era el que hab�a dado las �rdenes a Almenta, de eso no hab�a ni hay duda 45 a�os despu�s. Le pregunto a Camacho si se lo ha dicho a alguien, y �l me admite que se lo ha dicho Guerrero, y ambos a Calder�n. Le dije que yo iba a desaparecer, y que �l deb�a hacer lo mismo.
- Hasta ese punto era la cosa.
- Desde luego. Mi ex dorm�a en la cama con mi hija, que era muy peque�a entonces, a un lado, y un rev�lver peque�o al lado, y yo en otra habitaci�n, controlando. Viv�amos en M�stoles. Pasan varios d�as, de intranquilidad total, y un domingo me viene un vecino y me dice que ve cosas raras en la calle. Me asomo desde su terraza y veo varios coches, gente extra�a… Tuve la certeza de que era un t�pico despliegue para secuestrarme, seg�n supe despu�s.
- Pero, �por qu� no sub�an ellos?
- Habr�a sido un gran tiroteo porque yo no les iba a abrir la puerta ni dejarme coger. Estos eran de un grupo de ‘siniestros’, como los llam�bamos, a los del GOSSI, el grupo espec�fico de la Guardia Civil. Mi edificio era contiguo a otros dos. Cog� una pistola, sub� a la azotea y pas� a los dos edificios de al lado. Luego baj� al parking del s�tano, sal� por unas ventanas que daban a la parte de atr�s y me fui. Estuve varios d�as sin volver a casa.
- �Ad�nde fue?
- Estuve en casa de un compa�ero militar, que sab�a que pod�a acogerme. Ten�a varios que yo sab�a que me pod�an acoger. No pod�a volver al servicio, eran semanas de enorme desconcierto y pod�a pasar cualquier cosa. D�as despu�s me llam� Cortina de nuevo a casa, me dijo mi mujer. Quer�a verme y me dec�a que eligiera yo el lugar y la hora. Acced� a hablar con �l porque sab�a que algo ten�a que hacer. Le dije una cafeter�a, en un hotel frente al Bernab�u. A desayunar. Le dije: “Doy por hecho que vendr� solo”. Y solo vino.
- �C�mo fue la cosa?
- Me salud� muy cordialmente, y me dijo que volviera al servicio. Que ten�a un brillante futuro por delante, que iba a ganar mucho dinero y a desarrollar una brillante carrera. Le dije que por supuesto que s�, que yo era un hombre de Infanter�a, que era leal.
- Le vino a decir usted, sin dec�rselo, que estar�a calladito.
- Esa era la idea. �l sab�a que yo ten�a prueba de lo que hab�a pasado, que la hab�a recogido directamente de Monge. Pero yo tambi�n sab�a que aquello no iba a parar, porque soy militar y los militares nunca planeamos una �nica acci�n. Aquello iba a seguir. Hay plan A, y B, y C, y D… Para m�, dejar aquella estructura intacta dentro del servicio era un riesgo enorme. El defecto del primer golpe de Estado hab�a sido, y lo o�mos en esas fechas ad nauseam por parte de aquella gente, que Tejero no le hab�a volado la cabeza a Carrillo. Que si lo llega a hacer, ya no hay vuelta atr�s.
- Pero siga en los hechos que vivi�, no se desv�e.
- Llam� a Camacho y le cont� lo que Cortina me hab�a dicho. �ramos tres mindundis en el Cesid, que hab�a estado en el ajo de aquello. Quedamos en hablar con el jefe de Involuci�n del Cesid.
- �Involuci�n?
- S�, un departamento cuya funci�n era, supuestamente, controlar a los adeptos al r�gimen, al post franquismo. El problema era que todo acababa en Calder�n y Cortina, que ya sab�amos d�nde hab�an estado. Entonces dije: ‘Vamos a la prensa’. Pero sab�amos que la prensa espa�ola era controlable. As� que pensamos en salir fuera de Espa�a y usar la prensa de fuera, por ejemplo ‘Le Monde’. Ten�amos claro lo que estaba pasando en Argentina, en Chile, con Videla, Pinochet… Y sab�amos que los primos…
- Los yanquis.
- S�, que hab�an estado encima de aquello del 23-F [en lo ahora desclasificado se mencionan reuniones de Cortina con el embajador de EEUU en Espa�a, “Mr. Toduman”]. As� que no estaba f�cil. Cortina era s�lo una parte. Hab�a mucha gente involucrada, y en los dos o tres meses previos al golpe Cortina iba todas las semanas varias veces… �Ad�nde crees?
- No s�, d�gamelo usted.
- A Zarzuela.
- O sea, ve usted implicaci�n de Zarzuela.
- Yo me pregunto: �por qu� tarda tanto en difundirse el discurso del Rey esa noche? Se difunde cuando ya saben, por Armada, que el golpe ha fracasado. Porque Armada ha ido al Congreso, le ha expuesto a Tejero el Gobierno que se iba a implantar en esa Soluci�n De Gaulle que estaban montando, con Felipe Gonz�lez, Enrique M�gica y Jordi Sol� Tura, del Partido Comunista…
- Y Tejero le ha echado a patadas de all�.
- Eso es. Le ha dicho: “�Y para esto hemos montado todo este tinglado? �Para que gobierne el Partido Comunista? Yo a eso no he venido aqu�”. Y Armada: “Usted ha venido aqu� a cumplir �rdenes”. “No, no, mi general, yo a eso no he venido aqu�, y hala, a la puta calle. Venga fuera de aqu�”. Y lo saca de all� a empujones. El Rey ya sab�a a esas horas que el golpe hab�a fracasado.
- Ya eran poco m�s que unos guardias civiles que ten�an que salir del Congreso m�s pronto que tarde.
- Exacto. Porque ya no hay nadie que tenga autoridad para decirle a Tejero: “Pues vamos a proponer este Gobierno de concentraci�n o este otro”. Y por eso puede salir el Rey en TVE y decir que est� con la Constituci�n.
- Pero esto es una deducci�n suya, se�or Rando.
- No, no, eso es informaci�n que se va recogiendo luego, de diversos testimonios. Y yo acced� directamente a parte de ella: a nosotros nos cont� el ch�fer de Cortina, que era un guardia civil retirado, que en los meses previos al golpe le llevaba tres y cuatro veces por semana a La Zarzuela. Y nos cont� el afecto y la camarader�a que hab�a entre el Rey y Cortina.
- �C�mo declara usted en el ‘Informe J�udenes’?
- Hablo con Santiago Bastos, que era el jefe de Involuci�n, y le digo que estamos metidos hasta el cuello en el golpe. Ah� ya hab�an pasado varias semanas, todo empezaba a abrirse. Y unos d�as despu�s tengo un accidente de moto muy leve: la moto se me cae al comenzar a moverla. Resulta que me hab�an serrado los radios de la rueda delantera, seis o siete del mismo lado. Si me pasa a 120 km/h, un rato despu�s, no estoy aqu�.
- �Descarta usted la teor�a del golpe blando destinado a morir?
- Lo que propon�an era la soluci�n De Gaulle. A�os despu�s me encontr� a Tejero un d�a en Guzm�n El Bueno. Me present� y me reconoci�. Me dijo: “Los dos hemos hecho un trabajo, pero no s� cu�l fue el m�o”.
- Lo mismo que declar� en el juicio: “Alguien me tendr� que explicar qu� fue el 23-F”.
- S�. A ver, el golpe fue un aborto y nadie sabe qu� habr�a salido de ah�, pero habr�a salido un monstruo, eso es seguro.
- Pero usted se da cuenta de que sali� lo contrario, �no?
- S�, sali� un Gobierno socialista, y de pronto todo el mundo era constitucionalista, pero…
- Me refiero a que aquello lamin� el guerracivilismo de este pa�s, quiz�s hasta estos �ltimos a�os. �No es posible que aquello se monitorizara desde arriba para que fracasara y vacunara frente a amenazas peores?
- Para nada. En lo que yo ve�a, Cortina, que era un tipo con mucho poder, estaba desbordado por su ambici�n, Almenta era un venao… Y el golpe lo aborta al final el mismo que lo hab�a ejecutado, no lo olvidemos: nadie pod�a intuir que Tejero se iba a rebelar. No, nadie pod�a controlar aquello, jugar as� con fuego. Si matan a Carrillo all� mismo, se l�a gord�sima. Si llega a suceder, eso no hay dios que lo levante.




